La victoria de Lavagna

Por Angel Anaya

26 Febrero 2004
En el ministerio de Economía se daba por segura al cierre de estas notas, la revisión favorable por el Fondo Monetario del segundo tramo del acuerdo contingente. El amplio superávit fiscal del trimestre antes de que el mismo se cumpla y el aseguramiento de la contratación de bancos encargados del canje de deuda constituyen hechos tan sólidos que impiden al organismo internacional privilegiar la meta cualitativa de satisfacer a los acreedores. El informe fiscal constituye la más significativa victoria política lograda por el ministro Roberto Lavagna y su quipo en lo que va del año y coloca al Palacio de Hacienda con un puntaje en las encuestas muy superior al resto del gabinete kirchnerista. Esa holgura política le permitirá al ministro conferir mayor elasticidad a la negociación de la deuda, aunque sin dejar de sostener que el éxito fiscal no implica concesiones más allá de la oferta de Dubai a los bonistas. En todo caso, ha dicho, ese sobrecumplimiento servirá para cubrir las obligaciones públicas posteriores al default, como los pagos de Boden y de Bocon. Ese panorama permite dar también por asegurado el cumplimiento con el FMI por US$ 3100 millones, al vencimiento del 9 de marzo.

Fervorosa mutación
El debate de la nueva ley laboral por el Senado, en el que absolutamente todos los senadores presentes descalificaron con indignado fervor lo que la Cámara y muchos de ellos habían aprobado hace más de tres años bajo las mismas siglas partidarias, será un testimonio histórico del estado de incertidumbre ética y moral de nuestra vida pública durante este lapso. Para colmo, la evidente urgencia de los senadores por satisfacer el deseo presidencial de contar con la ley sustituta -que debe tratar Diputados- agregará a los investigadores del futuro otro gesto referencial de buena voluntad de los padres de la Patria para atender al Poder Ejecutivo; esta vez el del PJ y anteriormente al de la Alianza. Entretanto, la Justicia recorre la tupida telaraña de una investigación de sobornos cada vez más complicada. En la primera ocasión, el Senado había bochado la media sanción de Diputados, devolviéndole el proyecto aliancista con mayoría suficiente para imponérselo. Ahora se espera que la Cámara baja siga nuevamente el rumbo de los senadores. La reforma laboral esperada -como ya se ha dicho aquí- se caracteriza en lo sustancial por fortalecer el régimen de sindicato único por rama de actividad que beneficia al PJ desde su existencia partidaria.
El lunes, cuando el Presidente concurra al Congreso para el mensaje anual, si no hay sanción, al menos, estará asegurada y el viejo brazo sindical del peronismo, más allá de sus recurrentes internas, se hará presente en el que probablemente sea el primer acto espectacular que Kirchner congregue desde su asunción. (De nuestra Sucursal)

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