Un esquema que avanza con esfuerzo

Análisis.

Por Fernando García Soto 09 Febrero 2011
El hecho de que sólo nueve ingenios sobre un total de 23 que operan en el país puedan participar por segundo año consecutivo del programa nacional de biocombustibles demuestra lo difícil que les resulta a la mayoría de las empresas azucareras hacer frente a las millonarias inversiones que demanda el nuevo esquema productivo. Para colmo, el año pasado, durante varios meses la Secretaría de Energía no actualizó los precios del etanol, para compensar el congelamiento de los valores de las naftas que propició con el fin de combatir la inflación. Este factor desalentador de inversiones se sumó al hecho de que los precios del azúcar -interno y externo- alcanzaron niveles récords, lo que puede haber restado atractivo el gasto en proyectos energéticos.

Lo más interesante de la última Resolución de Energía -la 1.673, recién difundida- es que suma dos nuevos jugadores de fuste, pioneras en el esquema a través de la producción de biodiesel, como son Vicentín y Biomadero. También es algo clave que finalmente se consiga alcanzar en este período el tan mentado corte del 5% de etanol en las naftas, luego de que en el primer año de producción los ingenios tuvieran que allanarse a incorporar apenas un 2% del derivado de la caña de azúcar a los combustibles.

Todo parece indicar que la tendencia es a que, cada año, las empresas aumenten los volúmenes de producción de etanol y a que haya nuevos oferentes, pese a que la mayoría de los proyectos se ejecuten sin apoyo financiero de ningún tipo.

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