TODOS CON EL “POCHO”. Lavezzi (22), autor del 2-0 parcial de la Selección, recibe el saludo de la mayoría de sus compañeros que estuvieron en cancha con él ayer, en el estadio Century Link, de Seattle. telam
15 Junio 2016 Seguir en 

Imaginar una catástrofe ante Bolivia no podía ser más que una pesadilla en una noche sin luz y de tormenta eléctrica en medio de un océano picado y sin salvavidas de amigo. Era casi imposible creer que la Selección podía perder por cuatro goles de diferencia contra el peor equipo del grupo D y quedar como escolta de Chile.
Repleta de cambios y siendo un banco de pruebas, caso la inclusión de Víctor Cuesta como central zurdo y de Ramiro Funes Mori como lateral por ese carril, Argentina necesitó apenas de un cuarto de hora del primer tiempo para hundir al Titanic del sueño imposible de los del altiplano.
En ese lapso, primero Erik Lamela y después Ezequiel Lavezzi habían hecho justicia y marcado la diferencia. Irremontable, por cierto, porque después, para no ser menos, el propio Cuesta aprovechó un remate del “Pocho” para estirar al 3-0 antes del descanso.
Lo único que pedía la gente que fue hasta Seattle era ver un ratito a Lionel Messi, porque por lo demás ya estaba satisfecha. Vio a un muleto de la Selección, sí, pero que funcionó bien en todas sus líneas, que dominó a Bolivia cual felino en cautiverio. Lo alimentó de goles, de gambetas, de cambios de frente. Le mostró a Bolivia lo que es comer a base de un fútbol criterioso y predispuesto.
Poco pudo hacer el rival ante tanta pirotecnia ofensiva. La Selección fue una aplanadora, con y sin el balón, por eso logró lo que ningún otro seleccionado pudo en esta fase de grupos de la Copa América Centenario que se fue: terminar con puntaje ideal.
Es más, Argentina sumó nueve de nueve y lo hizo siempre con hombres diferentes en cancha. Hasta ahora nunca salió la misma formación. Ello habla de que Gerardo Martino tuvo el criterio y la suerte para probar sin sufrir, aunque con Panamá lo haya hecho hasta que ingresó Messi en el complemento de un match que terminó 5-0, con tres goles de La “Pulga”.
Lo de anoche fue un concierto de aciertos. Argentina le rindió homenaje a un fútbol que intenta encontrar desesperadamente: el del orden defensivo, el de la perfección en el medio, y el de la maravilla ofensiva. Con Messi, claro, de amo del planeta. Ahora, a pensar en Venezuela, rival de cuartos de final.
Repleta de cambios y siendo un banco de pruebas, caso la inclusión de Víctor Cuesta como central zurdo y de Ramiro Funes Mori como lateral por ese carril, Argentina necesitó apenas de un cuarto de hora del primer tiempo para hundir al Titanic del sueño imposible de los del altiplano.
En ese lapso, primero Erik Lamela y después Ezequiel Lavezzi habían hecho justicia y marcado la diferencia. Irremontable, por cierto, porque después, para no ser menos, el propio Cuesta aprovechó un remate del “Pocho” para estirar al 3-0 antes del descanso.
Lo único que pedía la gente que fue hasta Seattle era ver un ratito a Lionel Messi, porque por lo demás ya estaba satisfecha. Vio a un muleto de la Selección, sí, pero que funcionó bien en todas sus líneas, que dominó a Bolivia cual felino en cautiverio. Lo alimentó de goles, de gambetas, de cambios de frente. Le mostró a Bolivia lo que es comer a base de un fútbol criterioso y predispuesto.
Poco pudo hacer el rival ante tanta pirotecnia ofensiva. La Selección fue una aplanadora, con y sin el balón, por eso logró lo que ningún otro seleccionado pudo en esta fase de grupos de la Copa América Centenario que se fue: terminar con puntaje ideal.
Es más, Argentina sumó nueve de nueve y lo hizo siempre con hombres diferentes en cancha. Hasta ahora nunca salió la misma formación. Ello habla de que Gerardo Martino tuvo el criterio y la suerte para probar sin sufrir, aunque con Panamá lo haya hecho hasta que ingresó Messi en el complemento de un match que terminó 5-0, con tres goles de La “Pulga”.
Lo de anoche fue un concierto de aciertos. Argentina le rindió homenaje a un fútbol que intenta encontrar desesperadamente: el del orden defensivo, el de la perfección en el medio, y el de la maravilla ofensiva. Con Messi, claro, de amo del planeta. Ahora, a pensar en Venezuela, rival de cuartos de final.
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