Decadencia del parque 9 de Julio

En los años recientes se ha asistido a un proceso de degradación y abandono que no se ha detenido.

24 Febrero 2004
Desde que se inauguró, al comenzar la segunda década del siglo pasado, y por espacio de muchos años, el parque 9 de Julio fue una especie de niña mimada de todos los gobiernos. Tenía "status" provincial y estaba regido por comisiones administradoras "ad honorem" -integradas por los más destacados ciudadanos- que rivalizaban para incorporarle, cada una, los mejores adelantos. De esa manera se pudo lograr que ese espacio verde de la ciudad constituyera, verdaderamente, un ámbito expresivo de la magnífica naturaleza tucumana, a la vez que un sitio de paseo y de esparcimiento para toda la población. Si bien las construcciones fueron achicando, en forma paulatina, gran parte del predio inicial (que era originalmente de 400 hectáreas), nadie puede discutir que en el sector restante se formó uno de los parques considerados más notables, entre los que pueden exhibir las capitales argentinas.Lamentablemente, en los años recientes se ha asistido a un proceso de degradación y abandono del parque 9 de Julio, que no se ha detenido. La que durante mucho tiempo era actitud común de las autoridades, es decir la mantención del paseo y de sus jardines en buen estado, empezó a ser algo que se ejecuta esporádicamente, y por lo general como consecuencia de notas críticas del periodismo o de denuncias publicadas por los lectores. Dista de ser una tesitura permanente y regular del organismo municipal, que es el responsable. Ni qué decir que la situación presupuestaria y los conflictos salariales de la comuna en estos últimos años tuvieron un fuerte reflejo negativo también en este terreno. La situación no ha cambiado. En estos días, las cartas de lectores han expuesto el cuadro que el parque presenta: todo el sector del naciente, sobre la avenida Coronel Suárez, está cubierto por altos yuyales; las malezas prácticamente tapan el rosedal; el reloj de césped está roto hace años, para dar algunos ejemplos. Está a la vista de todos, además, el uso abusivo que se hace de grandes extensiones del paseo, donde se desarrollan partidos de fútbol que dañan irremediablemente el pasto. Y qué decir de la falta de seguridad, que ha creado un clima de inquietud en un lugar que antes el público frecuentaba confiado, deseoso de pasar un rato fresco y agradable. Ahora, a cada momento tienen lugar robos y asaltos dentro de sus ámbitos.
Nos parece que el parque 9 de Julio merece un destino mejor que ir convirtiéndose lentamente en un malezal, y en un sitio donde el Estado no realiza inversiones de mantenimiento ni de mejoría. Dada la importancia que tiene dentro de nuestro patrimonio urbano, corresponde otorgarle prioridad. Si hace ya cerca de un siglo Tucumán pudo tener un parque con soberbios árboles y jardines, bien iluminado y disponible para el recreo de su población, no puede pensarse que esto ahora resulte imposible de conseguir. Por el contrario, debe la Municipalidad de San Miguel de Tucumán concentrarse en devolver a nuestro parque su esplendor, y mejorarlo sustancialmente en todos sus aspectos. Es un rubro en el cual deben realizarse todas las inversiones necesarias, tanto en personal como en elementos. Esto al mismo tiempo que fijar y hacer cumplir, con estrictez, las normas acerca del uso racional del paseo, que no puede ser afectado por el capricho de quienes lo visiten.
En estos tiempos en que todas las ciudades ponen especial cuidado en la valorización de sus espacios verdes, aparece aún más nítida, si cabe, la dimensión de la deuda que los tucumanos tenemos respecto del parque 9 de Julio. Resulta urgente detener ese proceso de decadencia del que existen tantas muestras. Ello es resorte de la Municipalidad, como es responsabilidad de la Provincia organizar un sistema de vigilancia que haga segura la permanencia en ese lugar.

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