En vez de ocho meses, la obra de los túneles ya lleva dos años

Obras Públicas pide tiempo para hacer una evaluación sobre el avance. Desde la semana pasada, los trabajos están paralizados.

30 Dic 2015
Hay más dudas y silencios que certezas en torno de la obra de los túneles y puentes que unirán las calles Suipacha y Marco Avellaneda, que por estos días ha cumplido dos años, es decir casi un año y medio más que los ocho meses que previstos en sus comienzos. La obra emblema de la gestión del ex gobernador José Alperovich avanza a paso lento y desde la secretaría de Obras Públicas, a cargo de la arquitecta Cristina Boscarino, admiten las demoras, pero prefieren no hacer comentarios por ahora.

Desde la semana pasada la obra está virtualmente paralizada, con escaso personal trabajando, por el receso de fin de año, según fuentes vinculadas a la construcción de los dos puentes peatonales y dos túneles vehiculares que generarán continuidad en las calles Mendoza y Córdoba.

Otros factores estarían también frenando el avance de la millonaria mejora: la necesidad de coordinar las tareas con la empresa Belgrano Cargas y Logística (opera los trenes de cargas y la playa de maniobras en cuestión), las trabas a las importaciones, que retrasan la instalación de complejos semaforizados a la entrada y a la salida de los túneles, entre otros factores.

Silencio de radio

Consultados por LA GACETA, los funcionarios de la cartera de Obras Públicas, secundada por Fernando Baratelli, se limitaron a pedir más tiempo para responder, dado que estarían elaborando un informe detallado sobre la situación de la obra.

Mientras tanto, los vecinos de la ciudad esperan respuestas y se impacientan al ver que durante las tormentas fuertes los túneles se llenan de agua. Es lo que ocurrió durante la lluvia del 4 de este mes, que se llevó la vida del santacruceño Hipólito Antonio Brozoski, quien quedó atrapado en el agua que se acumula debajo del puente Central Córdoba, a pocas cuadras de los futuros túneles. Ese día, y debido a un corte de luz -explican quienes visitan la obra a menudo- una bomba dejó de funcionar y el túnel Mendoza se llenó de agua.

Ahora, recalculando, saben que deberán instalar un grupo electrógeno automático para que los túneles no se conviertan en una trampa mortal durante las temporadas de lluvias intensas.

La falta de noticias y de detalles sobre el avance de las obras en el futuro Paseo del Bicentenario movilizó a José Luis Avignone, ex concejal y actual secretario de Relaciones Institucionales capitalino, a solicitarle al gobernador, Juan Manzur, a que agilice los trámites y brinde información. “En épocas no muy lejanas y cerca de las elecciones, tanto la Provincia como la Nación anunciaban la pronta inauguración de los túneles (...). Los vecinos no saben a qué motivos atribuirle (las demoras o la parálisis de la obra), las próximas elecciones están lejos y el Bicentenario cerca, por ello exhortamos a acelerar los trabajos para que la ciudadanía recupere la credibilidad en sus gobernantes y tener en nuestra ciudad un tránsito más fluido (...).”

En esa nota, Avignone remarca que muchos tucumanos fueron críticos de esa obra, y él se alista en ese grupo, sobre todo teniendo en cuenta de que está previsto, en el marco del Plan Belgrano, trasladar esa playa de maniobras a Cevil Pozo. Si esto se cumple, los $ 60 millones (a junio del año pasado) solicitados al BID e invertidos en los túneles y puentes, construidos precisamente para no interrumpir las maniobras de la compañía ferroviaria, serían una erogación en vano. Ante este razonamiento, Oscar Mirkin, ex secretario de Obras Públicas, siempre había recalcado que la obra pretendía constituir un hito urbano en la ciudad, ya que además de mejorar el tránsito, será una zona parquizada, de esparcimiento.

Y ahí, en la parquización, aparece el próximo problema a solucionar: esta tarea estará a cargo de la Municipalidad capitalina, según lo confirmó el propio Baratelli. La pregunta del millón, o de los $ 60 millones, será entonces si el municipio y la Provincia podrán o no zanjar sus diferencias para terminar una obra en la que hasta el momento hay más dudas y silencios que certezas.

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