Se prevé un menor costo de emisión de moneda

10 Sep 2017
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La provisión de dinero en efectivo constituye una tarea que involucra costos específicos para el conjunto de la sociedad. A los costos asociados al transporte y almacenamiento de los billetes y monedas se les suman los costos de diseño, así como también los relacionados a la compra de los insumos necesarios (tinta, papel, entre otros) y los invertidos en su efectiva fabricación. De ahí la relevancia de trabajar en el diseño y la impresión de la familia de billetes y monedas circulantes, de forma tal de optimizar la cantidad de recursos que la sociedad debe destinar a su producción y manejo, indican Federico D. Forte y Gastón L. Repetto, expertos del Banco Central. Por supuesto que, en términos de ahorro para todos los ciudadanos, es deseable el avance de la utilización de medios de pago electrónicos, dada su mayor seguridad, eficiencia y agilidad. Pero, en la transición hacia una población más bancarizada, se torna indispensable procurar una gestión razonable del dinero en efectivo circulante.

Hacia 2015, se hizo cada vez más evidente lo costoso que resultaba para la población argentina el mantener en $ 100 la denominación máxima de sus billetes, la cual fue introducida en 1992, mientras que la inflación acumulada en ese período resultó ser de aproximadamente 1.500%, señalan los especialistas en un artículo publicado en el blog del BCRA Ideas de Peso.

Estos costos no sólo eran visibles en términos de incomodidad para los usuarios y de falta de espacio de almacenamiento para las entidades financieras; sino que una de sus aristas, quizás menos perceptibles para el público en general, era el simple hecho que producir billetes de mayor denominación permite abastecer una misma demanda de efectivo a un menor costo de emisión.

“El ejemplo más simple que podría citarse para graficar esta idea es que abastecer de efectivo a la sociedad con billetes de mil pesos requiere 10 veces menos billetes que si se lo hace con billetes de 100”, puntualizan los economistas.

Este ejemplo en términos de cantidades necesarias de billetes puede ser la base para estimar cuánto dinero se ahorró el Banco Central de la República Argentina (BCRA) en 2017 en costos de fabricación gracias al cambio en la denominación de la familia de billetes, con el lanzamiento de los billetes de $ 200, $ 500 y, próximamente, el de $ 1.000, en lugar de mantener al de $ 100 como denominación máxima.

Según proyecciones de técnicos del BCRA que consideran el tránsito hacia una paleta de efectivo más armónica, durante 2017 será preciso imprimir billetes de alta denominación para abastecer el aumento en la demanda de efectivo, la reposición de circulante deteriorado y contar con una reserva apropiada de resguardo, por el equivalente de 237.500 millones de pesos. Esta cantidad de efectivo planea ser abastecida por el BCRA mediante la impresión de 300 millones de billetes de $ 200, 145 millones de $ 500, y 105 millones de $ 1.000, totalizando entonces 550 millones de billetes. Si ese monto fuera suplido sólo mediante billetes de $100, se requerirían, obviamente, 2.375 millones de billetes.

El costo unitario de cada billete de $200 y de $500 es de aproximadamente $ 1,65, cada billete de $ 1.000 cuesta cerca de $ 1,90, mientras que el costo de los de $ 100 es de $ 1,47 por unidad. Por lo tanto, la fabricación de numerario para abastecer la demanda de circulante de alta denominación le insumirá al BCRA un gasto de impresión de $ 933 millones en 2017, gracias a la introducción de la nueva familia de billetes. Si lo hubiese hecho sólo con los viejos billetes de $ 100, el costo total incurrido hubiese sido de $ 3.491 millones. Por lo tanto, las nuevas denominaciones le permitirán ahorrar al BCRA $ 2.558 millones este año.

Cabe destacar que éste es sólo el ahorro por producción directa. Una cuenta más global debería incluir también la reducción en los costos de logística y manejo en general de menores montos físicos de papel moneda. Pero el cálculo es ilustrativo de los recursos que la sociedad argentina puede ahorrar por el simple hecho de analizar la denominación más conveniente de su dinero en efectivo, y lograr así un mejor desenvolvimiento de su economía.

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