La Fiesta Nacional del Queso

La trigésimo quinta edición concluyó el domingo pasado, en Tafí del Valle

26 Febrero 2004
Hemos dedicado abundante espacio a la crónica de la reciente Fiesta Nacional del Queso, cuya trigésimo quinta edición concluyó el domingo pasado, en Tafí del Valle. La cantidad de años de realización puntual que lleva ese encuentro es evidencia de su prestigio, no solamente en la provincia y en la región, sino en todo el país. Como se sabe, figura destacadamente en el calendario nacional de fiestas folclóricas.
Nadie podría negar que la Fiesta del Queso está rodeada por las mejores condiciones para tener éxito. Se desarrolla en un escenario de privilegiada belleza natural y excelente clima, como sin duda lo constituye Tafí del Valle. Y tiene garantizada también concurrencia masiva, dado que se efectúa como cierre de una temporada veraniega que cada año congrega mayor cantidad de personas en ese idílico paraje de nuestra serranía.
Si a esto se le añade el innegable interés cultural que la fiesta tiene -como reafirmación de nuestra identidad- parece evidente la necesidad de que cada año se pongan el mayor esfuerzo y cuidado en su organización, atendiendo hasta los menores detalles. Esto a fin de que quede satisfecho el interés, tanto de los tucumanos como de los muchos turistas de otras regiones que se trasladan a Tafí del Valle en la respectiva fecha. Aspiran ellos, como se sabe, a tomar contacto con la música tradicional, y con artesanías culinarias y artísticas representativas de esta parte de la República.
Y es en este punto donde, nos parece, renquea seriamente la Fiesta Nacional del Queso. En primer lugar (y este año no es la primera vez que así ocurre), brilla por su ausencia, paradójicamente, el producto típico que da nombre al encuentro. Nos referimos al queso, ese famoso "queso de Tafí" que desde el siglo XVIII figura, de pleno derecho, entre los manjares del Noroeste Argentino.
Sea por razones vinculadas al caudal de producción o por reglamentos municipales, el hecho es que los interesados no pudieron adquirir ni degustar queso en los días de la fiesta. Ello representa a todas luces un absurdo, y opinamos que las autoridades municipales tafinistas debieran tomar las medidas para que, en posteriores ediciones, el queso de Tafí esté disponible para todos y en abundancia durante esas jornadas. De más está decir que son previsiones que pueden tomarse perfectamente, si se lo hace con la antelación debida.
Además de este problema (para nada pequeño), los concurrentes a la fiesta marcaron, en declaraciones de prensa, otras deficiencias que tampoco es posible ignorar. Les extrañó la escasez de puestos de venta de comidas típicas en el predio del festival, al contrario de los muy numerosos que se instalaban en ediciones anteriores. Y también les sorprendió la magra oferta de artesanías regionales auténticas: su reemplazo por "bijouterie" y hasta electrodomésticos, vino a desnaturalizar ese clima que debiera cultivarse acentuadamente en un encuentro de esta índole.
Si los inconvenientes de referencia ocurren, es evidente que, por la razón que fuera, faltó en los responsables un cuidado minucioso de la organización del festival. Es indiscutible que ausencias como las apuntadas no habrían tenido lugar, si se hubiesen adoptado las previsiones del caso, empezando por una fuerte campaña de promoción y de incentivos en toda la zona de los Valles Calchaquíes.
El reconocimiento de las fallas debe servir como experiencia, para posibilitar corregirlas de raíz en las próximas ediciones de la Fiesta Nacional del Queso. Es en extremo importante hacerlo.
El favor del público, así como hasta ahora se ha brindado sin retaceos, puede del mismo modo esfumarse hasta desaparecer, lo que sería deplorable. Conviene no olvidarlo.

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