09 Febrero 2004 Seguir en 
"Deben cuidar los capataces que los peones no corten la paja de las alas de los ranchos para hacer prender el fuego". Juan Manuel de Rosas (1793-1877), "Instrucciones para la Administración de Estancias".
El peronismo tucumano tiene arritmia. En una conducta rayana a la del radicalismo, está enfrascado hoy en una sórdida interna entre dos facciones, para beneficio de un tercero. Tarde o temprano, el movimiento iba a descompensarse. Por más pragmatismo que se invoque, tener por gobernador a un ex legislador de la UCR, por vicegobernador a un justicialista que tomó licencia de la conducción del PJ, y por presidente del partido a un senador nacional desnutrido de poder, complica la salud de cualquier organismo.
Julio Miranda está en campaña para recuperar terreno, y parece haber elegido de enemigo a Fernando Juri. Promueve una agenda política para el PJ, cuya primera actividad (reunión con congresales) se dio el pasado viernes. El día en el que José Alperovich cumplió 100 jornadas al frente de la provincia. Y conformará una comisión de Relaciones Interpartidarias, para analizar con otras agrupaciones la situación social y económica de la provincia; y para debatir el camino hacia la reforma de la Constitución. En síntesis, el PJ va a marcarle al Poder Ejecutivo los lineamientos de gestión. Esa es su versión.
Sin embargo, como el tero, el presidente del PJ estaría gritando hacia la Casa de Gobierno, pero tendría el nido en otra parte. De hecho, todo parece indicar que, si está apuntando a algún sector, es a su propio partido. Precisamente, la lectura en el Poder Legislativo es que Miranda, para reposicionarse ante el Poder Ejecutivo, está diciendo que él amansará las huestes peronistas para Alperovich. Y también está tratando de que la discusión de los términos de la reforma pase por sus manos.Ambas cuestiones, hasta aquí, vienen siendo patrimonio de la Legislatura.
Dos cuestiones capitales
En primer término, el rechazo de decretos fue la mecánica elegida por el cuerpo para marcarle al Gobierno tiempos y límites. En segunda instancia, en la Cámara están sentados líderes territoriales reales del oficialismo, quienes se sienten naturales candidatos a convencionales constituyentes. Queda claro que el análisis de los alcances de la reforma es uno de sus capitales.
Por esto, acaparar el debate de esos dos elementos es debilitar al peronismo legislativo y, en buena medida, a la propia Cámara, bastión de los justicialistas históricos. No debe sorprender, por tanto, que acusen a Miranda de querer menguar la gravitación de la Legislatura. Golpear en el propio terruño es una muestra de fortaleza. Pero Juri, que no está de brazos cruzados, luce dispuesto a convertir al Poder Legislativo en campo hostil para mirandistas.
En esta línea se inscribe la embestida contra José Alberto Cúneo Vergés, para separarlo de la comisión de Hacienda. No sólo lo inculpan de haber intentado frustrar la sesión del 21 de enero, cuando voltearon dos decretos, sino que le imputan haber sido el promotor de la reunión entre Alperovich y Miranda, el día después. Los allegados de Juri interpretan que quisieron dejarlo como el malo de la película, antes que como el más fuerte en la pulseada.
El contraataque del titular de la Cámara no es menor. Miranda no es participado de las reuniones ni de las decisiones de Juri y de Alperovich y, ya quedó demostrado, en el recinto sus seguidores son una minoría inerme. Los legisladores peronistas contra los que embate, para peor, son en su mayoría miembros del Congreso del PJ. Y privilegian la relación con el vicegobernador, ese que organizó la comitiva de parlamentarios que visitó al senador cuando juró en la Cámara Alta y que no criticó públicamente la pasada gestión. Pero, ya se sabe, el "compañero Julio" no es gaucho de devolver favores.
El espectador privilegiado del fratricidio es el gobernador. Se reúne por separado con Juri y con Miranda y se fortalece mientras los líderes justicialistas se vapulean. El rancho peronista se destecha. Y su base está en llamas.
El peronismo tucumano tiene arritmia. En una conducta rayana a la del radicalismo, está enfrascado hoy en una sórdida interna entre dos facciones, para beneficio de un tercero. Tarde o temprano, el movimiento iba a descompensarse. Por más pragmatismo que se invoque, tener por gobernador a un ex legislador de la UCR, por vicegobernador a un justicialista que tomó licencia de la conducción del PJ, y por presidente del partido a un senador nacional desnutrido de poder, complica la salud de cualquier organismo.
Julio Miranda está en campaña para recuperar terreno, y parece haber elegido de enemigo a Fernando Juri. Promueve una agenda política para el PJ, cuya primera actividad (reunión con congresales) se dio el pasado viernes. El día en el que José Alperovich cumplió 100 jornadas al frente de la provincia. Y conformará una comisión de Relaciones Interpartidarias, para analizar con otras agrupaciones la situación social y económica de la provincia; y para debatir el camino hacia la reforma de la Constitución. En síntesis, el PJ va a marcarle al Poder Ejecutivo los lineamientos de gestión. Esa es su versión.
Sin embargo, como el tero, el presidente del PJ estaría gritando hacia la Casa de Gobierno, pero tendría el nido en otra parte. De hecho, todo parece indicar que, si está apuntando a algún sector, es a su propio partido. Precisamente, la lectura en el Poder Legislativo es que Miranda, para reposicionarse ante el Poder Ejecutivo, está diciendo que él amansará las huestes peronistas para Alperovich. Y también está tratando de que la discusión de los términos de la reforma pase por sus manos.Ambas cuestiones, hasta aquí, vienen siendo patrimonio de la Legislatura.
Dos cuestiones capitales
En primer término, el rechazo de decretos fue la mecánica elegida por el cuerpo para marcarle al Gobierno tiempos y límites. En segunda instancia, en la Cámara están sentados líderes territoriales reales del oficialismo, quienes se sienten naturales candidatos a convencionales constituyentes. Queda claro que el análisis de los alcances de la reforma es uno de sus capitales.
Por esto, acaparar el debate de esos dos elementos es debilitar al peronismo legislativo y, en buena medida, a la propia Cámara, bastión de los justicialistas históricos. No debe sorprender, por tanto, que acusen a Miranda de querer menguar la gravitación de la Legislatura. Golpear en el propio terruño es una muestra de fortaleza. Pero Juri, que no está de brazos cruzados, luce dispuesto a convertir al Poder Legislativo en campo hostil para mirandistas.
En esta línea se inscribe la embestida contra José Alberto Cúneo Vergés, para separarlo de la comisión de Hacienda. No sólo lo inculpan de haber intentado frustrar la sesión del 21 de enero, cuando voltearon dos decretos, sino que le imputan haber sido el promotor de la reunión entre Alperovich y Miranda, el día después. Los allegados de Juri interpretan que quisieron dejarlo como el malo de la película, antes que como el más fuerte en la pulseada.
El contraataque del titular de la Cámara no es menor. Miranda no es participado de las reuniones ni de las decisiones de Juri y de Alperovich y, ya quedó demostrado, en el recinto sus seguidores son una minoría inerme. Los legisladores peronistas contra los que embate, para peor, son en su mayoría miembros del Congreso del PJ. Y privilegian la relación con el vicegobernador, ese que organizó la comitiva de parlamentarios que visitó al senador cuando juró en la Cámara Alta y que no criticó públicamente la pasada gestión. Pero, ya se sabe, el "compañero Julio" no es gaucho de devolver favores.
El espectador privilegiado del fratricidio es el gobernador. Se reúne por separado con Juri y con Miranda y se fortalece mientras los líderes justicialistas se vapulean. El rancho peronista se destecha. Y su base está en llamas.







