El uso racional del agua

El líquido no debe desperdiciarse.

08 Febrero 2004
Elemento indispensable de la economía individual, el agua lo es también de la naturaleza física. Y si la sed del hombre la reclama para su vida, con igual exigencia la demanda su esfuerzo, para aplicarla a los distintos fines de su actividad, moviendo las máquinas que multiplican su acción o fecundando la tierra que surca con su labor. Con estos ajustados conceptos -que nunca han perdido actualidad- empezaba, en 1896, su tesis doctoral sobre la irrigación en Tucumán ese ilustre comprovinciano que fue el doctor Ernesto Padilla.
El trabajo de Padilla abarcaba la faz legal de una cuestión clave de nuestro territorio: la de lograr el máximo aprovechamiento del líquido que, si es abundante en el verano (salvo que se trate de temporadas secas como las que atravesamos), es muy escaso en las restantes estaciones. Se trata de algo que, a lo largo de la historia tucumana, ha convocado siempre la atención tanto de los poderes públicos como de los factores vinculados a la producción.
Sería obvio recordar que sin agua suficiente para el riego se cercenan las posibilidades de cualquier tipo de cultivo, incluyendo por cierto la caña de azúcar y los cítricos. Como también que el agua es básico requerimiento para la actividad de diversas plantas fabriles. Todo esto marca como imprescindible, por cierto, la abundancia de lluvias, pero esto no depende de la acción del hombre. Lo que sí depende de ella es que el líquido con que se cuenta no se desperdicie, y que tenga una utilización racional, capaz de extraerle el máximo de provecho. Esto tiene extremada importancia, y se la percibe justamente en épocas de escasa lluvia como la que soporta actualmente Tucumán.
Es decir, resulta primordial el desarrollo de obras de infraestructura que permitan un uso eficiente del referido recurso, en todo tiempo, sean los de abundancia o los de escasez. Como lo subrayaba un artículo aparecido en nuestro último suplemento rural, en este punto compete al Estado un rol primordial, que debe expresarse en la construcción de aquella clase de obras, en la cantidad necesaria y dotadas de la envergadura suficiente.
Por otro lado, es responsabilidad también de los productores cuidar que el líquido cumpla su benéfica función, realizando los trabajos de mantenimiento que sean necesarios en los conductos. Las buenas canalizaciones y los entubados juegan un papel clave en este sentido. Por otro lado, es sabido que se han realizado grandes avances en lo que a sistemas de riego se refiere, para multiplicar la acción y los efectos del líquido. Toda esa tecnología puede y debe ser aplicada entre nosotros con mucha mayor extensión que la que tiene hasta el presente.En ese sentido, deben destacarse como positivos los convenios que ha firmado el Gobierno provincial, para la ejecución de proyectos formulados dentro del "Programa de riego y transformación productiva de Tucumán". Como lo hemos informado, beneficiará a las zonas irrigadas de Tafí del Valle y de Lules, con la construcción y puesta en funcionamiento de un sistema de "riego presurizado gravitacional", que permitirá regar 2.400 hectáreas con el agua a presión en la puerta de cada finca. Parece superfluo destacar la alta conveniencia de esto para la producción de las referidas zonas.
En suma, el tema de las obras de infraestructura de riego debe figurar entre las prioridades de la inversión estatal, considerando la mayúscula incidencia que el tema tiene en los múltiples ámbitos que con él se relacionan.
Sin un uso eficiente y racional del recurso agua será imposible desarrollar ese potencial de nuestra agricultura y de nuestras industrias en el cual se cifran, justificadamente, las expectativas de crecimiento que alentamos.

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