10 Febrero 2004 Seguir en 
En nuestra edición del domingo dedicamos una extensa nota al problema de la inserción de los egresados secundarios en la Universidad. Sucede que casi la mitad de aquellos (46% fue el porcentaje del año pasado) termina desertando en el primer año de los estudios superiores porque no tiene aptitud para responder a los nuevos requerimientos. Esto indica una grave falla, y comenzar a solucionarla debiera constituir un propósito troncal en los responsables de la educación. La deficiente formación para afrontar la Universidad indica una correlativa deficiencia en el secundario. La suposición de que quien egresó de este último lo hizo munido de los medios intelectuales para acceder al que sigue es, evidentemente, equivocada. Hay un déficit profundo en esa competencia, y se revela, patéticamente, a la hora de la obligación universitaria. Alumnos que tienen fuertes dificultades para estudiar; que carecen del vocabulario imprescindible requerido en ese nivel; que no tienen aptitud para redactar razonablemente o que no son capaces de comprender los textos o los contenidos de las clases universitarias constituyen una realidad más que frecuente.
La cuestión finca, entonces, en cómo remontar un cuadro que, de no superarse, tornaría ilusorias las expectativas del estudiante y malbarataría los sacrificios que sus padres hicieron para ponerlo en condiciones de aspirar a una carrera universitaria. Ello, además de su enorme repercusión dañosa en el mecanismo educativo nacional en general, al evidenciar un profundo desajuste entre dos ciclos que debieran tener una ajustada complementación.
Nuestra encuesta ofrece cifras reveladoras. Un 94,4% de los consultados piensa que el fracaso tiene su razón de ser en la defectuosa formación recibida en la etapa anterior. En cuanto a las posibilidades de mejorar esa realidad, un 40% opina que el remedio está en una mejor formación y capacitación de los docentes. Un 32% considera que el obstáculo puede superarse con la construcción de mayor cantidad de escuelas, mientras un 28% entiende que las cosas mejorarían con más horas de permanencia del alumno en los establecimientos.
Una rápida apreciación del asunto permite decir que los tres puntos de vista tienen justificada incidencia. La formación docente es clave y debe sin duda brindársela a fondo; pero también lo son las condiciones para que el docente pueda desarrollar fructíferamente su tarea, en el número adecuado de locales escolares y con la cantidad necesaria de jornadas de clase. En nuestra nota, las opiniones de docentes indicaban también otros aspectos muy necesarios de tener en cuenta. En primer lugar, la urgencia de activar una articulación de contenidos, de manera de hacer menos duro el trance de un ciclo a otro. También se marcaban contradicciones de la currícula del Polimodal, que en el último año no contiene las asignaturas clave para el ingreso universitario.
Desde hace varios años se viene hablando de estos temas. De vez en cuando, alguna encuesta publicada en la prensa los coloca sobre el tapete, y en ese momento parece inaugurarse una inquietud fuerte por revertirlos. Pero poco después todo vuelve a ser como antes. Sería importante que esta vez no ocurra así. Estamos frente a una realidad que tiene notas suficientes como para alarmar, si pensamos que, en los hechos, pone fuera de la posibilidad universitaria a una cifra más que significativa de nuestros egresados secundarios.
Parece adecuado, entonces, que la cuestión se encare realmente y con el concurso de todos los que tienen participación en la tarea educativa, incluyendo por cierto a los padres de alumnos. Resulta urgente terminar con una deficiencia tan grave en nuestro sistema.
La cuestión finca, entonces, en cómo remontar un cuadro que, de no superarse, tornaría ilusorias las expectativas del estudiante y malbarataría los sacrificios que sus padres hicieron para ponerlo en condiciones de aspirar a una carrera universitaria. Ello, además de su enorme repercusión dañosa en el mecanismo educativo nacional en general, al evidenciar un profundo desajuste entre dos ciclos que debieran tener una ajustada complementación.
Nuestra encuesta ofrece cifras reveladoras. Un 94,4% de los consultados piensa que el fracaso tiene su razón de ser en la defectuosa formación recibida en la etapa anterior. En cuanto a las posibilidades de mejorar esa realidad, un 40% opina que el remedio está en una mejor formación y capacitación de los docentes. Un 32% considera que el obstáculo puede superarse con la construcción de mayor cantidad de escuelas, mientras un 28% entiende que las cosas mejorarían con más horas de permanencia del alumno en los establecimientos.
Una rápida apreciación del asunto permite decir que los tres puntos de vista tienen justificada incidencia. La formación docente es clave y debe sin duda brindársela a fondo; pero también lo son las condiciones para que el docente pueda desarrollar fructíferamente su tarea, en el número adecuado de locales escolares y con la cantidad necesaria de jornadas de clase. En nuestra nota, las opiniones de docentes indicaban también otros aspectos muy necesarios de tener en cuenta. En primer lugar, la urgencia de activar una articulación de contenidos, de manera de hacer menos duro el trance de un ciclo a otro. También se marcaban contradicciones de la currícula del Polimodal, que en el último año no contiene las asignaturas clave para el ingreso universitario.
Desde hace varios años se viene hablando de estos temas. De vez en cuando, alguna encuesta publicada en la prensa los coloca sobre el tapete, y en ese momento parece inaugurarse una inquietud fuerte por revertirlos. Pero poco después todo vuelve a ser como antes. Sería importante que esta vez no ocurra así. Estamos frente a una realidad que tiene notas suficientes como para alarmar, si pensamos que, en los hechos, pone fuera de la posibilidad universitaria a una cifra más que significativa de nuestros egresados secundarios.
Parece adecuado, entonces, que la cuestión se encare realmente y con el concurso de todos los que tienen participación en la tarea educativa, incluyendo por cierto a los padres de alumnos. Resulta urgente terminar con una deficiencia tan grave en nuestro sistema.







