La editorial municipal, una positiva iniciativa

LA  GACETA
Por LA GACETA 02 Junio 2016
Es un gran compañero de ruta. Nos conduce al conocimiento, enriquece el espíritu y la sensibilidad. Es como un jardín que se lleva en el bolsillo, aseguran los árabes. Son amigos que nunca decepcionan, afirmaba el pensador Thomas Carlyle. “Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros”, decía el escritor Adolfo Bioy Casares. Tal vez por estas y muchas razones más, siempre es bienvenido el surgimiento de una editorial.

La Municipalidad de San Miguel de Tucumán acaba de lanzar su editorial “Ciudad histórica”, con la reedición de la obra “Monteagudo, el pasionario de la libertad”, de Estratón Jacobo Lizondo. La obra, publicada en 1943, integrará la serie de publicaciones “Pasado y presente”. La secretaria municipal de Políticas Educativas señaló que el próximo traslado de los restos del prócer tucumano, desde el Cementerio de La Recoleta (en Buenos Aires) al Cementerio del Oeste, en nuestra ciudad, hace propicia la reedición del libro. El intendente capitalino señaló que se editarán 200 ejemplares de la obra de Lizondo y se distribuirán gratuitamente en instituciones provinciales y nacionales.

La iniciativa impulsada por la Unidad Ejecutora del Bicentenario Municipal es, por cierto, positiva, ya que retoma una experiencia anterior. En la década de 1980, durante la administración municipal de Rubén Chebaia, la entonces directora de Cultura, Norah Castaldo, promovió la publicación de libros de autores tucumanos. Esta acción se hubiera tal vez prolongado en los gobiernos que siguieron, si hubiese existido una editorial.

Sería importante si “Ciudad histórica” no surgiera por un decreto del Departamento Ejecutivo, sino de una ordenanza, y contara con un presupuesto propio. De ese modo, tendría estabilidad y podría perdurar en el tiempo. Sería también importante que se diseñara un programa de publicaciones. Se podría retomar la idea de editar obras de escritores tucumanos, con trayectoria y noveles, o continuar con las publicaciones de la serie “Memoria de los barrios”, dedicada a rescatar la historia oral y documental de los barrios tucumanos, iniciada en 2005 por la Municipalidad. El poeta Néstor Soria y la artista plástica Ana Lía Madrigal tuvieron a su cargo la recopilación de datos, la investigación y las entrevistas. De ese modo, la historia de Villa Luján y de La Ciudadela vio la luz en sendos libros. La valiosa serie, un aporte a la memoria de los tucumanos, quedó trunca, como otros tantos proyectos relacionados con nuestra cultura.

En el marco del bicentenario, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán podría poner en marcha la ordenanza 4300, que data de 2010, por la cual se crea la “Distinción y reconocimiento a la trayectoria artística” con carácter de premio vitalicio. Desde su promulgación no fue reglamentada, lo cual refleja el desinterés por los artistas y los científicos, que son ellos -no la clase política- los que prestigian a Tucumán a nivel nacional e internacional.

A diferencia de otras provincias como Salta que hace tiempo, instituyeron para sus creadores un sistema de pensión vitalicia, como reconocimiento al aporte que hicieron y hacen a la tradición cultural, desde la década de 1990, cuando se presentaron los primeros proyectos, la clase gobernante de Tucumán no ha sido capaz de deponer su inconcebible mezquindad para con sus artistas. La actual gestión municipal tiene una gran oportunidad para saldar esa deuda pendiente.

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