22 Octubre 2012 Seguir en 
El ex presidente de Brasil, Luis Inacio "Lula" Da Silva, estuvo brevemente en la Argentina en esta semana, pero como ya había evidenciado en otros viajes, su mensaje y su presencia se transformaron en enseñanzas políticas y ejemplos de sociabilidad que bien merecen la pena recalcarse. El obrero que ocupó la presidencia de su país entre 2003 y 2011 se ganó la consideración de la historia por haber impulsado profundos cambios sociales y económicos que catapultaron a Brasil a ser una de las ocho principales potencias del mundo.
Los pergaminos de Lula trascendieron las fronteras de Brasil, a tal punto que se transformó en un líder político de referencia internacional, en gran medida por los éxitos de su gestión y por las estrategias de consenso que impulsó. Las revistas Time y Newsweek lo consideraron en 2010 y 2008 como una de las personalidades más influyentes del planeta, una distinción que también interpretaron los diarios El País de Madrid, Le Monde y The Financial Times. El hombre que fue tornero (no logró terminar la educación formal), sindicalista combatiente (estuvo preso tres años por encabezar huelgas contra la dictadura brasileña) y luchador político inquebrantable (armó el Partido de los Trabajadores y juró su cargo envuelto en el llanto, tras pronunciar un memorable discurso) adquirió enseguida dotes de estadista para llevar a Brasil a una senda de crecimiento, igualdad, justicia y desarrollo, en base a programas de inclusión social y planes económicos con metas de inflación, aprovechando cono ninguno los excepcionales precios de los commodities agrarios. Lula no buscó reformar la Constitución de Brasil para intentar una reelección, pese a los enormes niveles de popularidad que mantuvo en los últimos años de su gobierno y dejó su lugar a Dilma Rousseff, una de las dirigentes de su partido y amiga suya. Hombre de izquierda, crítico tenaz de las políticas de los organismos multilaterales (el FMI), no dudó en acercarse al empresariado brasileño para señar alianzas y proyectos. "Tuve que pasar de dirigirme a mis compañeros del partido a incorporar al conjunto de la sociedad y ese cambio incluyó como compañero de fórmula a un empresario, José Alencar", dijo en Mar del Plata, a donde viajó para disertar en el Coloquio de IDEA. En ese encuentro de hombres de negocios, Lula defendió los pilares de las políticas que impulsó: "la estabilidad en los precios, la estabilidad jurídica, el rigor fiscal y la firme decisión de políticas activas de inclusión social". Y tuvo también duros cuestionamientos con la inflación, a la que calificó como "el impuesto a los pobres". El ex presidente brasileño se había reunido antes con la jefa de Estado, Cristina Fernández de Kirchner, con el vicepresidente Amado Boudou, con miembros de la agrupación Unidos y Organizados, y en el marco de la reunión empresaria, dialogó con dirigentes del Frente Amplio Progresista, que conduce el ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, y con el mandatario cordobés José Manuel de la Sota, entre otros. En realidad, Lula acaparó la atención de todos los asistentes al foro de IDEA y la mayoría quería una foto con él o estrecharle la mano. Esas muestras de reconocimiento y simpatía que cosechó Lula a su paso por la Argentina dejan una fuerte enseñanza sobre las ventajas de la construcción de una política sobre la base del diálogo, la búsqueda de consenso y la correcta negociación entre los sectores sindicales, empresarios y políticos, aún con ideas e intereses distintos pero unidos con el objetivo común de la grandeza del conjunto. La experiencia del ex estadista brasileño muestra un camino posible, más allá de las diferencias que a veces parecen irreconciliables entre los distintos grupos sociales que conforman un país.
Los pergaminos de Lula trascendieron las fronteras de Brasil, a tal punto que se transformó en un líder político de referencia internacional, en gran medida por los éxitos de su gestión y por las estrategias de consenso que impulsó. Las revistas Time y Newsweek lo consideraron en 2010 y 2008 como una de las personalidades más influyentes del planeta, una distinción que también interpretaron los diarios El País de Madrid, Le Monde y The Financial Times. El hombre que fue tornero (no logró terminar la educación formal), sindicalista combatiente (estuvo preso tres años por encabezar huelgas contra la dictadura brasileña) y luchador político inquebrantable (armó el Partido de los Trabajadores y juró su cargo envuelto en el llanto, tras pronunciar un memorable discurso) adquirió enseguida dotes de estadista para llevar a Brasil a una senda de crecimiento, igualdad, justicia y desarrollo, en base a programas de inclusión social y planes económicos con metas de inflación, aprovechando cono ninguno los excepcionales precios de los commodities agrarios. Lula no buscó reformar la Constitución de Brasil para intentar una reelección, pese a los enormes niveles de popularidad que mantuvo en los últimos años de su gobierno y dejó su lugar a Dilma Rousseff, una de las dirigentes de su partido y amiga suya. Hombre de izquierda, crítico tenaz de las políticas de los organismos multilaterales (el FMI), no dudó en acercarse al empresariado brasileño para señar alianzas y proyectos. "Tuve que pasar de dirigirme a mis compañeros del partido a incorporar al conjunto de la sociedad y ese cambio incluyó como compañero de fórmula a un empresario, José Alencar", dijo en Mar del Plata, a donde viajó para disertar en el Coloquio de IDEA. En ese encuentro de hombres de negocios, Lula defendió los pilares de las políticas que impulsó: "la estabilidad en los precios, la estabilidad jurídica, el rigor fiscal y la firme decisión de políticas activas de inclusión social". Y tuvo también duros cuestionamientos con la inflación, a la que calificó como "el impuesto a los pobres". El ex presidente brasileño se había reunido antes con la jefa de Estado, Cristina Fernández de Kirchner, con el vicepresidente Amado Boudou, con miembros de la agrupación Unidos y Organizados, y en el marco de la reunión empresaria, dialogó con dirigentes del Frente Amplio Progresista, que conduce el ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, y con el mandatario cordobés José Manuel de la Sota, entre otros. En realidad, Lula acaparó la atención de todos los asistentes al foro de IDEA y la mayoría quería una foto con él o estrecharle la mano. Esas muestras de reconocimiento y simpatía que cosechó Lula a su paso por la Argentina dejan una fuerte enseñanza sobre las ventajas de la construcción de una política sobre la base del diálogo, la búsqueda de consenso y la correcta negociación entre los sectores sindicales, empresarios y políticos, aún con ideas e intereses distintos pero unidos con el objetivo común de la grandeza del conjunto. La experiencia del ex estadista brasileño muestra un camino posible, más allá de las diferencias que a veces parecen irreconciliables entre los distintos grupos sociales que conforman un país.







