Hay varias Argentinas

En un país sin proyecto nacional mandan los caudillos. Por Juan Carlos Di Lullo.

29 Febrero 2004
Dice Joan Manuel Serrat en su canción "La bella y el metro" que cada uno de nosotros imagina una realidad distinta a partir de lo que percibe. El poeta catalán describe el micromundo de un subterráneo, y sugiere que entre el traqueteo de los vagones,
el general ve soldados
juanetes, el pedicuro
la comadrona, pasado
el enterrador, futuro
El talentoso juglar le pone rima a un problema que ha desvelado a filósofos y a pensadores durante siglos. La realidad no es una y absoluta. Cada uno de nosotros tamiza a través de sus experiencias, su cultura, o sus creencias, entre muchos otros factores, su percepción del mundo exterior.
El revisor ve billetes
el sacamuelas ve dientes,
el carnicero, filetes
y la ramera, clientes
No es la misma Argentina la que ve un pastor de la Puna, un vendimiador cuyano, un agricultor tucumano, un pescador marplatense, un desocupado catamarqueño, un comerciante porteño o un tambero santafesino. Ellos tampoco esperan lo mismo de este que, para todos, es su país.
A pesar de los esfuerzos que se realizaron históricamente para integrar un territorio tan vasto y disímil, queda claro que el nuestro todavía no es un país, sino un enorme territorio que alberga realidades por demás heterogéneas. Al calor de estas diferencias fundamentales crecieron liderazgos políticos en distintas regiones, que en poco difieren de la hegemonía zonal de los caudillos que caracterizó a nuestra historia durante el siglo XIX.
Los avaros ven mendigos
los mendigos ven avaros
los caballeros, señoras,
las señoras, tipos raros
Los resultados de la primera vuelta electoral del año pasado sugieren algunas reflexiones. En La Rioja, Carlos Menem obtuvo más del 81% de los votos y Néstor Kirchner sumó apenas un 6%; a pocos kilómetros de allí, en San Luis, Adolfo Rodríguez Saá superó el 87% de las adhesiones, mientras que Menem allí sólo consiguió poco más de un 2%; Kirchner trepó a casi el 79% en Santa Cruz, mientras que en ese territorio, Menem reunió apenas el 7% de las voluntades. Y en las demás provincias, los votos reflejaron la orientación adoptada por el "patrón" de la zona, con ejemplos dramáticos como el 20% de votos de la UCR en Chaco -provincia gobernada por el radicalismo- en patético contraste con el lapidario 2,3% en todo el país obtenido por el centenario partido.
¿Es tan distinta la percepción de la realidad entre los habitantes de las distintas regiones? Por cierto que intervienen otro tipo de consideraciones y de presiones a la hora de depositar los votos. Nadie puede desconocer la potencia de los aparatos oficiales y los recursos de que dispone quien ejerce el poder a la hora de la movilización electoral, pero este fenómeno parece exceder los efectos derivados de estos mecanismos espurios. Parece ser que una gran mayoría de los riojanos está convencida de que Menem es lo mejor para el país; los sanluiseños creen que Rodríguez Saá tiene la solución; y los patagónicos no dudan de que sólo Kirchner puede sacarnos del pozo. Y allá en el puerto está ese otro Estado en el que ninguno de los patrones regionales despierta confianza; que en cada elección de los últimos 20 años buscó en alguien distinto la solución de sus problemas que, claro, proyectan como los problemas "del país".
El autor ve personajes
el zapatero ve pies
el sombrerero, cabezas
el peluquero, tupés
Hay una tarea de construcción por delante, una tarea apasionante, a largo plazo, sin réditos políticos inmediatos. Es la de darle forma a un solo país, con el acento puesto en la educación fuertemente asentada en una vocación democrática. Y sin "patrones de estancia" que encarnen en su persona la solución de los problemas.

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