24 Diciembre 2011 Seguir en 
EL RESPETO
Somos tan irrespetuosos que ya no nos damos cuenta. Ya lo incorporamos a nuestra forma de vida. Si no tenemos argumentos, los inventamos; todo es por izquierda. Si somos conductores o choferes aplicamos la ley del más fuerte y ni miramos al de la derecha que tendría el paso. Si hacés la cola que por escasez de combustible a veces es de diez vehículos, pestañeaste y ya tenés un oportunista adelante. O alguno que sacó la chapa de persona importante, te atropella y se hace atender. Ni qué decir de las oficinas públicas, de los bancos y de los hospitales: el clientelismo y el amiguismo van de la mano, y por más que hayas pasado toda la noche para conseguir el primer número para que pagues y te atiendan a la hora que les viene en gana, siempre hay dos o tres invisibles del día anterior delante de ti. Pero no nos vayamos lejos: en el almacén de tu barrio hay cuatro o cinco personas esperando y llega "el bobina" en su moto con el escape libre que, a propósito, acelera y larga su frase matadora: "deme un cigarrito suelto, tengo justo". No le importa si a la abuela se le quema el guiso, si el bebé que llora necesita un pañalín o ese laburante que espera su fiambre para seguir yugando. El descarado, antes de irse, manguea fuego faltándoles el respeto a todos. ¿Abolieron esa famosa palabrita que, para que la entendiéramos y la aplicáramos, venía a veces acompañada de un orejazo o de un coscorrón y era llamada respeto? En algún viejo diccionario aún debe figurar.
Francisco Amable Díaz
Pedro G. Sal 1.180
San Miguel de Tucumán
Somos tan irrespetuosos que ya no nos damos cuenta. Ya lo incorporamos a nuestra forma de vida. Si no tenemos argumentos, los inventamos; todo es por izquierda. Si somos conductores o choferes aplicamos la ley del más fuerte y ni miramos al de la derecha que tendría el paso. Si hacés la cola que por escasez de combustible a veces es de diez vehículos, pestañeaste y ya tenés un oportunista adelante. O alguno que sacó la chapa de persona importante, te atropella y se hace atender. Ni qué decir de las oficinas públicas, de los bancos y de los hospitales: el clientelismo y el amiguismo van de la mano, y por más que hayas pasado toda la noche para conseguir el primer número para que pagues y te atiendan a la hora que les viene en gana, siempre hay dos o tres invisibles del día anterior delante de ti. Pero no nos vayamos lejos: en el almacén de tu barrio hay cuatro o cinco personas esperando y llega "el bobina" en su moto con el escape libre que, a propósito, acelera y larga su frase matadora: "deme un cigarrito suelto, tengo justo". No le importa si a la abuela se le quema el guiso, si el bebé que llora necesita un pañalín o ese laburante que espera su fiambre para seguir yugando. El descarado, antes de irse, manguea fuego faltándoles el respeto a todos. ¿Abolieron esa famosa palabrita que, para que la entendiéramos y la aplicáramos, venía a veces acompañada de un orejazo o de un coscorrón y era llamada respeto? En algún viejo diccionario aún debe figurar.
Francisco Amable Díaz
Pedro G. Sal 1.180
San Miguel de Tucumán







