El duende del “Cuchi” Leguizamón no se apaga

En el auditorio de la FET se presentó anoche el libro “La memoria del olvido”, de Roberto Espinosa. El legado de un artista revolucionario. Ricardo Kaliman y Espinosa recorrieron la obra y la vida del autor de Balderrama, entre otros títulos que ya parecen eternos.

18 Oct 2017

La presentación del libro de Roberto Espinosa en homenaje a Gustavo“Cuchi” Leguizamón -“La memoria del olvido”- tuvo todos los condimentos esperables, tratándose, como se trata, de ese salteño dueño de un humor mordaz y de una cultura exquisita que revolucionó la historia de la música de raíz folclórica y de cuyo nacimiento se cumplieron 100 años el pasado 29 de septiembre.

Periodista en LA GACETA (que editó el libro) y escritor (es autor, entre otras obras, del “Diccionario de la Cultura en el Tucumán del Siglo XX”, “El Borges del Jazz”, “Silbando cielos” -libro digital, en colaboración con Donato Grima- y “El caracol de los sueños”), sugiere Espinosa que “La memoria del olvido” es un modo de saldar una deuda consigo mismo y con el autor de “Balderrama”, con quien durante años cultivó un vínculo que trascendió el marco periodístico.

Por eso, como era de esperar, en el homenaje al “Cuchi” que se llevó a cabo anoche en el auditorio colmado de la FET hubo humor, anécdotas a granel que pintaron en cuerpo y alma al compositor que marcó un giro en la historia del folclore; un cierre con alma de guitarra (a cargo de Lucho Hoyos); y una audiencia totalmente alejada del protocolo que, más que público, dio testimonio de ser parte de una comunidad.

Antes de la presentación del libro, que estuvo a cargo del doctor en Letras Ricardo Kaliman, la noche había comenzado con un audiovisual (Detrás del “Cuchi”) que realizó el equipo periodístico de LA GACETA SALTA con testimonios de músicos, familiares y conocidos del “Cuchi”. Un homenaje sentido de las nuevas generaciones salteñas para con uno de los artistas que le aportaron un sello de identidad a la cultura norteña.


En su intervención, Kaliman definió al libro de Espinosa como “una estructura polifónica”, en la que confluyeron muchas voces (las de los numerosos entrevistados por el autor) para reconstuir a ese personaje que “además de la música también se inquietaba por la sociedad, la política, la vida cotidiana”.

En el auditorio de la FET, anoche, se abrió la compuerta de una época de oro de la música de raíz folclórica. En los recuerdos y conceptos que fueron hilvanando a dúo Kaliman y Espinosa irrumpieron los duendes del dúo Salteño y los de Manuel J. Castilla, los testimonios de la “Negra” Chagra, de Melania Pérez, de Juan Falú, de César Isella, de Manolo Juárez, de Eduardo Alonso Crespo, de Diego Madoery y de Violeta de Gainza, entre otros cuyos aportes permitieron reconstruir la historia y el talento del autor de Balderrama.

Kaliman destacó “el giro importante que significaron sus propuestas de nuevos lenguajes, tanto en la composición como en los impresionantes arreglos del Dúo Salteño, hasta sus audaces incursiones en un dodecafonismo sui generis, en “Preludio y jadeo”.

Por su parte, Espinosa recordó que la génesis de “La memoria del olvido” fue, acaso, una obra trunca. Contó que alguna vez él y el autor de “Zamba del pañuelo” habían decidido publicar un libro con todas las entrevistas que le había hecho durante casi dos décadas. No pudo ser, porque el “Cuchi”comenzó a perder la memoria. Así recordó Espinosa ese día de 1992 en que él llegó a Salta. “El “Cuchi” estaba muy ansioso, y me iba a tocar una vidala que le había dedicado al “Che”. Ahí percibí que se estaba olvidando de tocar el piano, que estaba empezando a perder la memoria; a olvidarse no solo de su música. Estaba comenzando a convertirse en un hombre ausente”. Y así surgió la idea del libro, como una manera de contribuir para ganarle al olvido. Primero llegó con un espectáculo con el músico Diego Ferronato, en La Plata. Y luego, contó, surgió la posibilidad del libro, editado por LA GACETA.

Al promediar la noche, la voz de Lucho Hoyos cerró el homenaje con “Lloraré” y con la zamba “Para el Cuchi”, de Espinosa y el “Chivo” Valladares. Y después de esa hora suspendida en el tiempo, la gente salió tarareando “La zamba del pañuelo”, o “La pomeña”; o “La zamba de Lozano”; o “La zamba del laurel”... Señas de eternidad

La memoria del olvido (El “Cuchi” Leguizamón) fue escrita por Roberto Espinosa y editada por LA GACETA. El diseño estuvo a cargo de Fernando Pratesi (diseñador de nuestro diario) y Héctor Palacios hizo la caricatura de tapa.

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