150.000 rosas en homenaje a las víctimas
Todo el país se movilizó para recordar a los muertos del doble ataque. El príncipe heredero, Haakon y el primer ministro encabezaron en Oslo el acto. Comienza a ponerse en entredicho el accionar de la Policía en los operativos de búsqueda del atacante. Prisión preventiva para el autor de la masacre. Breivik no se declaró culpable
26 Julio 2011 Seguir en 
OSLO.- Con 150.000 rosas alzadas al cielo y varios minutos de silencio, los habitantes de la capital del país se concentraron en el puerto para rendir un sentido homenaje a las víctimas del doble atentado del viernes. No se recordaba una concentración tan multitudinaria desde la Segunda Guerra Mundial. Los noruegos fluyeron desde los cuatro costados con una flor en la mano para asistir a lo que se ha dado en llamar "el desfile de la rosa".
"Vinimos por solidaridad, para estar todos juntos y compartir nuestra pena", explicó Tone Mari Steinmoen, de 36 años. "Es un momento de comunión importante para nuestro país", añadió.
Al cabo de unos minutos la circulación quedó cortada en las principales arterias de la ciudad y ante el tamaño de la concentración un organizador anunció que se anulaba el cortejo previsto y era preferible que todo el mundo se quedara donde estaba.
"Esta noche, las calles están llenas de amor", declaró el príncipe heredero Haakon, ovacionado por la muchedumbre a orillas del fiordo de la capital noruega.
"Los que se encontraban en el barrio gubernamental y en Utoya eran blancos del terror. Pero nos alcanzó a todos", añadió. "Estamos aquí para demostrar que somos una sociedad de mentalidad abierta y respetuosa", comentó Roy Kvatningen, de 37 años, que acudió con su hija de seis.
Las palabras del primer ministro noruego Jens Stoltenberg también conmovieron a los asistentes: "El mal puede matar a una persona, pero no puede matar a un pueblo", dijo, pidiendo que no haya "nunca más un 22 de julio". Esta emotiva manifestación coincidió con la comparecencia ante el juez del presunto autor de la matanza Anders Behring Breivik, de 32 años, contra el que se dictó prisión preventiva.
Pero en la concentración no se palpaba odio ni ira. "No sentimos nada hacia él. Nos nos preocupa, estamos aquí por nuestro país, por las víctimas, por sus familiares, no por él", explicaba Bénédicte Larodd, de 26 años.
Los mensajes de Eskil Pedersen, dirigente del movimiento de la juventud laborista diezmado en el tiroteo en una isla cercana a Oslo, y el alcalde de la capital Fabian Stang tampoco dejaron indiferentes a nadie. "Vamos a castigar al culpable. El castigo será más generosidad, más tolerancia, más democracia", aseguró el alcalde. Acto seguido, sonaron algunas melodías y se coreó el himno nacional. "Para la juventud", una canción compuesta en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y convertida en himno antinazi de la resistencia noruega cerró el acto. Los homenajes reunieron a miles de personas en otras ciudades noruegas.
La labor policial ha sido puesta en tela de juicio desde el mismo día de los atentados. Es que nadie logra entender cómo los agentes tardaron una hora en llegar a la isla, donde los jóvenes eran abatidos indiscriminadamente por las balas de Breivik. Una fuente policial aseguró que si llegaron tarde fue porque no tenían un barco con la capacidad necesaria para transportar al equipo capaz de enfrentarse al terrorista. (DPA-Especial)
"Vinimos por solidaridad, para estar todos juntos y compartir nuestra pena", explicó Tone Mari Steinmoen, de 36 años. "Es un momento de comunión importante para nuestro país", añadió.
Al cabo de unos minutos la circulación quedó cortada en las principales arterias de la ciudad y ante el tamaño de la concentración un organizador anunció que se anulaba el cortejo previsto y era preferible que todo el mundo se quedara donde estaba.
"Esta noche, las calles están llenas de amor", declaró el príncipe heredero Haakon, ovacionado por la muchedumbre a orillas del fiordo de la capital noruega.
"Los que se encontraban en el barrio gubernamental y en Utoya eran blancos del terror. Pero nos alcanzó a todos", añadió. "Estamos aquí para demostrar que somos una sociedad de mentalidad abierta y respetuosa", comentó Roy Kvatningen, de 37 años, que acudió con su hija de seis.
Las palabras del primer ministro noruego Jens Stoltenberg también conmovieron a los asistentes: "El mal puede matar a una persona, pero no puede matar a un pueblo", dijo, pidiendo que no haya "nunca más un 22 de julio". Esta emotiva manifestación coincidió con la comparecencia ante el juez del presunto autor de la matanza Anders Behring Breivik, de 32 años, contra el que se dictó prisión preventiva.
Pero en la concentración no se palpaba odio ni ira. "No sentimos nada hacia él. Nos nos preocupa, estamos aquí por nuestro país, por las víctimas, por sus familiares, no por él", explicaba Bénédicte Larodd, de 26 años.
Los mensajes de Eskil Pedersen, dirigente del movimiento de la juventud laborista diezmado en el tiroteo en una isla cercana a Oslo, y el alcalde de la capital Fabian Stang tampoco dejaron indiferentes a nadie. "Vamos a castigar al culpable. El castigo será más generosidad, más tolerancia, más democracia", aseguró el alcalde. Acto seguido, sonaron algunas melodías y se coreó el himno nacional. "Para la juventud", una canción compuesta en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y convertida en himno antinazi de la resistencia noruega cerró el acto. Los homenajes reunieron a miles de personas en otras ciudades noruegas.
La labor policial ha sido puesta en tela de juicio desde el mismo día de los atentados. Es que nadie logra entender cómo los agentes tardaron una hora en llegar a la isla, donde los jóvenes eran abatidos indiscriminadamente por las balas de Breivik. Una fuente policial aseguró que si llegaron tarde fue porque no tenían un barco con la capacidad necesaria para transportar al equipo capaz de enfrentarse al terrorista. (DPA-Especial)







