Un secretario privado para conducir la Legislatura

16 Ago 2014 Por Álvaro José Aurane
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Entre la violencia que ha estallado en el conflicto de la UNT y la anunciada avanzada colonizadora sobre el Poder Judicial por parte del Poder Ejecutivo (el gobernador ha designado -con aval parlamentario- a quien era ministro de Gobierno y Justicia como ministro fiscal), el acontecimiento político más trascendente de esta semana casi ha pasado inadvertido. Fue consumado con sordina en el Poder Legislativo, con el objetivo de que atravesara agosto sin pena ni gloria. Finalidad injusta, por cierto, teniendo en cuenta que el procedimiento utilizado para consumar el hecho, a los efectos institucionales, careció de toda gloria pero resultó a todas luces penoso.

Desde el lunes pasado, la tercera autoridad -en los hechos- de la línea sucesoria de José Alperovich es su ex secretario privado, Guillermo Gassenbauer. Ese legislador que ganó notoriedad hace unas semanas, víctima de un imitador perverso que delante de punteros del peronismo manifiesta que en todas, pero todas las cooperativas del plan Argentina Trabaja de Tucumán hay irregularidades. Hasta el punto de que ex legisladores se hicieron construir casas con esos grupos, a los cuales el Estado les paga los salarios y los materiales, siempre según las expresiones del impune emulador.

El poder como concesionario

Por supuesto que el oficialismo, reduccionista por convicción, no anunció la cuestión en su verdadera magnitud. En su irrenunciable jibarización de la realidad, minimizó lo ocurrido y lo presentó como la simple elección de Gassenbauer (h) como presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales. Pero el asunto es infinitamente más importante. Por caso, el parlamentario se desempeñó el jueves como vicegobernador de la provincia. Interinamente, es verdad, pero vicegobernador (y presidente de la Legislatura) al fin.

Es que el Reglamento del Poder Legislativo fija que el titular de Asuntos Constitucionales es el primero en suplantar, según corresponda, a los vicepresidentes de la Cámara (Armando Cortalezzi y Manuel Fernández), al presidente subrogante (Regino Amado) y al vicegobernador (Juan Manzur). Como el alperovichismo procede con el Ejecutivo y la Legislatura como si se tratase de concesionarios, moviendo autoridades de un lado a otro cual gerentes, media mesa de conducción parlamentaria está vacante. El vicegobernador Manzur, en abuso de licencia, es ministro de Salud de la Nación; y, en igual condición, el vicepresidente primero Cortalezzi, es interventor de la Caja Popular. Cuando Alperovich y Amado se ausentaron de la provincia hace 48 horas, Fernández ocupó la Gobernación; y Gassenbauer, la Legislatura.

Las posibilidades de que este último sea gobernador interino son plenamente reales.

El verdadero quórum propio

¿Cómo llegó hasta allí el hijo del ministro de Gobierno y de Justicia y de Seguridad (ya no más Ciudadana)? En primer lugar, porque se produjo una vacante. El legislador Marcelo Caponio volvió a la Secretaría de Gobierno. O sea, quien era presidente de Asuntos Constitucionales retornó al Ejecutivo, a trabajar en la cartera hoy a cargo de Jorge Gassenbauer, y entonces Guillermo Gassenbauer ocupó el lugar. En segundo término, por una votación poco feliz. Más que sufragar por sí mismo, el parlamentario denunciado en la Justicia Federal (por culpa de lo que dijo ese extraño que habla igual que como él lo hace) debió dar quórum para sí mismo. Es que de los siete miembros de la comisión de Asuntos Constitucionales sólo fueron cuatro al cónclave decisivo: Sisto Terán, Regino Racedo, Reinaldo Jiménez y el propio Gassenbauer.

No concurrió Ricardo Bussi (FR). Tampoco Ariel García (UCR), quien en LA GACETA comparó al ayer vicegobernador interino con el hoy vicepresidente titular, Amado Boudou. ¿También dejará el recinto la oposición tucumana cuando Gassenbauer presida las sesiones?

Sin embargo, tanto o más trascendente que las ausencias opositoras fue el faltazo oficialista. El peronista “Manolo” Fernández no se presentó en la comisión y, con ello, el hijo del multiministro ni siquiera puede exhibir, a modo de legitimar su nuevo cargo, unanimidad peronista. Pero el portazo del vicepresidente segundo de la Legislatura va más allá de Asuntos Constitucionales, de su nuevo presidente, y de la mismísima mesa de conducción parlamentaria.

Fernández es el manzurista de esa comisión, que acompañó a “Juan” en la presentación de su libro y en las cenas en las cuales hay legisladores que hablan mal de la gestión de Alperovich. Ello redimensiona su ausencia en la consagración de Gassenbauer (h), que escala en la Legislatura sólo porque Alperovich lo permite. Que el ex intendente de Bella Vista no haya convalidado la maniobra es todo un gesto de desautorización (de des-autoridad) a la Casa de Gobierno por parte de quienes le responden al vicegobernador que es ministro y quiere ser gobernador. Otra vez el manzurismo da señales de que no tiene pensado ser alperovichista más allá del 29 de octubre de 2015.

Amor con amor se paga

Pero “Manolo”, queriéndolo o no, también se convierte en un exponente de un grupo cada vez más numeroso: los legisladores que, aunque han sido fieles al régimen, no tendrán lugar en las listas del Frente para la Victoria en 2015. Aunque todavía falta mucho tiempo y mucha crisis hasta los comicios provinciales, el alperovichismo ya ha dado señales de que preferirá a las esposas de los actuales intendentes (mayoritariamente partidarios del binomio Beatriz Rojkés-Osvaldo Jaldo) en las nóminas oficiales. Es decir, Fernández deberá disputar la intendencia de Bella Vista, desde un acople, con la concejala Cristina Romano (la mujer del intendente Luis Espeche).

Ese “Plan B” es el que está estructurando el secretario parlamentario, Juan Antonio Ruiz Olivares (también llamado “el amigo”): contener a los desairados en una gran lista paralela, estructurada sobre la base de los legisladores que pretenden la fórmula Manzur-Rojkés.

La consecuencia es que la dirigencia sin garantía de renta estatal futura ya no se siente en deuda con alperovichismo. Seguirá “adentro”, especialmente, porque “adentro” habrá financiamiento para la campaña en la que se jugarán su suerte. Pero ya no dará “muestras de amor incondicional”. Ese “enamoramiento” se dio durante los dos primeros gobiernos de “José” (que según la Constitución no son dos, sino uno), cuando había representantes capaces de votar cualquier cosa con la expectativa de que “José” los bendijera con otros cuatro años de “gastos sociales”. En adelante, más que nunca, se regirán con una condición proverbial: “amor con amor se paga”.

Por cierto, hay legisladores que armarán su propio “Plan C”, porque no tienen lugar en las lista oficial, pero tampoco quieren quedar cautivos de la dicotomía planteada hoy en la Legislatura: “alperovichismo o manzurismo”. Por caso, el teléfono del titular de Fotia, Roberto Palina, habría recibido no pocas llamadas de interesados en ser candidatos por el Partido de los Trabajadores, que tiene legisladores en el Este y el Oeste. No hay que descartar que conspicuos alperovichistas como Raúl Hadla, que quiere volver a la intendencia de Alberdi (la candidata del Frente para la Victoria, allí, sería la concejala Sandra Figueroa, esposa del jefe municipal, Luis Campos), compitan a través de fuerzas provinciales como esa, evitando así la firma de cualquier “libro de pases” que luego habilite onerosos “pases de factura”.

El lema es que no hay Lema

Esta fractura del peronismo gobernante que se asoma a partir del surgimiento de dos grandes listas, más la eventual dispersión que generarían otras fuerzas satelitales del oficialismo, plantea por primera vez desde 2003 la posibilidad de una Legislatura sin monopolio oficialista, básicamente por el cambio sustancial que planteó la sustitución del sistema de sublemas por el de acoples.

Con la Ley de Lemas, la cantidad de votos que sacaba la fórmula ganadora de gobernador y vice era la base sobre la cual se asignaban los escaños legislativos. Si el Lema ganador había logrado 430.000 sufragios (para tomar la cifra con que el alperovichismo ganó en octubre pasado), a partir de ese número se aplicaba el sistema D’Hondt para repartir las bancas. Ahora, con el acople, cada nómina de legisladores es una lista, con absoluta independencia de los sufragios que consiga el binomio para el Poder Ejecutivo. O sea, a la hora de asignar las bancas, compiten con sus votos, mano a mano, las listas oficiales con los acoples. Si el peronismo ya está presentando una oferta fragmentaria, que atomizará fuertemente los votos de su “mercado” electoral, se presenta toda una oportunidad para que las agrupaciones que lo enfrenten puedan sentar más representantes.

La pelea ineludible

Lo que sigue, necesariamente, es la tensión entre los candidatos a gobernar, que buscarán sumar la mayor cantidad de acoples posibles para sumar votos por distintas vías, y los candidatos a legislar, que intentarán restringir al máximo la proliferación de listas que diluyan la concentración de votos.

Es, en definitiva, la hora de la política. La pelea será entre la grandeza y la mezquindad.

De ese resultado, y no de otro, dependerá la victoria o la derrota.

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