Entre Nina y Argibay

Por Angel Anaya

28 Febrero 2004
Cuando el lunes concurra Kirchner al Congreso para inaugurar el nuevo periodo ordinario de sesiones lo hará seguramente con un marco de adhesiones considerables dentro y fuera del palacio legislativo. Su mensaje se mantiene en la más estricta reserva hasta el momento, mas para entonces habrá dos puntos definitorios trascendentes sobre los que deberá resolver. Para el mismo día, la legislatura de Santiago del Estero ha previsto considerar el desafuero de la gobernadora Mercedes Aragonés de Juárez solicitado por la justicia federal y que probablemente será rechazado por la mayoría fiel a la familia gobernante. También estará ya estará en poder del Presidente desde el fin de semana el informe sobre el análisis público de su propuesta de Carmen Argibay como jueza de la Corte Suprema. En el primer caso se anticipa aquí en medios muy cercanos a Kirchner, que este ordenaría a las conducciones parlamentarias oficialistas poner en marcha un proyecto de intervención federal al ejecutivo y el legislativo santiagueños. El caso de Argibay es más complejo y testimonial de la significación que puede tener para el Presidente el resultado de ese análisis previsto por el sistema de selección que estableció para la Corte a poco de asumir.

Para pensarlo
La jueza propuesta ha reunido una mayoría abrumadora de objeciones, - alrededor de16.000 sobre aproximadamente 18.400 respuestas a la consulta de la cartera de Justicia- casi todas ellas por causa de su posición abortista y la confesa "militancia" ateísta. El jefe del gobierno no está obligado, por cierto, a aceptar tal resultado, pero seguramente tratará de cuidarse de contrariar sin razones convincentes a una parte muy considerable de la sociedad que seguramente se siente identificada con ese balance. También, en el caso de que Kirchner sostenga su propuesta, deberá asegurarse que el Senado, que debe disponer el acuerdo definitivo, no se sienta suficientemente dispuesto a contrariar aquel resultado. Por cierto que antes de conocerse el mismo, ya había cuatro o cinco senadores oficialistas dispuestos a no convalidar a Argibay o, por lo menos, quedarse fuera del recinto.
El Presidente tuvo tiempo de recibir antes de su partida para Caracas a la reunión del Grupo de los 15, al canciller de Cuba, Felipe Pérez Roque, el hombre preferido de Fidel Castro para su eventual sucesión. El dato sobresaliente de esa ocasión y que ha sido muy comentado en la Cancillería, fue la firme advertencia de Kirchner de que su gobierno no podrá convalidar con la indiferencia una negativa cubana a que viaje a nuestro país para reunirse con su familia, la médica disidente Hilda Molina. Esa situación debería aclararse antes de que produzca la reunión de la ONU donde habrá de debatirse la situación de los derechos humanos en la isla. (De nuestra Sucursal)

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