Presiones en la cornisa

Por Angel Anaya

04 Marzo 2004
La solicitud de Lula al presidente Bush para que apoye a la Argentina en el Fondo Monetario, y el retiro del Comité Global de Tenedores de Bonos de las reuniones con el gobierno sobre la deuda, forman parte de las presiones de la cuenta regresiva que finaliza el martes. Para ese día, el gobierno deberá haber pagado al organismo US$ 3100 millones o entrar con el mismo en default, posibilidad esta que los más significativos analistas descartan, pero que el entorno presidencial condiciona a la certeza previa de que habrá aprobación de la segunda revisión del acuerdo. La gestión del presidente brasileño ha formado parte de un compromiso con Kirchner para tratar de unificar posiciones regionales en las negociaciones con los organismos multilaterales, pero todavía falta mucho para que esa unidad se concrete, en razón de que no todos enfrentan iguales o parecidas situaciones. Por ejemplo, Lula le pidió a Bush que el FMI sea más flexible cuando preste ayuda a nuestros países, pero el presidente Kirchner y el ministro Roberto Lavagna no se cansan de criticar la liberalidad que el organismo internacional mantuvo frente al creciente endeudamiento argentino.

Cinismo e inseguridad
La cúpula del Fondo analiza en estos momentos el informe elevado por sus auditores en Buenos Aires y, como ya se señaló, no hay nada en el mismo que permita suponer una reacción adversa a su aprobación. Pero también es cierto que nunca como ahora los socios más poderosos del organismo internacional relacionaron sin pudores las relaciones del mismo con los países miembros, para condicionarlas a puntos ajenos a los convenios suscriptos. La deuda con acreedores privados es uno de esos puntos, y los bonistas presionan políticamente sobre sus respectivos gobiernos del Grupo de los Siete para que se abstengan de apoyar a la Argentina, por más que haya cumplido con el acuerdo contingente. Nunca después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se creó el Fondo Monetario, hubo un comportamiento tan cínico de las grandes potencias económicas, si bien no debe ignorarse que la imagen de inseguridad argentina en orden a sus compromisos tampoco fue tan deprimente como en los últimos años.

Irregularidades
El empadronamiento de beneficiarios de los planes de subsidios sociales que dependen del poder central está causando sorpresas importantes por la cantidad excepcional de irregularidades y abusos que aparecen conforme el mismo avanza. Se trata de una iniciativa de la ministro Alicia Kirchner, que fue acogida con desconfianza pero que está demostrando eficiencia. Fuentes locales, como de la provincia de Buenos Aires y de otros distritos han denunciado ya alrededor de 250.000 casos irregulares y de corrupción, así como de subsidios a destinarios inexistentes, que afectan a grupos piqueteros duros al reducirse el "combustible" para sus movilizaciones. La segunda fase será la tarjeta plástica de cobro en cajeros, pero la misma presenta inconvenientes, como la saturación del servicio y la falta de práctica en el sistema. (De nuestra Sucursal)

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