La tarea de hacer cultura

El Gobierno debe diseñar las políticas adecuadas para fomentar las expresiones de todos los géneros artísticos.

22 Febrero 2004
El diccionario de la Real Academia define la palabra cultura como el "resultado o efecto de cultivar los sentimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre". Precisa además que es el "conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grados de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social".
Entre las múltiples responsabilidades del Estado figura la de proveer los medios necesarios para impulsar la acción de cultivar los sentimientos humanos a través del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre, en coincidencia con la primera parte de la definición académica. A través de las reparticiones correspondientes, el Gobierno debe atender las demandas de la sociedad y diseñar las políticas adecuadas para fomentar las expresiones de todos los géneros artísticos, y así, aportar activamente a su desarrollo.
La Secretaría de Cultura de la Provincia es, entonces, la que tiene la misión de encontrar los caminos para darles cauce apropiado a las expresiones de los talentos locales a través del apoyo a la actividad de los artistas independientes; también debe aprovechar al máximo las potencialidades de sus cuerpos artísticos estables y de todos los elementos de su nada despreciable infraestructura técnica y edilicia.
Los especialistas que conducen la repartición deben diseñar una programación que atienda a todas las disciplinas artísticas en el marco de una política que provea el sustento ideológico de las acciones. Debe, además, buscar el equilibrio entre las acciones previstas para las distintas áreas y evitar de esa manera la preeminencia de unas sobre otras. De otro modo se caerá inevitablemente en la satisfacción de preferencias personales en desmedro de las necesidades reales de la comunidad.
Como es obvio, esta misión se vuelve imposible si no se cuenta con el presupuesto adecuado. No se puede desarrollar una tarea de promoción y de difusión cultural sin una significativa inversión de recursos. Lamentablemente, los gobiernos no suelen estar dispuestos a aportar fondos destinados a las actividades culturales, porque siempre encuentran prioridades diferentes en estas épocas de crisis.
Una de las principales tareas del titular del área es, entonces, asegurar un flujo de recursos que permita planificar y cumplir acabadamente una programación que atienda a todos los campos del desarrollo cultural.
Tucumán tiene una tradición que la destaca entre las provincias de la región como polo de desarrollo cultural. Pero debe reconocerse que en las últimas décadas la tarea en este campo no ha estado a la altura de sus antecedentes, precisamente a causa de la falta de previsiones presupuestarias que permitan la concreción de una programación en sintonía con el enorme potencial creativo de los tucumanos y con las demandas de un público ávido de expresiones de alto nivel artístico.
El gobernador Alperovich produjo hace pocos días un cambio en la conducción de la Secretaría de Cultura, y entre los motivos que expuso para justificar esta actitud incluyó el reclamo de que todas las áreas del gobierno se pongan eficazmente al servicio de las necesidades de la población, con respuestas inmediatas a través de acciones concretas. A poco de asumir, el nuevo secretario, Rodolfo Vargas Aignasse, anunció los lineamientos de su futura gestión en consonancia con estas exigencias. Es de esperar entonces que de esa comunidad de intereses surja el aporte de recursos que resultará indispensable para que estos anuncios y anhelos se concreten efectivamente en beneficio de todos los sectores de la población. Si no se le asigna al área de Cultura un presupuesto digno, cualquier ciudadano que ocupe su titularidad seguirá condenado al fracaso. Sólo con buenas intenciones, no se hace la cultura.

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