Lo bueno y lo malo de un "decano" soñador - LA GACETA Tucumán

Lo bueno y lo malo de un "decano" soñador

El equipo rinde mucho, pero se le reconoce poco

10 Jun 2015
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ADIÓS AL GOLEADOR. Molina, que con cinco tantos lidera la tabla de artilleros “decana”, está desgarrado. LA GACETA / FOTO DE HÉCTOR PERALTA (ARCHIVO)

Nadie puede discutir la campaña de Atlético en el campeonato, por varios motivos. El equipo pelea la cima, suma puntos en cualquier cancha y es considerado por propios y extraños como uno de los firmes candidatos. Atlético es una potencia en la B Nacional, aunque como contrapartida a su actualidad, el plantel todavía no logró convencer ni por asomo a los hinchas.

Atlético goza del mejor arranque de las últimas 10 temporadas, pero ni eso ayuda para atraer a los fanáticos, dolidos aún por el golpe sufrido en la última temporada. Está claro que el ascenso a Primera perdido en diciembre pasado es una pelota de plomo que sigue picando sin detenerse. La única solución posible es borrar el pasado logrando el ascenso este año.

El “decano” cuenta con cualidades que cualquier rival desearía, así como también con falencias que nadie querría ver a millones de kilómetros de distancia. En síntesis, la performance del tercero del campeonato es buena, pese a los momentos olvidables.

Dos caras de una moneda

Su mayor virtud: Si hay algo que caracteriza al equipo es que todos sus jugadores saben complicar al rival. Todos colaboran en la marca convirtiendo al equipo en una caja fuerte, a veces, inviolable. Atlético es un ejército de hormigas trabajadoras. Es verdad que tanto sacrificio de sus delanteros le quita peso ofensivo arriba en determinadas ocasiones. Sin embargo, los enemigos de turno suelen renegar como ninguno para lograr acercarse al arco de Cristian Lucchetti.

Siendo tercero en la tabla, el “decano” es el club que menos perdió en el certamen. Sufrió apenas dos caídas. Uno contra uno de los líderes, Santamarina, y el otro con el “lobo” jujeño, precisamente en un duelo que dejó escapar el triunfo como agua escurriéndose entre las manos.

El Talón de Aquiles: el “decano” dejó de ser un equipo dependiente de un jugador puntual. Funciona como grupo y eso lo demuestra partido a partido. Pero su gran problema hoy es que el paquete de opciones que crea en ofensiva, últimamente lo desperdicia cuando debe cambiar la jugada por gol. La bendita contundencia es su mayor falencia por estas fechas. Lo sufrió contra Patronato, Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Sportivo Belgrano, Lanús (Copa Argentina) y Estudiantes de San Luis, entre otros rivales. De los mencionados, apenas a los puntanos pudo ganarles. Empató con el “patrón” y los cordobeses, y perdió con los otros.

La intensidad, todo un tema: Atlético suele ser un oponente que no da respiro. Intenta mediante la marca pegajosa de mitad de cancha hacia adelante cortar los circuitos de juego, pero a veces cuando el tiempo no es su amigo se descontrola en su afán de ir por la victoria y lo padece con goles en contra. De ser intenso y práctico, pasa a convertirse en un equipo solo muestra intenciones aunque sin la claridad. En esta categoría está prohibido otorgar licencias a los rivales. Atlético, cuando pierde su eje, lo hace en forma reiterada.

¿A qué juega?: Si la consulta es cómo se ve el “decano” en la cancha, a grandes rasgos puede estimarse que el club hace un 2 x 1. Cuando es local juega de una forma, y cuando es visitante cambia su estilo. Ataca, sí, pero siempre cuidando la retaguardia. Por algo es, detrás de Patronato, el club que más goles marcó en la temporada (25). El “decano” es un equipo ofensivo.

La defensa, su muralla: hubo un tiempo en que a la trinchera albiceleste se la bombardeaba con facilidad. La situación cambió, según confían sus protagonistas basándose en sus recientes rendimientos en la cancha. De los últimos 10 compromisos (sin contar Copa Argentina), Atlético mantuvo la valla invicta en cuatro encuentros. Igualmente recibió ocho conquistas, lo que supone debe ser también un llamado de atención.

Poco intolerante: Atlético suele ser un equipo que hace honor al Fair Play. No es de pegar ni de sobrecargarse de sanciones disciplinarias. A decir verdad, salvo por las rojas a Leandro Díaz y a Bruno Bianchi en la Copa Argentina contra Lanús, el equipo lamentó en 18 fechas de la B Nacional apenas una suspensión por la tarjeta roja que le mostraron a Sebastián Longo y otra por acumulación de tarjetas amarillas de Bianchi.

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