El primer trabajador

Los 100 días de Alperovich como gobernador.

04 Febrero 2004
"El Estado soy yo". Luis XIV, rey de Francia (1643-1715).

Pasado mañana, José Alperovich cumple 100 días como gobernador. Julio Miranda, la noche que celebró su vuelta al Senado, dijo que había que esperar hasta esa fecha para analizar la tarea de su sucesor. Pero, mirando este primer centenar de jornadas, se advierte que no era necesario esperar tanto. Los gestos y las palabras del gobernador alcanzan para definir la personalidad de la nueva gestión.
Un repaso de las actuaciones del titular del Poder Ejecutivo parece indicar que él descree del funcionamiento autónomo de las instituciones, desconfía de los medios de comunicación, rechaza y descalifica la crítica y evidencia una ilimitada vocación de poder.

Con la autocrítica a otro lado
El "Pacto de Crecimiento" puso a municipalidades y comunas bajo su control. A la vez, la anulación del Consejo Asesor de la Magistratura le permite nominar jueces, sin terceras opiniones previas. El aluvión de decretos sólo se interrumpió a partir de la reunión que mantuvo con el vicegobernador Fernando Juri el miércoles pasado, luego de que la Cámara tumbó dos de sus disposiciones.
Los entredichos con la prensa son ya un clásico en las declaraciones de Alperovich, pero, él desconfía hasta de su entorno. En la primera reunión con el Tribunal de Cuentas, les pidió a los vocales que controlen su gestión porque era probable que alguno de sus funcionarios pudiera aprovechar los recursos públicos en beneficio propio. Pasando del dicho al hecho, el gobernador practica sin intermediarios el contacto con la gente y le ha impreso a su gestión un protagonismo excluyente. Su gabinete, si bien en lo funcional está muy por encima del que tuvo Miranda, carece de celebridades y de excelencias. El equipo cumple los deberes de obediencia y eficiencia que reclama su jefe, quien no admite estrellas que puedan opacarlo.
En cuanto a los cuestionamientos, el mandatario parece no admitir ni siquiera los suyos. Los achaques y los ataques a la gobernación de Miranda no contienen una autocrítica sobre su participación en esa gestión. En esa línea se anota la respuesta que le dio a la edil justicialista Carolina Vargas Aignasse, cuando ella le formulaba objeciones al "Pacto de Crecimiento". "La pucha, Carolina, ya parecés radical", supo decirle el ex legislador de la UCR.

No hay puntada sin hilo
Las acciones del mandatario no están libradas al azar. Su popularidad no es menor. Y él teje sin demoras ni vacilaciones una red de fieles. La componen intendentes, comisionados rurales y dirigentes barriales del Gran San Miguel de Tucumán. Confluyen justicialistas, ex radicales, ex bussistas e independientes, coordinados por dirigentes de reconocida experiencia política y fidelidad a su jefe. Al menos, al jefe de turno.
El gobernador, de hecho, ya le notificó al PJ que lo necesita como apoyatura de su gobierno. Más aún: contestando críticas, definió qué es el peronismo. "Es el que ensucia sus pies en los barros periféricos, atendiendo las necesidades de la gente", dijo. La superestructura dirigencial del movimiento, a la cola.
Hay, sin embargo, una zona muy sensible a los reclamos de la comunidad, en la que Alperovich no entra. Pareciera que su único límite consiste en no promover ni publicar la investigación de los hechos de corrupción que protagonizaron funcionarios del gobierno anterior. Presuntamente, claro está.La dirigencia tradicional del PJ se atrincheró en la Legislatura y rodea a Juri, quien no sólo oye a peronistas díscolos, sino que se esfuerza -con éxito- en poner a la oposición de su lado.
La realidad se le escapó de las manos al peronismo histórico, frente a un Alperovich que parece dispuesto a peronizar su gabinete (pidió a sus colaboradores que se afilien al justicialismo) antes que incluir a peronistas en él.

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