¿Tenemos arquero para ser campeones? - LA GACETA Tucumán

¿Tenemos arquero para ser campeones?

Romero, cuestionado por todos, tendrá la difícil chance de cuidar el arco de la Selección

13 Jun 2014 Por Guillermo Monti
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CONFIANZA CIEGA. Los entrenadores Sergio Batista, Diego Maradona y Alejandro Sabella no dudaron en darle la titularidad.

El holandés Jonny Rep tiró a quemarropa desde el borde del área chica y Ubaldo Fillol apeló a un manotazo prodigioso para desviar la pelota. Fue una de las atajadas más extraordinarias de la historia de los Mundiales, nada menos que en la final de 1978. Argentina fue campeón, al igual que en 1986. Ese año Nery Pumpido contagió solidez y sobriedad bajo los tres palos. Pero Pumpido no era un monstruo a la altura de Fillol. Desde aquellos tiempos, que engloban los penales que atajó Sergio Goycochea en Italia, Argentina no encontró “el” arquero. Y sin un arquero capaz de asegurar el cero no hay forma de conquistar la Copa del Mundo.

Así como la prensa italiana no concibe la ausencia de Carlos Tevez en la Selección, a los españoles les extraña que Wilfredo Caballero no haya sido convocado. Las últimas dos temporadas de Caballero fueron excelentes en Málaga, netamente superiores a las de Sergio Romero y Mariano Andújar en Europa. Así como Romero fue campeón mundial juvenil en Canadá, en aquel equipo que integraban Agüero, Zárate y Moralez; Caballero dio la vuelta olímpica en el Mundial Juvenil disputado en nuestro país, junto a Saviola, D’Alessandro y Maxi Rodríguez.

Especulaciones al margen, la decisión está tomada y Romero saldrá a la cancha el domingo. Sabella sabe que es un juego riesgoso, pero luce seguro de su determinación. La minirracha sin goles en contra de los últimos partidos lleva algo de tranquilidad al cuerpo técnico, pero no es menos cierto que los rivales fueron de segundo orden y que las dudas defensivas que caracterizan a la Selección parecen una enfermedad incurable. Detrás de esa zaga permeable las obligaciones de Romero crecen y su respuesta es una incógnita.

Imaginario colectivo

En el imaginario colectivo está instalado el desconcierto del equipo de Maradona en aquella fatídica tarde sudafricana, cuando Alemania aplastó a la Selección. Romero careció de reacción en el primer gol y en el segundo tiempo no pudo hacer nada frente al aluvión de mortíferos contragolpes alemanes. Lo suyo fue gris. Cuatro años más tarde encuentra revancha en Brasil, privilegio que no suele alcanzar la abrumadora mayoría de los futbolistas. El fracaso en un Mundial equivale, por lo general, al ostracismo, y más en el caso de un arquero.

No es habitual que a un suplente se le confíe el arco de una Selección, y mucho menos de la Argentina. Romero no tiene chances de ser titular en su club, Mónaco. Al contrario; las oportunidades que le otorgaron -por ejemplo en la Copa de Francia- resultaron en una sucesión de bloopers e inseguridades. No obstante, Alejandro Sabella -y antes Sergio Batista- se mantuvieron fieles a Romero. ¿Qué ven en él? Excepcionales condiciones físicas, voz de mando, correcto juego con el pie, grandes reflejos y capacidad de reacción. El problema es que esas virtudes quedan opacadas por insólitos errores que Romero comete. Pelotas que se le escapan, centros en los que calcula mal la salida, dudas fatales: ¿atrapo o doy rebote? Milésimas de segundo que se traducen en un gol en contra. Puede ser desconcentración, puede ser falta de continuidad.

La línea de Andújar es similar a la de Romero. Ante idénticas características, Sabella opta por su favorito. De Agustín Orión son más que conocidos sus vaivenes en el arco de Boca. La certeza es que no hay competencia real por el puesto y que los tres arqueros tienen asumido su lugar en el plantel. Tal vez Sabella prefirió no cambiar figuritas -llamando a Caballero, por ejemplo- para no quebrar ese equilibrio con el Mundial encima.

Llevamos 24 años sin confiar plenamente en un arquero. En 1994, Basile privilegió a Islas sobre Goycochea y le salió mal: en los decisivos goles rumanos Islas quedó mal parado. En 1998 Roa venía muy bien, hasta que un pelotazo cayó en el área y Bergkamp definió a lo crack. ¿Por qué no salió Roa a buscar la pelota? ¿O el que se durmió fue Ayala? De 2002 quedó la foto de Pablo Cavallero volando inútilmente mientras los suecos celebran un gol de tiro libre. En 2006, la catástrofe: Abbondanzieri se lesionó en el peor de los momentos y Leo Franco fue impotente frente a los penales alemanes. La historia de 2010 ya está relatada.

No hay sobreabundancia de grandes arqueros en este Mundial. Los brasileños desconfían de Julio Cesar, mientras España e Italia llegan con los ilustres Casillas y Buffon. Los alemanes sufren por la lesión de Neuer. Si de medir el nivel demostrado durante la temporada pasada se trata, el belga Courtois marca diferencias. En ese baile está metido Romero.

Brasil fue campeón en 1970 a pesar de Félix, el peor arquero que se le recuerde a un campeón mundial. Pero en ese equipo brillaban Pelé, Jairzinho, Rivelino, Tostao y Gerson. Habría ganado el título jugando con 10. Dejando de lado esa anomalía futbolera, es incuestionable que para conquistar la Copa se necesita un arquerazo. Galería en la que aparecen Turek, Gilmar, Banks, Maier, Fillol, Zoff, Ilgner, Tafarel, Barthez, Marcos, Buffon, Casillas y, seamos justos, nuestro Nery Pumpido. Jugados por jugados, es tiempo de confiar en que Romero puede cambiar la historia.

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