25 Febrero 2011 Seguir en 
El ansia de volver a ver a su hermano pudo más que la larga espera. Al verlo bajar de una de las combis, Corina Ledesma dejó atrás la angustia y pudo abrazar a Ramón, uno de los obreros rurales que vivieron hacinados en un campo de uva de La Pampa. Por esa situación, la Justicia Federal abrió una causa por presunta trata de personas.
Los 32 trabajadores golondrinas retornaron ayer a la provincia luego de 26 días. En dos vehículos contratados por el gobierno pampeano, los tucumanos llegaron como golondrinas, unidos y aliviados, recordando cada momento de su odisea: desde el inicio del viaje, la llegada al viñedo de la firma Alto Valle del Río Colorado, los padecimientos y el operativo del Ministerio de Trabajo y de la Policía Federal, hasta el paso por tribunales para testimoniar lo que debieron pasar.
"Fue la primera vez que trabajé en una cosecha, y será mi última como golondrina después de lo que pasamos. No queremos volver a padecer lo mismo", manifestó a LA GACETA Armando Galván. Con sólo 20 años, el joven fue testigo fiel de las irregularidades laborales: "sentí que estábamos esclavizados", afirmó.
"Vivíamos en dos containers amontonados, soportando el calor. Nos pagaban $ 100 para subsistir siete días. Y si queríamos trasladarnos al pueblo, a 25 kilómetros del la finca, debíamos alquilar una tráfic que costaba $ 15 la ida y la vuelta. Pero ese dinero no alcanzaba, y a mitad de semana ya no había qué comer y nos manteníamos con mate, compartiendo y racionalizando el pan. El objetivo era tratar de sobrevivir", enfatizó el joven.
La denigración laboral llegó a consumir la salud del grupo, afirmaron al llegar. Galván relató que en el campamento no había agua potable. "Tomábamos agua e inmediatamente teníamos dolor de cabeza y de estómago. Nos decían que estaba potabilizada, pero no era así. Se sentía hasta el sabor de la tierra", detalló.
Galván incursionó en el empleo rural porque necesitaba trabajo para lograr el bienestar de su familia. En ese momento, el acuerdo consistió en el pago de $ 4 por canasta de uva cosechada (como un cajón de manzana), pero el convenio no fue respetado. "Al llegar al viñedo nos dijeron que iban a pagarnos $ 3 la bandeja (20 bandejas por $ 60). No nos redituaba ese dinero porque el costo de vida allí es alto: un kilo de carne vale $ 45 y uno de pan cuesta entre $ 7 y $ 9", dijo Ramón Soraire, de 59 años.
Los empleados golondrina estuvieron incomunicados varios días tras el operativo oficial por presunto trabajo esclavo e incumplimiento los derechos laborales, denunciado por los mismos tucumanos. "Había dos baños y una ducha para 40 personas, y los primeros dos días no teníamos qué comer", comentó Soraire.
Damián Barrionuevo, de 24 años, trabajaba en una panadería en forma temporaria. Pero en noviembre del año pasado se quedó sin trabajo y no dejó pasar la oportunidad de viajar a La Pampa. "Ahora hay que salir a buscar un empleo. La mayoría del grupo se desempeña en la construcción y en panaderías. Esperemos conseguir algo ahora", estimó Barrionuevo, quien tiene una hija.
Los obreros rurales regresaron ayer a su hogar, en los barrios capitalinos 140 viviendas, El Salvador, 11 de Marzo, Las Palmeras y Ejército Argentino. Otro tanto es oriundo de La Florida y La Banda del Río Salí. Aunque antes lograron que el secretario de Gobierno provincial, Marcelo Caponio, los reciba en la sede del Ejecutivo. En la reunión, el funcionario planteó la posibilidad de otorgarles subsidios para cubrir sus necesidades y acompañarlos en las gestiones judiciales.
Los 32 trabajadores golondrinas retornaron ayer a la provincia luego de 26 días. En dos vehículos contratados por el gobierno pampeano, los tucumanos llegaron como golondrinas, unidos y aliviados, recordando cada momento de su odisea: desde el inicio del viaje, la llegada al viñedo de la firma Alto Valle del Río Colorado, los padecimientos y el operativo del Ministerio de Trabajo y de la Policía Federal, hasta el paso por tribunales para testimoniar lo que debieron pasar.
"Fue la primera vez que trabajé en una cosecha, y será mi última como golondrina después de lo que pasamos. No queremos volver a padecer lo mismo", manifestó a LA GACETA Armando Galván. Con sólo 20 años, el joven fue testigo fiel de las irregularidades laborales: "sentí que estábamos esclavizados", afirmó.
"Vivíamos en dos containers amontonados, soportando el calor. Nos pagaban $ 100 para subsistir siete días. Y si queríamos trasladarnos al pueblo, a 25 kilómetros del la finca, debíamos alquilar una tráfic que costaba $ 15 la ida y la vuelta. Pero ese dinero no alcanzaba, y a mitad de semana ya no había qué comer y nos manteníamos con mate, compartiendo y racionalizando el pan. El objetivo era tratar de sobrevivir", enfatizó el joven.
La denigración laboral llegó a consumir la salud del grupo, afirmaron al llegar. Galván relató que en el campamento no había agua potable. "Tomábamos agua e inmediatamente teníamos dolor de cabeza y de estómago. Nos decían que estaba potabilizada, pero no era así. Se sentía hasta el sabor de la tierra", detalló.
Galván incursionó en el empleo rural porque necesitaba trabajo para lograr el bienestar de su familia. En ese momento, el acuerdo consistió en el pago de $ 4 por canasta de uva cosechada (como un cajón de manzana), pero el convenio no fue respetado. "Al llegar al viñedo nos dijeron que iban a pagarnos $ 3 la bandeja (20 bandejas por $ 60). No nos redituaba ese dinero porque el costo de vida allí es alto: un kilo de carne vale $ 45 y uno de pan cuesta entre $ 7 y $ 9", dijo Ramón Soraire, de 59 años.
Los empleados golondrina estuvieron incomunicados varios días tras el operativo oficial por presunto trabajo esclavo e incumplimiento los derechos laborales, denunciado por los mismos tucumanos. "Había dos baños y una ducha para 40 personas, y los primeros dos días no teníamos qué comer", comentó Soraire.
Damián Barrionuevo, de 24 años, trabajaba en una panadería en forma temporaria. Pero en noviembre del año pasado se quedó sin trabajo y no dejó pasar la oportunidad de viajar a La Pampa. "Ahora hay que salir a buscar un empleo. La mayoría del grupo se desempeña en la construcción y en panaderías. Esperemos conseguir algo ahora", estimó Barrionuevo, quien tiene una hija.
Los obreros rurales regresaron ayer a su hogar, en los barrios capitalinos 140 viviendas, El Salvador, 11 de Marzo, Las Palmeras y Ejército Argentino. Otro tanto es oriundo de La Florida y La Banda del Río Salí. Aunque antes lograron que el secretario de Gobierno provincial, Marcelo Caponio, los reciba en la sede del Ejecutivo. En la reunión, el funcionario planteó la posibilidad de otorgarles subsidios para cubrir sus necesidades y acompañarlos en las gestiones judiciales.








