03 Marzo 2004 Seguir en 
Los funcionarios del Gobierno no pueden estar más contentos. Consideran que el inicio del ciclo lectivo, el mismo día que en la mayoría de las provincias, fue un verdadero hito, como se jacta el ministro con más perfil político del Gobierno. José Alperovich, como buen administrador de profesión, quiere consolidar el éxito (no puede dilapidarlo, porque de él depende la viabilidad de otras ambiciones). Por ello, ordenó que los miembros del gabinete madruguen y que se reúnan todos los días, a las 8, en el Ministerio de Gobierno, para resolver los abundantes problemas que, más allá de la optimista lectura oficial, aún traumatizan a la educación tucumana.
En muchas escuelas de la capital no hay pupitres para todos los alumnos -como bien lo vaticinó el propio gobernador, cuando dijo que había que hacer como en la India y sentarse a tomar apuntes debajo de un árbol si fuera necesario- y en otras ni siquiera tienen papel para emitir certificados escolares. Sin embargo, en términos políticos, los alperovichistas tienen motivos para festejar. El primero -y más importante- es el de haber domado al desequilibrante ATEP, gremio que tuvo en jaque a los dos últimos gobiernos. Para ello se echó mano de lo que ya parece ser la marca registrada de esta administración: la teoría de los hechos consumados, la que tuvieron que aprender en una sola lección los factores relacionados con la Justicia, que se quedaron sin el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) mientras discutían cómo mejorarlo. En el caso de la educación, a los maestros, en diciembre, les quedó en claro que oponerse a la implementación del tercer nivel de la Enseñanza General Básica (EGB 3) literalmente les costaría: les descontaron los dos días de la huelga que, como primera manifestación de fuerza, concretaron un mes después de la asunción de Alperovich. Esta prueba de que el Ejecutivo estaba dispuesto a meterles la mano en el bolsillo terminó de convencerlos de que para enfrentarlo había que contar con algo más que con comunicados de prensa, sobre la supuesta impericia de la secretaria de Educación.
¿Y la reforma?
Este mes -y, con él, el desarrollo del ciclo lectivo- es clave para el PE. Alperovich saca cuentas -¿quién mejor que un contador para hacerlo?- y, por medio de la Secretaría General de la Gobernación, ya pidió a cada ministerio que prepararan un informe por área de los primeros cinco meses de gestión. El objetivo es redactar meticulosamente el discurso con el que, el 1 de abril, abrirá el período de sesiones ordinarias de la Legislatura. Nadie descarta que, tal como lo hizo Julio Miranda en una oportunidad similar, Alperovich anuncie su decisión de concentrar buena parte de sus energías en la reforma de la Constitución provincial, para -entre otras cosas- darse la posibilidad de una reelección. En el Poder Judicial ya están nerviosos porque temen que la puesta en comisión de los jueces sea más que una amenaza. Más que temer, y sobre todo por lo que sucedió con el CAM, deberían estar en guardia y leer a Henry Kissinger, que tanto se esmeró por predicar sobre las ventajas de la política preocupada más en los hechos que en las consideraciones éticas o ideológicas (¡si lo sabrán en Chile!).
Antes de jugarse por la reforma, el PE quiere contar con la bendición de Néstor Kirchner. El Presidente, para quien las cuestiones ideológicas no son menores, aún no se olvida de que los Bussi ganaron en las elecciones nacionales de octubre, cuando Alperovich estaba más preocupado por su asunción. En el NOA, el gobernador jujeño, Eduardo Fellner, sigue siendo el preferido de la Casa Rosada. Alperovich se desvive por conseguir una audiencia con Kirchner. Hombre de sonrisa generosa, el tucumano no tolera los fríos apretones de mano.
En muchas escuelas de la capital no hay pupitres para todos los alumnos -como bien lo vaticinó el propio gobernador, cuando dijo que había que hacer como en la India y sentarse a tomar apuntes debajo de un árbol si fuera necesario- y en otras ni siquiera tienen papel para emitir certificados escolares. Sin embargo, en términos políticos, los alperovichistas tienen motivos para festejar. El primero -y más importante- es el de haber domado al desequilibrante ATEP, gremio que tuvo en jaque a los dos últimos gobiernos. Para ello se echó mano de lo que ya parece ser la marca registrada de esta administración: la teoría de los hechos consumados, la que tuvieron que aprender en una sola lección los factores relacionados con la Justicia, que se quedaron sin el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) mientras discutían cómo mejorarlo. En el caso de la educación, a los maestros, en diciembre, les quedó en claro que oponerse a la implementación del tercer nivel de la Enseñanza General Básica (EGB 3) literalmente les costaría: les descontaron los dos días de la huelga que, como primera manifestación de fuerza, concretaron un mes después de la asunción de Alperovich. Esta prueba de que el Ejecutivo estaba dispuesto a meterles la mano en el bolsillo terminó de convencerlos de que para enfrentarlo había que contar con algo más que con comunicados de prensa, sobre la supuesta impericia de la secretaria de Educación.
¿Y la reforma?
Este mes -y, con él, el desarrollo del ciclo lectivo- es clave para el PE. Alperovich saca cuentas -¿quién mejor que un contador para hacerlo?- y, por medio de la Secretaría General de la Gobernación, ya pidió a cada ministerio que prepararan un informe por área de los primeros cinco meses de gestión. El objetivo es redactar meticulosamente el discurso con el que, el 1 de abril, abrirá el período de sesiones ordinarias de la Legislatura. Nadie descarta que, tal como lo hizo Julio Miranda en una oportunidad similar, Alperovich anuncie su decisión de concentrar buena parte de sus energías en la reforma de la Constitución provincial, para -entre otras cosas- darse la posibilidad de una reelección. En el Poder Judicial ya están nerviosos porque temen que la puesta en comisión de los jueces sea más que una amenaza. Más que temer, y sobre todo por lo que sucedió con el CAM, deberían estar en guardia y leer a Henry Kissinger, que tanto se esmeró por predicar sobre las ventajas de la política preocupada más en los hechos que en las consideraciones éticas o ideológicas (¡si lo sabrán en Chile!).
Antes de jugarse por la reforma, el PE quiere contar con la bendición de Néstor Kirchner. El Presidente, para quien las cuestiones ideológicas no son menores, aún no se olvida de que los Bussi ganaron en las elecciones nacionales de octubre, cuando Alperovich estaba más preocupado por su asunción. En el NOA, el gobernador jujeño, Eduardo Fellner, sigue siendo el preferido de la Casa Rosada. Alperovich se desvive por conseguir una audiencia con Kirchner. Hombre de sonrisa generosa, el tucumano no tolera los fríos apretones de mano.







