Voto voligoma, voto clip. Voto traición. Son sinónimos y llevan la marca de la desconfianza en su espíritu. Este “invento” de sufragio de 2011 es una pésima copia o un peor intento de reedición de la derogada Ley de Lemas. ¿Traición a quién?: al futuro candidato a gobernador del Frente para la Victoria, más que nada por si el elegido no beneficia -o tracciona- con votos suficientes a los postulantes a legisladores. Es que estos últimos fueron los principales perjudicados por el sistema de acople consagrado por la Constitución de 2006. El artículo 43 dispone que las listas de parlamentarios sólo podrán acoplarse a fórmulas de gobernador. A ellos, nadie. Es decir que las listas de parlamentarios sólo suman para el mandatario, más allá de que muchos queden en el camino y no puedan acceder a un escaño. Hace tres años los oficialistas sostenían que los votos eran de Alperovich, lo cual implicaba no renegar de un sistema hecho a medida del titular del PE. El voto voligoma implica una revisión de ese concepto de lealtad y un nuevo planteo político poniendo en duda esa fidelidad.
¿Por qué todos los votos tienen que ser para él?, parece ser la pregunta que alimenta este sufragio clip, que se aproxima mucho a la idea de traición en el peronismo. Es algo que tiene su germen en el interior. Es así porque en las secciones electorales del este y del oeste juegan los comisionados rurales, que no pueden acoplar a nadie. Sólo pueden acoplarse legisladores y concejales a listas de gobernador e intendentes, respectivamente, por decisión constitucional. O sea que el padrón de votantes a delegados comunales no suma votos a los legisladores, porque no lo habilita la Carta Magna. Así lo ratificó expresamente la Cámara en lo Contencioso Administrativo para rechazar el voto voligoma que había aprobado la Junta Electoral Provincial en 2011. Una ley en igual sentido iría en contra de la letra constitucional, por lo que debe llamar la atención que el oficialismo -desde el gobernador hasta algunos integrantes de la Legislatura- promuevan una norma rehabilitando este sistema, que lo único que permite es que distintas listas de comisionados rurales acoplen a una de legisladores.
¿Si la Carta Magna no lo acepta, cómo se sorteará esa traba? Lo legal sería impulsar una nueva reforma. Pero parece que estaría en marcha alguna triquiñuela elaborada entre miembros de los tres poderes para hacer tabla rasa de la Constitución. Hay que observar por dónde vendrá la jugada. ¿Por qué tanto interés en vulnerar la letra constitucional por este acople territorial? Lo primero que surge es que se desconfía de la ascendencia electoral que pueda tener el elegido de Alperovich para sucederlo (Manzur, Rojkés, Jaldo o quien sea). Aquí cabe la vieja frase de que en el baile del poder, el traidor encabeza la danza. Ya hay varios contorneándose, y más ahora que el propio titular del Ejecutivo reconoció que se está trabajando en este voto pegado con saliva. ¿Trabajando? Habría que preguntar si la legalidad está detrás de las intenciones o si la trampa motoriza la iniciativa.
Sólo cabe imaginar que se quiere pisotear de alguna forma la Constitución, porque de lo que menos se habla es de llamar a una Asamblea Constituyente. En ese marco, hoy deben repiquetear los consejos de Alberdi en los oídos de los alperovichistas: en 1852, el autor de las “Bases” sugería que en la Constitución “no comprendáis disposiciones por su naturaleza transitorias, como las relativas a elecciones”. Pero, qué caso le podía hacer el alperovichismo al ilustre tucumano, si estaba cebado de poder en 2006. Así instaló el acople. Las contradicciones están surgiendo ahora, y desde el propio seno del oficialismo. Todos quieren tener una cuota de poder y como se dice: en política los inmaculados no llegarán al poder porque no practican la traición. Antes había que garantizar que llegue el gobernador, hoy se buscan garantías para los aspirantes a legisladores.
¿Por qué todos los votos tienen que ser para él?, parece ser la pregunta que alimenta este sufragio clip, que se aproxima mucho a la idea de traición en el peronismo. Es algo que tiene su germen en el interior. Es así porque en las secciones electorales del este y del oeste juegan los comisionados rurales, que no pueden acoplar a nadie. Sólo pueden acoplarse legisladores y concejales a listas de gobernador e intendentes, respectivamente, por decisión constitucional. O sea que el padrón de votantes a delegados comunales no suma votos a los legisladores, porque no lo habilita la Carta Magna. Así lo ratificó expresamente la Cámara en lo Contencioso Administrativo para rechazar el voto voligoma que había aprobado la Junta Electoral Provincial en 2011. Una ley en igual sentido iría en contra de la letra constitucional, por lo que debe llamar la atención que el oficialismo -desde el gobernador hasta algunos integrantes de la Legislatura- promuevan una norma rehabilitando este sistema, que lo único que permite es que distintas listas de comisionados rurales acoplen a una de legisladores.
¿Si la Carta Magna no lo acepta, cómo se sorteará esa traba? Lo legal sería impulsar una nueva reforma. Pero parece que estaría en marcha alguna triquiñuela elaborada entre miembros de los tres poderes para hacer tabla rasa de la Constitución. Hay que observar por dónde vendrá la jugada. ¿Por qué tanto interés en vulnerar la letra constitucional por este acople territorial? Lo primero que surge es que se desconfía de la ascendencia electoral que pueda tener el elegido de Alperovich para sucederlo (Manzur, Rojkés, Jaldo o quien sea). Aquí cabe la vieja frase de que en el baile del poder, el traidor encabeza la danza. Ya hay varios contorneándose, y más ahora que el propio titular del Ejecutivo reconoció que se está trabajando en este voto pegado con saliva. ¿Trabajando? Habría que preguntar si la legalidad está detrás de las intenciones o si la trampa motoriza la iniciativa.
Sólo cabe imaginar que se quiere pisotear de alguna forma la Constitución, porque de lo que menos se habla es de llamar a una Asamblea Constituyente. En ese marco, hoy deben repiquetear los consejos de Alberdi en los oídos de los alperovichistas: en 1852, el autor de las “Bases” sugería que en la Constitución “no comprendáis disposiciones por su naturaleza transitorias, como las relativas a elecciones”. Pero, qué caso le podía hacer el alperovichismo al ilustre tucumano, si estaba cebado de poder en 2006. Así instaló el acople. Las contradicciones están surgiendo ahora, y desde el propio seno del oficialismo. Todos quieren tener una cuota de poder y como se dice: en política los inmaculados no llegarán al poder porque no practican la traición. Antes había que garantizar que llegue el gobernador, hoy se buscan garantías para los aspirantes a legisladores.
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