Tucumán, el monte y la chispa de una novela apocalíptica

La imagen se le ocurrió a Félix Bruzzone al momento de pensar en la provincia. Un gran tema: los desaparecidos.

22 May 2014
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EN LA GACETA. “Desarrollo reflexiones que tienen como fondo la historia”. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

- Si hablamos del norte, ¿cuál es la primera referencia?

- Héctor Tizón.

- ¿Y si decimos Tucumán?

- El monte, la guerrilla, esa zona de la historia. Todo eso se puede contar en una gran novela... Una novela apocalíptica.

Así como Fito Páez es del 63, Félix Bruzzone es del 76. Más que un año, para él es una marca. Primero desapareció su papá, después le tocó nacer, y antes de la Navidad fue su mamá la víctima de la dictadura. Así que lo crió una abuela. “76” se titula el libro de cuentos con el que se posicionó. Después llegaría el debut con forma de novela: “Los topos”. Y siempre con el tema de las ausencias forzadas como eje, por más que en algún momento haya deslizado “no escribo más sobre desaparecidos”.

“Me he planteado no escribir sobre ese tema, es cierto, pero vuelve sin pensarlo. Por ejemplo, ‘Barrefondo’ (otra novela) nació como una historia pseudopolicial anclada en el conurbano bonaerense. Pero surgió la referencia a Campo de Mayo. Está ese lugar, con todo lo que representa”, explica Bruzzone.

A Campo de Mayo retorna por diferentes medios. El físico, teniendo en cuenta que vive a cinco cuadras de allí. Y el literario, porque constituye la materia del proyecto en el que está trabajando. “La represión no es sólo la ESMA, hay muchos otros sitios a los que no se les da bola -apunta Bruzzone-. Campo de Mayo es un lugar extraño, creo que en muy poco tiempo va a quedar totalmente desligado de lo militar. Pero se necesitan políticas de Estado al respecto”.

¿Y cómo es el abordaje a la hora de escribir? “Lo que desarrollo son reflexiones que tienen como fondo esa cuestión histórica, y de la historia pidiéndole cosas al presente”, resume.

“La obra de Bruzzone revela una nueva manera de escribir la desaparición. Bruzzone no escribe sobre la desaparición, es decir, no articula las razones, los procesos, las consecuencias de la represión. El narrador siempre evade su experiencia personal en relación al pasado, así que aunque la narrativa tenga un tono íntimo, no busca una identificación política del lector o una empatía basada en la victimización”. (M. Edurne Portela, en el artículo “Félix Bruzzone y la memoria anti-militante)

“Pasado y presente-Obra narrativa actual” se tituló la charla que Bruzzone brindó en el Ente de Cultura. Es una aproximación del Mayo de las Letras a las voces que van definiendo los rasgos de la literatura argentina contemporánea. En el caso de Bruzzone se trata de posturas y decisiones tan firmes que resultan insoslayables en su prosa. Por ejemplo, la determinación de no haberse integrado a Hijos.

“No me acerqué porque no sentí esa necesidad, no es algo que se pueda intelectualizar -advierte-. Salvo que uno elija la militancia y decida que ese es el lugar para hacerlo. Yo me di cuenta de que no me identificaba como militante de nada. No puedo decir ‘todos los que reprimieron son tal cosa’, hay una mirada de matices, de grises. Esa es la tarea de socavamiento del arte, ¿no?”

Bruzzone es un fervoroso adherente al concepto de vagancia constitutiva. ¿Cómo es eso? “Es trabajar sobre los temas que están más cerca -define-. Vivo cerca de Campo de Mayo... escribo sobre eso. Limpio piletas (no es broma)... escribo sobre eso. Soy hijo de desaparecidos... y así. Después viene el trabajo del novelista con la historia”.

- ¿Por qué decís que el fernet es la bebida del kirchnerismo?

- Porque el kirchnerismo nació después de la crisis de 2001. Hay un componente trágico y festivo a la vez. El fernet es así, amargo, pero lo tomamos en las fiestas.

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