La transformación de la reina malvada

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 26 Octubre 2011
Cuando la conocés, es la reina malvada de un mundo muy distinto al de tu mamá. Tu novia, que viene con una familia que le da identidad, incorporará a tu vida todos los hábitos que trae de su mamá: pondrá la azucarera en el mismo lugar de la alacena, organizará su toilette igual. Te llegarán hábitos de comida desconocidos: si tiene ascendencia alemana, algún apfelstrudel; y si sus ancestros son de Medio Oriente, paulatinamente cambiarás el bife con ensalada de tu mamá por unas extrañas sopas blancas de sombreritos o un tabbule en medio de tus asados. Cuando te des cuenta, te quejarás de que tu mujer puso a su madre y relegó a la tuya.

En los primeros años, cuando vaya a tu casa, hará frecuentes aportes a la crianza de los chicos, siempre contradiciendo tus ideas. Los va a mimar de más o los va a retar de más. Y no podrás hacer nada.

Un día descubrís que has estado más tiempo vinculado con ella que con tu mamá. Que te consiente con ciertas comidas -las que siempre hizo, sólo que ahora te gustan-; que te apoya en tus iniciativas (locas y cuerdas) y que en las diferencias conyugales se pone más bien de tu lado, al punto que tu mujer puede llegar a acusarte de haberle robado la madre. En realidad es una victoria pírrica de una larga batalla contra esa reina -que no era malvada- y que cambió tu mundo sin que te dieras cuenta.

En los primeros años, cuando vaya a tu casa, hará frecuentes aportes a la crianza de los chicos, siempre contradiciendo tus ideas. Los va a mimar de más o los va a retar de más. Y no podrás hacer nada.

Un día descubrís que has estado más tiempo vinculado con ella que con tu mamá. Que te consiente con ciertas comidas -las que siempre hizo, sólo que ahora te gustan-; que te apoya en tus iniciativas (locas y cuerdas) y que en las diferencias conyugales se pone más bien de tu lado, al punto que tu mujer puede llegar a acusarte de haberle robado la madre. En realidad es una victoria pírrica de una larga batalla contra esa reina -que no era malvada- y que cambió tu mundo sin que te dieras cuenta.

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