29 Febrero 2004 Seguir en 
Entre los picos de hipertensión y el round ganado con el inicio de las clases, se escribió la historia pública del gobernador José Alperovich en los últimos siete días. Marzo aparecía como el gran desafío que esperaba al sucesor de Julio Miranda. Si el gremialismo docente -sobre todo ATEP- paralizaba el ciclo educativo, Alperovich sufría su primera derrota política y lo debilitaba ante la comunidad. Se repetiría, entonces, la situación de sus predecesores. A estos, el jaque de los sindicalistas de la educación los dejó exhaustos. El gobernador decidió espantar ese fantasma y jugó a fondo para que las escuelas abran mañana. En cada lugar que visitó, agitó fuertemente la bandera de la vuelta a las aulas. La sociedad también presionó para quebrar la proyección del pasado, con una gigantesca demanda de servicios educativos y de artículos escolares. Y en la masa de docentes caló hondo la amenaza del descuento de los días de huelga. Al filo del año escolar 2003, el Gobierno castigó con una poda salarial a los huelguistas de ATEP.
Una convergencia de factores explica por qué se desinfló el ánimo belicoso de los gremialistas. Sin embargo, el cúmulo de problemas heredados de la gestión mirandista, los bajos sueldos y los errores de la administración actual abren incógnitas en el corto plazo. El capital político conseguido con la ruptura de la cadena de huelgas docentes puede acrecentarse o ser dilapidado por impericia o por torpeza. A 120 días de la asunción, Alperovich enfrenta ese desafío.
La pausa que refresca
La inserción de Alperovich en la comunidad se basó en un incesante despliegue. Su cuerpo sintió el desgaste y cundió el susto en el entorno. La salud del gobernador se transformó en una cuestión de Estado. Hacerle disminuir la intensidad del ritmo de trabajo se convirtió en una prioridad para sus allegados. Es una cuestión política, porque las licencias prolongadas por enfermedad terminan generando turbulencias en la cima del poder. De esas cosas le hablan dos de sus hombres más próximos: Antonio Jalil y Edmundo Jiménez. La conveniencia de incorporar la pausa que afloja las tensiones es un dato incorporado a la agenda diaria.
En el seno del oficialismo se discute también si se avanza en la consolidación de la acción de gobierno en Salud, Educación y Justicia, o si se insiste en la reforma de la Constitución de 1990. La aceleración de este último debate desataría tormentas políticas de intensidad imprevisible. La oposición hallaría armas para golpear al oficialismo.
El derrumbe del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) ocurrió sin pena ni gloria. Ningún representante del Gobierno acudió a la mesa redonda del Colegio de Abogados, donde se atacó la decisión de destruir una experiencia de 12 años . "Fue una discusión doctrinaria", reflexionó sarcásticamente una fuente de alto nivel. De hecho, los pliegos judiciales que propondrá el Gobierno certifican la defunción del sistema instituido en 1991.
La liquidación del CAM es un asunto cerrado para el Gobierno, pero no para la opinión pública independiente que ve eso como la antesala de la puesta en comisión de los jueces.
Las interferencias
Las relaciones entre la Casa Rosada y la administración de Alperovich se desarrollan sin contratiempos institucionales visibles. En realidad, en la Casa de Gobierno más le temen a lo que creen que son interferencias políticas. El Presidente nunca digirió la derrota peronista del 26 de octubre a manos del bussismo. Tampoco aceptó que se haya desechado su petición de llamar a nuevas elecciones en la Municipalidad de esta ciudad para impedir el acceso de Antonio Bussi a la intendencia. Néstor Kirchner, en definitiva, acumula insatisfacciones en ese terreno. El senador Ricardo Bussi retribuyó el sentimiento de enemistad política, al confesar que es poco optimista acerca del futuro del país por el rumbo ideológico impuesto por Kirchner.
La pelea interna
Los ruidos en la comunicación, en verdad, forman parte de la guerra de posiciones que se libra en el frente interno del peronismo. En Casa de Gobierno hay enojo con la diputada Stella Córdoba, quien le arrebató el anuncio de una entrevista con el ministro Julio de Vido al propio Alperovich. Córdoba se quedó en Buenos Aires, donde, en calidad de promotora, asistió al lanzamiento de la flamante Corriente Federal Peronista, que se identifica con Kirchner. A ella se le atribuyen operaciones hostiles al alperovichismo en Buenos Aires. Córdoba y José Ricardo Falú -otro kirchnerista- presidirán sendas comisiones en Diputados. Ninguno de ellos está próximo a la Casa de Gobierno.
La figura del gobernador cotizaría políticamente de otra manera si en el PJ nacional se consolida un polo antikirchnerista con Carlos Reutemann, Juan Carlos Romero y Rubén Marín. El acercamiento a Kirchner es un asunto que sí interesa sobremanera a Alperovich, que mañana dará un paso en esa dirección. La suerte de Tucumán en materia de fondos coparticipables está atada a los designios de Kirchner.
Votos y razones
Alperovich y Fernando Juri se tiran flores en forma pública. El vicegobernador no quiere que se impute a la Legislatura el papel de obstrucción a la acción del Gobierno. Dio, no obstante, muestras de que los legisladores pueden tumbar decretos del Gobierno. La cancha quedó marcada.
Los peronistas que rodean a Juri enfatizan en que se privilegia la gobernabilidad. Quieren disipar los recuerdos de las disputas de Julio Díaz Lozano con Ramón Ortega y de Raúl Topa con Bussi. El ministro Edmundo Jiménez se mostró satisfecho por el clima de cooperación interpoderes que permitió destrabar algunas situaciones complicadas.
Con todo, en las filas de la oposición legislativa pronostican que habrá caras largas en el gabinete cuando se estudien algunos de los textos sancionados.
Algunas de las disidencias expuestas en el recinto, durante la extensa sesión del viernes, sólo anticipan una ofensiva en contra de ciertos funcionarios gubernamentales. Es cierto que los discursos antialperovichistas no impidieron que se produjera el resultado que quería el oficialismo. Las votaciones son amores y no buenas razones. Sin embargo, legisladores como Alejandro Sangenis no cesarán en sus críticas al equipo conductor del Subsidio de Salud. En forma paralela, empiezan a reagruparse dirigentes peronistas hostiles al Gobierno. La política no hiberna.
Una convergencia de factores explica por qué se desinfló el ánimo belicoso de los gremialistas. Sin embargo, el cúmulo de problemas heredados de la gestión mirandista, los bajos sueldos y los errores de la administración actual abren incógnitas en el corto plazo. El capital político conseguido con la ruptura de la cadena de huelgas docentes puede acrecentarse o ser dilapidado por impericia o por torpeza. A 120 días de la asunción, Alperovich enfrenta ese desafío.
La pausa que refresca
La inserción de Alperovich en la comunidad se basó en un incesante despliegue. Su cuerpo sintió el desgaste y cundió el susto en el entorno. La salud del gobernador se transformó en una cuestión de Estado. Hacerle disminuir la intensidad del ritmo de trabajo se convirtió en una prioridad para sus allegados. Es una cuestión política, porque las licencias prolongadas por enfermedad terminan generando turbulencias en la cima del poder. De esas cosas le hablan dos de sus hombres más próximos: Antonio Jalil y Edmundo Jiménez. La conveniencia de incorporar la pausa que afloja las tensiones es un dato incorporado a la agenda diaria.
En el seno del oficialismo se discute también si se avanza en la consolidación de la acción de gobierno en Salud, Educación y Justicia, o si se insiste en la reforma de la Constitución de 1990. La aceleración de este último debate desataría tormentas políticas de intensidad imprevisible. La oposición hallaría armas para golpear al oficialismo.
El derrumbe del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) ocurrió sin pena ni gloria. Ningún representante del Gobierno acudió a la mesa redonda del Colegio de Abogados, donde se atacó la decisión de destruir una experiencia de 12 años . "Fue una discusión doctrinaria", reflexionó sarcásticamente una fuente de alto nivel. De hecho, los pliegos judiciales que propondrá el Gobierno certifican la defunción del sistema instituido en 1991.
La liquidación del CAM es un asunto cerrado para el Gobierno, pero no para la opinión pública independiente que ve eso como la antesala de la puesta en comisión de los jueces.
Las interferencias
Las relaciones entre la Casa Rosada y la administración de Alperovich se desarrollan sin contratiempos institucionales visibles. En realidad, en la Casa de Gobierno más le temen a lo que creen que son interferencias políticas. El Presidente nunca digirió la derrota peronista del 26 de octubre a manos del bussismo. Tampoco aceptó que se haya desechado su petición de llamar a nuevas elecciones en la Municipalidad de esta ciudad para impedir el acceso de Antonio Bussi a la intendencia. Néstor Kirchner, en definitiva, acumula insatisfacciones en ese terreno. El senador Ricardo Bussi retribuyó el sentimiento de enemistad política, al confesar que es poco optimista acerca del futuro del país por el rumbo ideológico impuesto por Kirchner.
La pelea interna
Los ruidos en la comunicación, en verdad, forman parte de la guerra de posiciones que se libra en el frente interno del peronismo. En Casa de Gobierno hay enojo con la diputada Stella Córdoba, quien le arrebató el anuncio de una entrevista con el ministro Julio de Vido al propio Alperovich. Córdoba se quedó en Buenos Aires, donde, en calidad de promotora, asistió al lanzamiento de la flamante Corriente Federal Peronista, que se identifica con Kirchner. A ella se le atribuyen operaciones hostiles al alperovichismo en Buenos Aires. Córdoba y José Ricardo Falú -otro kirchnerista- presidirán sendas comisiones en Diputados. Ninguno de ellos está próximo a la Casa de Gobierno.
La figura del gobernador cotizaría políticamente de otra manera si en el PJ nacional se consolida un polo antikirchnerista con Carlos Reutemann, Juan Carlos Romero y Rubén Marín. El acercamiento a Kirchner es un asunto que sí interesa sobremanera a Alperovich, que mañana dará un paso en esa dirección. La suerte de Tucumán en materia de fondos coparticipables está atada a los designios de Kirchner.
Votos y razones
Alperovich y Fernando Juri se tiran flores en forma pública. El vicegobernador no quiere que se impute a la Legislatura el papel de obstrucción a la acción del Gobierno. Dio, no obstante, muestras de que los legisladores pueden tumbar decretos del Gobierno. La cancha quedó marcada.
Los peronistas que rodean a Juri enfatizan en que se privilegia la gobernabilidad. Quieren disipar los recuerdos de las disputas de Julio Díaz Lozano con Ramón Ortega y de Raúl Topa con Bussi. El ministro Edmundo Jiménez se mostró satisfecho por el clima de cooperación interpoderes que permitió destrabar algunas situaciones complicadas.
Con todo, en las filas de la oposición legislativa pronostican que habrá caras largas en el gabinete cuando se estudien algunos de los textos sancionados.
Algunas de las disidencias expuestas en el recinto, durante la extensa sesión del viernes, sólo anticipan una ofensiva en contra de ciertos funcionarios gubernamentales. Es cierto que los discursos antialperovichistas no impidieron que se produjera el resultado que quería el oficialismo. Las votaciones son amores y no buenas razones. Sin embargo, legisladores como Alejandro Sangenis no cesarán en sus críticas al equipo conductor del Subsidio de Salud. En forma paralela, empiezan a reagruparse dirigentes peronistas hostiles al Gobierno. La política no hiberna.







