Los señores del rescate

Los señores del rescate

La historia de un equipo francés.

RECOBRANDO FUERZAS. Lardeau Al Heraiz y Mathieu, mientras desayunaban, mantuvieron una charla con LG Deportiva. RECOBRANDO FUERZAS. Lardeau Al Heraiz y Mathieu, mientras desayunaban, mantuvieron una charla con LG Deportiva.
Los días pasan y el cronómetro sigue contando. El cansancio se acumula. Pero todos los competidores saben que -si el reloj del Dakar se detiene- tenés que subir a un avión y volver al país de origen. Es por eso que da la sensación de que en esta competencia nadie duerme. La actividad es constante y ayer a la madrugada, mientras los pilotos que lideran la carrera descansaban, las luces de los rezagados iluminaban frenéticamente el camino a los valles. Era un enlace, pero tenían que acelerar si querían llegar a la próxima etapa. Camiones, cuatriciclos, motos y autos. Todos figuraban en esa lista en la que nadie quiere ver escrito su nombre.

Pasada la medianoche se había liberado el tránsito en la 307. Y muchos vehículos particulares comenzaron a circular hacia Amaicha en busca de un lugar para despedir la competencia que seguía camino a Salta. Más de uno se quedó helado ante las majestuosas luces de halógeno de los camiones que bajaban a toda velocidad. La potencia de esas enormes ruedas transmitía adrenalina y respeto. Y, si había sueño, la modorra desaparecía en un segundo.

Eran casi las tres de la mañana cuando LG Deportiva llegó a Amaicha. En un bar de la esquina de la plaza San Martín la música y la cerveza divertía la noche. Y, era tanta la algarabía, que algunos competidores o miembros de los equipos de asistencia saludaban con bocinazos a los turistas.

Desayuno en Amaicha

Las etapas que se corrieron entre Catamarca y Tucumán fueron devastadoras. Muchos pilotos tuvieron que abandonar la carrera y hubo trabajo de sobra para los equipos de asistencia que remolcaron los vehículos hasta Salta. Ahí entró en escena Team Lardeau Competition, un grupo que hace 28 años acompaña a los competidores del Dakar.

El clima era agradable y los sabores del desayuno invitaban a relajarse. Patrick Lardeau se sacó la remera negra que lleva impreso el nombre de su empresa y se sentó bajo la sombra de uno de los árboles que rodea a un bar. Lo acompañaban Abdulla Al Heraiz, de Dubai y el francés Mendosa Mathieu, todos miembros del mismo equipo.

“En esta carrera estamos asistiendo a cuatro autos que están en la prueba. Uno de estos corredores tuvo que dejar su vehículo en Belén y de ahí me llamaron para que los fuera buscar. Ahora tenemos que remolcarlo hasta Salta”, explicó.

Los pilotos que habían abandonado la competencia eran los italianos Pietro Cinnoto y Maurizio Dominella que tuvieron que dejar atrás la Toyota 396 en la que corrían para viajar a Salta y desde ahí tomar un avión que los lleve de vuelta a su país.

El Team Lardeau asistió camiones y motos pero, en la edición de este año, trabajo sólo con autos. Y esta es la quinta vez que pisan tierras argentinas. “Me gusta mucho estará acá. Hay mucha gente que te ofrece su ayuda cuando tenés un problema. Te ayudan todos ya sean mujeres niños u hombres. Ayer tuvimos un problema en uno de los vehículos y nos prestaron un garage para que pudiéramos reparar la avería. Estoy muy contento de venir”, agregó.

Pero la historia del Dakar en América del Sur es muy joven cuando se la compara con las décadas que los pilotos pasaron recorriendo las arenas de África. O, como dijo Al Heraiz, la vieja y la nueva vida de la competencia.

Al contrastar una experiencia con otra, Patrick Lardeau no entre en comparaciones difusas. “Son completamente diferentes. En África la gente no tiene dinero para comer y todo lo que necesitás lo conseguís con plata. Cuando el Dakar va al África la gente que vive ahí busca ganar dinero”, remarcó.

“En Argentina es más parecido a Europa porque sus habitantes van en sus propios autos acompañando la actividad de la competencia. África casi no tiene infraestructura y sólo se consigue algo para comer. Acá, si querés comer pan, lo tenés. Es muy difícil comparar la carrera de África con la de Argentina porque son dos realidades opuestas y distintas”, continuó.

En medio de la charla, Al Heraiz acercó una cámara y mostró las fotos que se sacaron junto con la familia que les prestó el garage el día anterior. Y después de un breve silencio Lardeau explicó: “el Dakar es un sueño que emprende un hombre y que puede convertirse en una odisea. Es difícil decir que uno es mejor que el otro. Por eso me gusta África y me gusta Argentina”.

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