19 Febrero 2004 Seguir en 
Los últimos informes sobre el sinceramiento de la economía están complicando a Tucumán. En un momento en el que el rendimiento de sus actividades está por debajo del promedio nacional de la reactivación de la Argentina, la decisión del presidente Kirchner, respecto de promover aumentos en las tarifas de los servicios de gas y de electricidad para medianos y grandes consumidores, impactará de lleno en las principales producciones de la provincia. El incremento, previsible y esperado entre los sectores empresariales, políticos y estudiosos, está dirigido básicamente a los sectores más favorecidos por la devaluación que vienen colocando sus productos en el exterior a un tipo de cambio de casi 3 a 1 (habría que descontar las retenciones), cuando pagan las tarifas 1 a 1.
No obstante, la recomposición tarifaria, que en principio podría significar una suba de alrededor del 30 %, aún no ha sido suficiente para despejar un panorama que desde fines de 2003 tiene a maltraer a los empresarios azucareros, a los del citrus, a los textiles y a los de automotores, principalmente. Pese a la medida, sigue sin estar asegurada la provisión de gas de uso industrial para este año, uno de los insumos más importantes para las plantas en los meses de actividad plena.
Pero ahora, el fuerte crecimiento general de la economía (algo más del 8% en 2003 y se mantiene), junto a la falta de inversiones en infraestructuras, más el escaso nivel de previsiones desnudaron un problema añadido: ni el Estado, ni las empresas productoras, ni las transportadoras, ni las distribuidoras pueden garantizar la provisión de gas industrial con contratos interrumpibles, el servicio más utilizado por una buena cantidad de industrias tucumanas.
Resignados a pagar una suba que ya sobre fines del año pasado llegó a rondar un 300% por m3 -según un importante empresario del citrus- para conseguir el suministro, esta vez ni siquiera tienen asegurada la provisión para la próxima campaña, aun con los nuevos precios que terminarán de definirse en los próximos días, con la reglamentación de la medida.
El dato no es menor, si se tiene en cuenta que estos mayores costos podrán incidir sobre las ventajas competitivas -especialmente para la exportación- a las que accedieron con la devaluación y también en el manejo de las previsiones de inversión y de producción. Pero ya hay quienes hablan de un impacto tremendo para la provincia ante esta virtual corrida gasífera, y otros que descuentan que tanta incertidumbre impactará en los márgenes de utilidad porque el traslado a los precios finales de los productos -especialmente el azúcar y el limón y sus derivados- de este mayor costo estará acotado a los vaivenes de los mercados. "Cuando necesitamos crecer, enfrentamos la posibilidad de detenernos"; "el escenario se presenta peor que nunca". Estas son frases que se escuchan con frecuencia en medios empresarios en estos días. Aunque asumen que el Gobierno tucumano no tiene los resortes para empujar algunas soluciones, son muchos los que manifiestan que la actual administración provincial tuvo un poco de lentitud para encarar el problema.
Ciertamente, las dificultades en la provisión de gas industrial golpearán a todo el país. La virtual liberación de sus precios traerá dolores de cabeza a más de un sector, pero en distritos como Tucumán, que vienen rezagados en la locomotora de la reactivación -por la propia composición de su economía y como secuela de desmanejos institucionales y financieros- sus efectos pueden ser mayores. Aunque algunos ingenios podrían echar mano del bagazo o reactivar los equipos de fuel oil para mover las calderas y los limoneros sobreponerse a otra adversidad, favorecidos por su posición prácticamente hegemónica en el comercio internacional, esta crisis vuelve a mostrar a Tucumán envuelta en un inquietante cuadro de vulnerabilidad económica.
No obstante, la recomposición tarifaria, que en principio podría significar una suba de alrededor del 30 %, aún no ha sido suficiente para despejar un panorama que desde fines de 2003 tiene a maltraer a los empresarios azucareros, a los del citrus, a los textiles y a los de automotores, principalmente. Pese a la medida, sigue sin estar asegurada la provisión de gas de uso industrial para este año, uno de los insumos más importantes para las plantas en los meses de actividad plena.
Pero ahora, el fuerte crecimiento general de la economía (algo más del 8% en 2003 y se mantiene), junto a la falta de inversiones en infraestructuras, más el escaso nivel de previsiones desnudaron un problema añadido: ni el Estado, ni las empresas productoras, ni las transportadoras, ni las distribuidoras pueden garantizar la provisión de gas industrial con contratos interrumpibles, el servicio más utilizado por una buena cantidad de industrias tucumanas.
Resignados a pagar una suba que ya sobre fines del año pasado llegó a rondar un 300% por m3 -según un importante empresario del citrus- para conseguir el suministro, esta vez ni siquiera tienen asegurada la provisión para la próxima campaña, aun con los nuevos precios que terminarán de definirse en los próximos días, con la reglamentación de la medida.
El dato no es menor, si se tiene en cuenta que estos mayores costos podrán incidir sobre las ventajas competitivas -especialmente para la exportación- a las que accedieron con la devaluación y también en el manejo de las previsiones de inversión y de producción. Pero ya hay quienes hablan de un impacto tremendo para la provincia ante esta virtual corrida gasífera, y otros que descuentan que tanta incertidumbre impactará en los márgenes de utilidad porque el traslado a los precios finales de los productos -especialmente el azúcar y el limón y sus derivados- de este mayor costo estará acotado a los vaivenes de los mercados. "Cuando necesitamos crecer, enfrentamos la posibilidad de detenernos"; "el escenario se presenta peor que nunca". Estas son frases que se escuchan con frecuencia en medios empresarios en estos días. Aunque asumen que el Gobierno tucumano no tiene los resortes para empujar algunas soluciones, son muchos los que manifiestan que la actual administración provincial tuvo un poco de lentitud para encarar el problema.
Ciertamente, las dificultades en la provisión de gas industrial golpearán a todo el país. La virtual liberación de sus precios traerá dolores de cabeza a más de un sector, pero en distritos como Tucumán, que vienen rezagados en la locomotora de la reactivación -por la propia composición de su economía y como secuela de desmanejos institucionales y financieros- sus efectos pueden ser mayores. Aunque algunos ingenios podrían echar mano del bagazo o reactivar los equipos de fuel oil para mover las calderas y los limoneros sobreponerse a otra adversidad, favorecidos por su posición prácticamente hegemónica en el comercio internacional, esta crisis vuelve a mostrar a Tucumán envuelta en un inquietante cuadro de vulnerabilidad económica.







