01 Marzo 2004 Seguir en 
Si River Plate quisiera inscribir un equipo con seis jugadores en el campeonato de la AFA, no se lo permitirían. Si presentara uno reglamentario y al cabo de unos cuantos partidos el plantel quedara diezmado, tampoco podría seguir en competencia; sería inmediatamente descalificado.
Desde hace muchos años, la cultura es una extraña para los gobernantes de turno. En las plataformas políticas es, por lo general, una expresión de deseo que casi nunca llega a concretarse y es una mera declamación en la Constitución provincial actual.
Hace más de 30 años se crearon los cuerpos artísticos estables (Coro, Orquesta, Teatro y Ballet). Los elencos nacieron por la necesidad espiritual de una sociedad ávida de manifestaciones culturales. En los orígenes, se trajeron importantes maestros para capacitar a los artistas; se diseñaron con anticipación programaciones anuales para cada uno de los elencos de acuerdo con sus posibilidades y, de ese modo, en poco tiempo, estos organismos comenzaron a crecer en su nivel y a prestigiar a la provincia, como sucedió con el Ballet que pasó a ocupar el tercer lugar en importancia en el país.
Con el pasar de los lustros y la desaparición del Consejo Provincial de Difusión Cultural, durante la primera gestión de Bussi, los cuerpos ingresaron en un paulatino ocaso que se hizo más pronunciado en la década del 90. Sólo durante la breve gestión de Montiel Forzano, los organismos recuperaron su esplendor.
El Coro Estable tenía en su nacimiento 75 voces; de ellas, quedan actualmente 44. De los 78 músicos originales, la Orquesta cuenta con apenas 25; en el Teatro, eran 28 y quedan 18; en el Ballet, de los 70 iniciales, quedan 13. Para poder funcionar con cierta dignidad se apeló a contratados que trabajan sólo de marzo a diciembre. Los cargos que fueron quedando vacantes por jubilación o muerte de sus integrantes, se perdieron porque fueron desviados a otros sectores de la administración pública para cumplir con promesas electorales. La Orquesta carece de director titular. Por ejemplo, en una fila donde debería haber por lo menos 12 violines sólo hay cuatro y así sucesivamente. De manera que en esa situación el conjunto nunca podrá volver a tocar en Primera A.
La ausencia de concursos y de cursos de perfeccionamiento constantes, la falta de programaciones anticipadas y de políticas que se sostengan en el tiempo y trasciendan a los funcionarios de turno contribuyeron a la debacle de los cuerpos artísticos que se debaten entre la frustración y la agonía. En este deplorable panorama, habría que incluir a la Banda Sinfónica de la Provincia, próxima a celebrar 150 años. Cuenta con apenas 35 integrantes, cuando necesita por lo menos 60 y ensaya en condiciones infrahumanas.
Todo gobierno que aterriza en esta malograda provincia, lo primero que hace es designar y contratar asesores, parientes y amigos que, en la mayoría de los casos, no le aportan ningún beneficio a la ciudadanía, pero sí cobran jugosos sueldos. Se destinan al área de Cultura presupuestos operativos irrisorios y generalmente, se apela a ciudadanos con cierto prestigio en la comunidad para la conducción, cuyas buenas ideas naufragan habitualmente por el desconocimiento de los problemas legendarios en el área y por la indiferencia del Ejecutivo.
José Alperovich echó mano al Coro y a la Orquesta Estables para asumir al cargo. Tal vez se creyó que por primera vez y luego de mucho tiempo, un mandatario iba a ocuparse de la cultura. Sin embargo, desde entonces, ninguno de los integrantes de los cuerpos artísticos se hizo acreedor a un beso y a un abrazo. Los organismos estables forman parte del patrimonio espiritual de los tucumanos. Dejarlos morir sería imperdonable.
Desde hace muchos años, la cultura es una extraña para los gobernantes de turno. En las plataformas políticas es, por lo general, una expresión de deseo que casi nunca llega a concretarse y es una mera declamación en la Constitución provincial actual.
Hace más de 30 años se crearon los cuerpos artísticos estables (Coro, Orquesta, Teatro y Ballet). Los elencos nacieron por la necesidad espiritual de una sociedad ávida de manifestaciones culturales. En los orígenes, se trajeron importantes maestros para capacitar a los artistas; se diseñaron con anticipación programaciones anuales para cada uno de los elencos de acuerdo con sus posibilidades y, de ese modo, en poco tiempo, estos organismos comenzaron a crecer en su nivel y a prestigiar a la provincia, como sucedió con el Ballet que pasó a ocupar el tercer lugar en importancia en el país.
Con el pasar de los lustros y la desaparición del Consejo Provincial de Difusión Cultural, durante la primera gestión de Bussi, los cuerpos ingresaron en un paulatino ocaso que se hizo más pronunciado en la década del 90. Sólo durante la breve gestión de Montiel Forzano, los organismos recuperaron su esplendor.
El Coro Estable tenía en su nacimiento 75 voces; de ellas, quedan actualmente 44. De los 78 músicos originales, la Orquesta cuenta con apenas 25; en el Teatro, eran 28 y quedan 18; en el Ballet, de los 70 iniciales, quedan 13. Para poder funcionar con cierta dignidad se apeló a contratados que trabajan sólo de marzo a diciembre. Los cargos que fueron quedando vacantes por jubilación o muerte de sus integrantes, se perdieron porque fueron desviados a otros sectores de la administración pública para cumplir con promesas electorales. La Orquesta carece de director titular. Por ejemplo, en una fila donde debería haber por lo menos 12 violines sólo hay cuatro y así sucesivamente. De manera que en esa situación el conjunto nunca podrá volver a tocar en Primera A.
La ausencia de concursos y de cursos de perfeccionamiento constantes, la falta de programaciones anticipadas y de políticas que se sostengan en el tiempo y trasciendan a los funcionarios de turno contribuyeron a la debacle de los cuerpos artísticos que se debaten entre la frustración y la agonía. En este deplorable panorama, habría que incluir a la Banda Sinfónica de la Provincia, próxima a celebrar 150 años. Cuenta con apenas 35 integrantes, cuando necesita por lo menos 60 y ensaya en condiciones infrahumanas.
Todo gobierno que aterriza en esta malograda provincia, lo primero que hace es designar y contratar asesores, parientes y amigos que, en la mayoría de los casos, no le aportan ningún beneficio a la ciudadanía, pero sí cobran jugosos sueldos. Se destinan al área de Cultura presupuestos operativos irrisorios y generalmente, se apela a ciudadanos con cierto prestigio en la comunidad para la conducción, cuyas buenas ideas naufragan habitualmente por el desconocimiento de los problemas legendarios en el área y por la indiferencia del Ejecutivo.
José Alperovich echó mano al Coro y a la Orquesta Estables para asumir al cargo. Tal vez se creyó que por primera vez y luego de mucho tiempo, un mandatario iba a ocuparse de la cultura. Sin embargo, desde entonces, ninguno de los integrantes de los cuerpos artísticos se hizo acreedor a un beso y a un abrazo. Los organismos estables forman parte del patrimonio espiritual de los tucumanos. Dejarlos morir sería imperdonable.







