02 Marzo 2004 Seguir en 
En varias ocasiones hemos criticado la forma en que se hace la distribución domiciliaria de las facturas de servicios. Es necesario volver sobre el tema, ya que no se advierten modificaciones en una costumbre que causa injusto perjuicio a los interesados. Nos referimos al hecho de que tales facturas -que no están ensobradas, sino sueltas- se arrojan de cualquier manera, en el escalón de la entrada o en el antepecho de una ventana, en lugar de tocar el timbre y entregarlas a alguna persona, o siquiera introducirlas por debajo de la puerta de acceso a la casa.
Así es como, en muchos casos, las facturas terminan arrastradas por el viento y luego pisoteadas como cualquier papel inservible, o se mojan con la lluvia, por ejemplo. En una palabra, el usuario queda sin enterarse de la existencia de esa cuenta, y se lo pone así en riesgo de un corte del servicio por falta de pago.
Nos parece que debiera adoptarse una manera menos descuidada de hacer llegar las facturas a los domicilios, de manera que estas sean efectivamente recibidas y no queden libradas, como ahora, a la eventualidad.
Así es como, en muchos casos, las facturas terminan arrastradas por el viento y luego pisoteadas como cualquier papel inservible, o se mojan con la lluvia, por ejemplo. En una palabra, el usuario queda sin enterarse de la existencia de esa cuenta, y se lo pone así en riesgo de un corte del servicio por falta de pago.
Nos parece que debiera adoptarse una manera menos descuidada de hacer llegar las facturas a los domicilios, de manera que estas sean efectivamente recibidas y no queden libradas, como ahora, a la eventualidad.







