La siesta que nos cambió el día

El corazón ruge con violencia, la voz se ahoga en los nervios, las manos tiemblan de pasión y el silencio se mezcla con gritos de felicidad y de ansiedad, mientras los monitores iluminan páginas semivacías. Y claro: fue complicado comenzar a teñir el blanco del papel con pintas negras ayer a la siesta. La Redacción se vistió de celeste y blanco, y durante dos horas sólo algunos de “sangre alemana” lograron contener el desborde de emociones que significó observar el partido de la Selección entre teclas y palabras. Pocas veces los teléfonos del diario estuvieron tan callados y los periodistas tan paralizados ante el fenómeno que se adueñó de nuestro mediodía sabatino. Nos abrazamos cuando escuchamos el pitazo final y nos invadió la alegría. Luego, comenzamos a pensar cómo entregar el mejor producto posible para que ustedes, lectores, continúen prendidos con el fenómeno mundialista. Y ampliamos la edición y sumamos páginas. Y seguimos soñando.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios