El alegato presidencial

El mensaje de Kirchner fue algo muy diferente de los habituales en esas ocasiones.

02 Marzo 2004
Con algo de atraso, por ser día laborable y comienzo del año lectivo, el aparato duhaldista del gran Buenos Aires cumplió con su compromiso y le tributó a Kirchner frente al Congreso el acto de bienvenida que le debía desde que asumió el poder. Una concentración disciplinada del viejo y poderoso peronismo tradicional, que escondió el pasado - fuertemente vilipendiado en el mensaje presidencial- agitando banderas y arriando sus siglas, de acuerdo con lo solicitado por el Presidente. Salvo el breve intento de un piquete -Cooperativa Tierra y Vivienda- rápidamente superado por la gran dotación de seguridad, esa movilización dejó sin espacio a los piqueteros, que desistieron de enfrentar la realidad que los está contrariando desde el frustrado cerco del Ministerio de Trabajo. El escenario mostró así un primer paso del peronismo para recuperar el espacio público. Por lo demás, el mensaje de Kirchner fue, como advirtió en su arranque, algo muy diferente de los habituales en esas ocasiones, pues tuvo un carácter esencialmente de alegato, donde no reparó en el duro castigo a los tiempos que le precedieron desde la restauración democrática. No obstante, ese perfil dialéctico no fue óbice para que la asamblea, con absoluta mayoría de correligionarios comprometidos con el pasado, dejara de interrumpirlo efusivamente en 23 oportunidades.

Urgencias y futuro
Si bien fue un discurso de tono severo y en el que la deuda constituyó el eje del pensamiento presidencial, estuvo más cerca de las preocupaciones del ala económica del gobierno, pues los reproches a los organismos internacionales no fueron más allá de la autocrítica que el propio titular del Fondo Monetario, Horst Köhler, realizó en el reciente fin de semana. A quienes se esmeran por tratar de ubicar la personalidad de Kirchner en la izquierda les habrá resultado difícil en esta ocasión, pues su discurso fue de un elevado tono pluralista y de consenso, así como de compromiso con el disenso en la práctica democrática. El capitalismo y el mercado tampoco fueron maltratados en su mensaje, sino que los asoció al modelo insinuado para el futuro, aludiendo a la participación del Estado, fundamentalmente, como eficaz vigilante para la inclusión de los sectores más débiles; es decir, lo que definió como un capitalismo para todos.
También tuvo Kirchner una alusión a la defensa de los derechos humanos más equidistante que lo que pudo haber significado su promesa de crear un museo de la memoria en las viejas instalaciones de la Esma. Fue cuando al referirse al drama del pasado aludió a las violaciones de los derechos humanos que "hemos sufrido y hemos causado", y a la necesidad de hacer de la República un país seguro y confiable. Por cierto que el mensaje ante la asamblea, acuciado por lo inmediato, no puntualizó, como es tradicional, proyectos concretos a mediano y largo plazo que definan concretamente un modelo distinto del reprobado. (De nuestra Sucursal)

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