Un nuevo capítulo se abre en la Iglesia tucumana

14 Oct 2017

Los astros parecieran haberse alineado para saludar la asunción del nuevo arzobispo de Tucumán en el marco de una fiesta popular sin precedentes. Este acontecimiento marca un antes y después en la historia provincial. El hecho de que haya sido ungido un tucumano, el primero en presidir la jurisdicción, desde que esta fue elevada a arquidiócesis, el 11 de febrero de 1957, es inédito, así como que la ceremonia se haya efectuado en un estadio de fútbol.

Hasta ahora los arzobispos provenían de otras geografías. Lo antecedieron en el cargo: Alfredo Zecca (2011-2017), Luis Villalba (1999-2011), Arsenio Casado (1994-1999), Horacio Bozzoli (1983-1993), Blas Victorio Conrero (1968-1982) y Juan Carlos Aramburu (1953-1967).

Carlos Sánchez, el nuevo prelado, responde al perfil deseado por el papa Francisco. “Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara... El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco -no digo ‘nada’ porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción- se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor”, dijo el pontífice en su primera Misa Crismal de Jueves Santo.

El padre Carlos Sánchez, nacido en 1963, ha realizado una importante labor en el campo social. Siguió adelante con las acciones del padre Melitón Chávez, designado en diciembre de 2015 obispo de Añatuya, en la Costanera, uno de los sectores más castigados por la droga en Tucumán. Fundó el Hogar de Cristo, ubicado en Congreso al 1.000, que acoge a personas en situación de calle que encuentran allí un lugar donde bañarse y dormir. Trabajó además en la Fazenda de la Esperanza, grupo que se ocupa de la recuperación de adictos y dirige la Casa de la Misericordia, destinada a familiares de pacientes de hospitales que no tienen dónde quedarse a dormir. Desde 2011 se ha desempeñado como párroco de la iglesia de La Merced.

“Le dije sí al Señor hace 29 años, cuando me consagré sacerdote para esta iglesia de Tucumán y, ahora, cuando el Señor me pide que siga sirviendo como obispo en esta Iglesia. Para mí es una dicha muy grande porque es la Iglesia que me ha visto crecer, a mí y a mi vocación. Y lo lindo es que los tucumanos me conocen como soy: mis límites, mis miserias, mis pecados. Sé que me van a saber perdonar y que vamos a trabajar juntos... Necesitamos sanear muchos los vínculos. Reencontrarnos. Reconciliarnos. Nuestra Iglesia es muy valiosa y necesitamos trabajar en comunión, todos juntos: laicos, consagrados, sacerdotes”, afirmó en una reciente entrevista que le brindó a nuestro diario.

El nuevo arzobispo no tendrá una tarea fácil por delante. Deberá fortalecer una Iglesia que viene sufriendo desde hace tiempo deserciones de fieles. Todo indica que en su magisterio, profundizará su labor social, particularmente con los adictos. Conoce los terrenos más ásperos. Ningún tiempo fue tranquilo, menos este, donde el individualismo, el consumismo, la superficialidad, la corrupción, la demagogia, la falta de diálogo, el autismo de una parte de la clase dirigente, vienen minando sistemáticamente los valores esenciales y el tejido social. Sin embargo, monseñor Carlos Sánchez cuenta con algo fundamental, el afecto de los feligreses, no solo por su entrega, sino también por su sencillez, su capacidad para llegar al otro con su mensaje, su calidad humana y su alegría de vivir, virtudes esenciales en un pastor. Un nuevo capítulo se abre en la Iglesia tucumana.

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