Asaltaron por error un depósito de Desarrollo Social

31 Marzo 2017
Dos hombres de unos 40 años irrumpieron en un depósito del Ministerio de Desarrollo Social, maniataron a seis empleados y los amenazaron con armas de fuego. Sin embargo, sólo pudieron llevarse como botín algunos celulares, el poco dinero que tenían las víctimas y algunas bandejas de alimento que debían ser repartidas como ayuda estatal. Se sospecha que se confundieron de lugar y que en realidad querían dar un golpe en el depósito vecino.

El atraco ocurrió el miércoles a las 15 en Güemes al 600, frente al pasaje Boedo. Si bien los empleados que fueron víctimas del robo dijeron que no podían dar detalles porque no estaban autorizados a hacerlo.

Los asaltantes llegaron a cara descubierta hasta el portón y allí se pusieron los cascos. Iban acompañados por una mujer que los esperó afuera. Redujeron al guardia y amenazaron a todos los presentes con armas de fuego. Luego, los ataron con alambres en las muñecas.

“Es un lugar que no tiene la seguridad necesaria. Si tuvieran un policía, eso nos daría más tranquilidad también a los vecinos. Es una lugar de arrebatos y asaltos. Además, se ve que esta es una zona apetecible para los ladrones”, apuntó una vecina que vive cerca de allí, Amalia Cortés.

Tanto en el Ministerio como en la Policía sospechan que los ladrones se confundieron de lugar. Se cree que alguien les podría haber susurrado que ingresaran a robar en esa zona y que sólo les habrían dado como referencia el portón. Sin embargo, al llegar, estos se habrían encontrado con dos lugares con entradas similares.

Esta presunta confusión de los invasores pudo notarse en el relato que las víctimas hicieron en la Policía. Se indicó que habían comenzado a exigir el dinero, pero que se les explicó que allí no existían cajas fuertes o registradoras, que lo único que había era mercadería.

Los asaltantes no se dieron por vencidos y comenzaron a recorrer los pasillos entre las enormes filas de alimentos que se guardan en el lugar pero no encontraron dinero. Enfurecidos, corrieron hasta el encargado y lo golpearon, pese a que este estaba desarmado y sin poder mover las manos. Sin embargo, no estaban dispuestos a irse con las manos vacías. En un último intento por llevarse algo, vaciaron los bolsillos de los empleados y les quitaron los celulares y las billeteras. Luego huyeron, sin desatarlos.

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