La fuga de un preso de una repartición policial

06 Oct 2017

Alterar y trastrocar la forma de algo. Echar a perder, depravar, dañar o pudrir algo. Sobornar a alguien con dádivas o de otra manera. Pervertir a alguien. Son algunas definiciones de corromper, un verbo que desde hace mucho viene haciendo camino al andar, al decir de Antonio Machado, y ha comenzado a tener protagonismo en nuestra sociedad. Se suele afirmar que la corrupción es una enfermedad, también una epidemia. Y aunque ningún sector de la sociedad está exento de ella, es mucho más grave cuando esta se instala en los organismos que deben justamente combatirla sin tregua. La Justicia y la Policía están desde siempre en la mira de los ciudadanos. “El fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan”, decía el poeta Pablo Neruda.

El fin de semana, un hombre acusado de varios delitos que se encontraba detenido en la Dirección de Investigaciones, Junín al 800, se fugó, al parecer, con ayuda de sus carceleros, uno de los cuales habría estado durmiendo; los dos restantes están implicados en la fuga que se efectuó a través de un patrullero de la fuerza. El GPS del móvil de esa repartición detectó que ese realizó un tour céntrico de unas dos horas antes de que el recluso desapareciera. Se dirigió hasta San Lorenzo al 600, donde reside una ex pareja del acusado; luego fue hasta 25 de Mayo al 600, donde mora la actual compañera. El vehículo, que pasó por frente a la Casa de Gobierno donde registrado por las cámaras de seguridad, regresó a San Lorenzo al 600 y finalmente volvió a la Dirección de Investigaciones de la Policía.

El secretario provincial de Seguridad dijo que se iba va a investigar a fondo porque “pretendemos contar con una Policía comprometida, profesional y honesta; se sancionará al personal que haya estado involucrado en casos de este tipo”. El ministro de Gobierno afirmó que estará atento a lo que a lo que determine la Justicia. “Si incurrieron en alguna falta, serán sancionados y puestos a disposición de la fiscalía”, manifestó.

El 1° de junio, un periodista de LA GACETA TV entrevistó a un delincuente que a pesar de tener 36 causas abiertas, nunca recibió una condena. “Pago y me dejan ir, cuando la tenía a la plata. Y si no, tenía que esperar... y después al tiempo ya sabía lo que tenía que hacer: pagar. (...) La Policía se prende también”, declaró e involucró en la corrupción a la ex Brigada de Investigaciones.

Sus declaraciones no parecieron inquietar demasiado a las autoridades policiales, judiciales y del Poder Ejecutivo. Alguien que tiene 36 causas abiertas y ninguna condena debería haberles llamado la atención e iniciar una investigación. Esta fuga del preso, muy conocido por la Policía a causa de sus antecedentes, confirmaría las palabras del delincuente sobre la corrupción.

Llamativos son los tibios pronunciamientos del secretario y del ministro del área, quienes, por lo menos, deberían haber separado inmediatamente de sus funciones al personal involucrado en el penoso hecho, mucho más si el escape se produjo en un patrullero de la Policía, hasta que concluya la investigación. La corrupción en el poder mina la confianza de la ciudadanía y debilita la democracia. Si no se actúa con energía se deja lugar a las suspicacias de todo tipo. “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”, sostiene la cantautora Joan Báez.

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