16 Febrero 2004 Seguir en 
Las palabras no sólo sirven para describir el mundo, sino también para hacer cosas. Esa es la idea central de la "Teoría de los actos de habla", cuyas bases fueron echadas por John Austin durante los 50 y los 60, en el siglo XX. Este filósofo del lenguaje distinguió un grupo de enunciados, a los que llamó performativos, en los cuales se hace exactamente lo que se dice. Por ejemplo, "sí, juro". Luego, Austin desarmaría esta concepción y admitiría que todas las oraciones sirven para cumplir actos. Cuando una persona dice "está lloviendo", al menos está haciendo una afirmación.
Decir es hacer en la vida cotidiana y, por supuesto, también en la realidad de los gobiernos. Tanto es así, que cuando el gobernador José Alperovich decidió dejar de hablar de política por 20 días, fue el clima político el que se enrareció, a partir de las denuncias de dirigentes, de sindicalistas y de ciudadanos, sobre el presunto seguimiento de sus actividades por parte de policías.
El hecho representa para el Poder Ejecutivo una de esas encrucijadas tan propias de esta Provincia. No se sabe si es peor que la orden de que los agentes se presentaran a hacer averiguaciones en los mitines partió de Casa de Gobierno, o no. En el primer caso, habría una clara política intimidatoria y persecutoria contra la oposición. En el segundo, tendría lugar la angustiante pregunta acerca de quién está, verdaderamente, gobernando estas tierras.
Silencios
Que el jefe de un poder eminentemente político como el Ejecutivo decida no hablar de política refuerza la creencia popular de que, en el subtrópico, para quienes conducen los destinos del Estado da lo mismo no decir que decir. Así es como el secretario de Coordinación de Municipios y Comunas, Sergio Mansilla, puede aseverar sin consecuencias ni rubores que en gestiones pasadas los comisionados rurales "dibujaban" facturas para cerrar sus balances. Esta suerte de confesión acerca de un comportamiento sistemático de supuesta falsificación ideológica y material de instrumentos públicos, de paso, nunca mereció actuaciones de oficio por parte de alguna fiscalía.
Complementariamente, la oposición, salvo escasas excepciones, hace mucho tiempo que ha dejado de hablar de política. Si nada dice, mucho menos hace. Uno de los silencios más notorios es el de la Unión Cívica Radical, que casi no ha sentado posicionamientos sobre ningún aspecto de la realidad provincial. Frente a esa inacción, Fuerza Republicana salió a ocupar el casillero del medio en la oposición. El senador Ricardo Bussi cuestionó la gestión de Alperovich. Y los legisladores de FR mostraron una postura monolítica respecto de la derogación de la Ley de Lemas, mientras que en la UCR hay, respecto del régimen electoral, casi tantas posturas como parlamentarios.
Vacíos
A menudo, como en la física, el vacío que deja un cuerpo pasa a ser llenado por otro. Que quienes se encuentren abocados a controlar los actos de Gobierno sean, hasta aquí, los legisladores del justicialismo es, a la vez que una palmada para el PJ, una bofetada para los otros partidos. Para el Gobierno no deja de ser una tranquilidad que los parlamentarios de su propio signo político sean sus adversarios momentáneos. En un análisis por signos, pocas cosas deben ser auspiciosas para un movimiento político que ser, al mismo tiempo, oficialismo y oposición.
En este contexto, resalta que el senador Julio Miranda repudiara el control policial de las reuniones políticas, sindicales o ciudadanas, cuando durante su gestión los avasallamientos contra quienes protestaban en la plaza y los atropellos a la prensa independiente estuvieron a la orden del día.
Hacer es decir sin necesidad de hablar. Porque, y sin por ello restarles valor a las palabras, lo hecho siempre hecho está.
Decir es hacer en la vida cotidiana y, por supuesto, también en la realidad de los gobiernos. Tanto es así, que cuando el gobernador José Alperovich decidió dejar de hablar de política por 20 días, fue el clima político el que se enrareció, a partir de las denuncias de dirigentes, de sindicalistas y de ciudadanos, sobre el presunto seguimiento de sus actividades por parte de policías.
El hecho representa para el Poder Ejecutivo una de esas encrucijadas tan propias de esta Provincia. No se sabe si es peor que la orden de que los agentes se presentaran a hacer averiguaciones en los mitines partió de Casa de Gobierno, o no. En el primer caso, habría una clara política intimidatoria y persecutoria contra la oposición. En el segundo, tendría lugar la angustiante pregunta acerca de quién está, verdaderamente, gobernando estas tierras.
Silencios
Que el jefe de un poder eminentemente político como el Ejecutivo decida no hablar de política refuerza la creencia popular de que, en el subtrópico, para quienes conducen los destinos del Estado da lo mismo no decir que decir. Así es como el secretario de Coordinación de Municipios y Comunas, Sergio Mansilla, puede aseverar sin consecuencias ni rubores que en gestiones pasadas los comisionados rurales "dibujaban" facturas para cerrar sus balances. Esta suerte de confesión acerca de un comportamiento sistemático de supuesta falsificación ideológica y material de instrumentos públicos, de paso, nunca mereció actuaciones de oficio por parte de alguna fiscalía.
Complementariamente, la oposición, salvo escasas excepciones, hace mucho tiempo que ha dejado de hablar de política. Si nada dice, mucho menos hace. Uno de los silencios más notorios es el de la Unión Cívica Radical, que casi no ha sentado posicionamientos sobre ningún aspecto de la realidad provincial. Frente a esa inacción, Fuerza Republicana salió a ocupar el casillero del medio en la oposición. El senador Ricardo Bussi cuestionó la gestión de Alperovich. Y los legisladores de FR mostraron una postura monolítica respecto de la derogación de la Ley de Lemas, mientras que en la UCR hay, respecto del régimen electoral, casi tantas posturas como parlamentarios.
Vacíos
A menudo, como en la física, el vacío que deja un cuerpo pasa a ser llenado por otro. Que quienes se encuentren abocados a controlar los actos de Gobierno sean, hasta aquí, los legisladores del justicialismo es, a la vez que una palmada para el PJ, una bofetada para los otros partidos. Para el Gobierno no deja de ser una tranquilidad que los parlamentarios de su propio signo político sean sus adversarios momentáneos. En un análisis por signos, pocas cosas deben ser auspiciosas para un movimiento político que ser, al mismo tiempo, oficialismo y oposición.
En este contexto, resalta que el senador Julio Miranda repudiara el control policial de las reuniones políticas, sindicales o ciudadanas, cuando durante su gestión los avasallamientos contra quienes protestaban en la plaza y los atropellos a la prensa independiente estuvieron a la orden del día.
Hacer es decir sin necesidad de hablar. Porque, y sin por ello restarles valor a las palabras, lo hecho siempre hecho está.







