Recrear una magia sin imposiciones

20 Ago 2017
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LA FAMILIA ES LA RESPONSABLE. Hay que lograr que el niño busque libros para encontrar espacios de expansión.

Por Mónica Cazón - Para LA GACETA - Tucumán

Estudios de especialistas, educadores, fundaciones y asociaciones internacionales dedicadas a la lectura, nos muestran el marcado interés que existe por encontrar un método eficiente que conduzca a los chicos a formar una comunidad lectora. Se suman, bibliotecarios y padres.

Sin embargo, la problemática es compleja. Encontrar la estrategia para convertir a los niños en lectores (a partir del nacimiento) es ambicioso, porque ante un mismo estímulo los chicos reaccionan de manera dispar. No es lo mismo leer que saber leer. Aplicar las estrategias metodológicas conocidas y recrearlas, es una opción. Se pueden citar algunas como leer diarios, revistas, libros y trabajar con temas de interés del niño, colorear, crear historietas, realizar dramatizaciones sobre los textos leídos, inventar letras de canciones, frecuentar ferias de libros, ciclos literarios, asistir a obras de teatro y títeres sobre textos en estudio o recreativos.

Existen dos prácticas de fomento lector que los entusiasman, las rutas literarias y la lectura aumentada, aconsejadas por las destacadas especialistas Gemma Lluch y Maite Monar Vliet de la Universidad de Valencia. Queda claro que no es lo mismo trabajar la lectura junto a familias y escuelas que cuentan con los recursos necesarios, que en otras de situación vulnerable y marginal. El fomento de la lectura está más allá de la alfabetización y tanto padres como docentes, talleristas y mediadores debemos prepararnos, estudiar y comprometernos en el proceso.

La familia es la principal responsable en esta causa, porque a partir de la oralidad comenzamos a formar lectores, lograr que el niño busque un libro no sólo por obligación, sino porque encuentra un espacio de expansión, es lo que aspiramos. También acompañarlos en la elección de las lecturas y permitirles leer en el formato que desean, es un paso hacia adelante. Pero, siempre hay peros, a pesar de lo enumerado se ha comprobado que los resultados en estas cuestiones son insuficientes, entonces, tratemos de plantearnos qué es lo que no debemos hacer para alejarlos de la lectura.

Con el riesgo enorme de simplificar, me parece necesario insistir en la importancia de la no obligación y lo lúdico. Contó Vargas Llosa en 2010 al recibir el Nobel: aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba. Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi 70 años después, recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio.

Para reflexionar.

© LA GACETA

Mónica Cazón - Escritora

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