Tatuajes

Hace 30 años los portaban quienes pertenecían a ámbitos marginales, pero hoy se han masificado y constituyen un fenómeno sociológico. Uno de cada diez adolescentes está tatuado. ¿Cuáles son los orígenes de esta moda, sus riesgos y su significado? Por Alina Diaconú - para LA GACETA - Buenos Aires.

12 Diciembre 2010
"La moda no es sino una epidemia bien dirigida".

George Bernard Shaw


Hará más de 30 años, teníamos un amigo muy, pero muy original, un verdadero excéntrico. Tenía tatuados en uno de sus brazos varios dibujos: un corazón flechado, una rosa con espinas y algunos símbolos más. Recuerdo con perfección aquella flor color carmesí, un poco burda, pero muy llamativa, que aparecía cada vez que movía su antebrazo, en verano por supuesto, cuando usaba camisas o chombas de manga corta. Tanto me impresionó esa flor que recuerdo haber escrito un cuento -perdido hoy entre mis montañas de papeles-  titulado La rosa epidérmica.
Claro que el caso de ese amigo y la causa de sus tatuajes respondía a algo concreto: en sus años mozos, entre las varias ocupaciones que había tenido, estaba la de marinero, que lo hizo conocer países insólitos y que lo llevó a escribir luego un libro de poemas que llegó a publicar. El personaje en cuestión era el escultor Jorge Michel.
Sus tatuajes vienen hoy a mi memoria porque en aquellos tiempos uno no solía ver gente que llevara esas pinturas bajo la piel, a menos que se tratara de ámbitos turbios como el prostibulario, el carcelero o el de los marineros, precisamente.
Los tiempos han cambiado... ¡y cuánto! Hoy día casi ni nos llaman la atención estos dibujos grabados con sangre y fuego, con pigmentos de colores y dolores, o simplemente en negro a lo largo y a lo ancho de los cuerpos, en extensiones que cada vez son mayores.
La moda comenzó con un pequeño tatuaje en un hombro, en la nuca, en un pie. Era una mariposa o una flor o una estrella.
Ahora los brazos, las piernas y los torsos se ven cubiertos por verdaderas escenas, impecablemente diseñadas, donde hay figuras, nombres, ornamentos entrelazados, etcétera.
Lo cual nos lleva a rememorar películas o fotografías de tribus maoríes, donde esos profusos tatuajes tenían una profunda connotación ritual y guerrera y donde también servían para asustar a las tribus enemigas.

Orígenes
Los tatuajes comenzaron a aparecer en el mundo en la era neolítica y hará una década, dentro de un glaciar de los Alpes, fue hallada una momia de ese período, de 5.200 años de antigüedad (que fue llamada el Hombre de Hielo), que tenía en su espalda más de 50 tatuajes que, presumiblemente, señalaban problemas de salud en su cuerpo.
Posteriormente, los encontramos en la Polinesia, donde las tribus los utilizaban como ornamentación, conjugando estética con jerarquía. Los tatuajes también fueron usados con sentido simbólico en el antiguo Egipto, especialmente entre las mujeres, donde adoptaban un sentido mágico y funciones de protección contra los malos espíritus. Con un sentido completamente diferente y discriminatorio, en la Grecia y Roma de la Antigüedad, los tatuajes servían para marcar a los delincuentes o criminales.
En Oriente (Japón), el tatuaje arribó en el siglo X y tuvo una larga tradición hasta que fue prohibido por el emperador Mathuhito, por razones comerciales, para no dar al mundo una mala impresión.
En América, los amerindios del Norte protegían su alma a través de los tatuajes; y en América Central y en Sudamérica se los utilizaba, sobre todo, cuando se pasaba de la adolescencia a la edad adulta para adorar a los dioses. Cuentan que el tatuaje llegó al Occidente moderno a través del mar y de las expediciones que se hicieran a la Polinesia.
Pareciera ser que el primer estudio de tatuaje se abrió en Nueva York en el año 1870.
De todos modos fue sólo en la última década que el tatuaje se fue introduciendo en nuestras sociedades -Argentina inclusive- por razones netamente estéticas. Comenzó entre los adolescentes y su look tribal, como símbolo de una forma de pertenencia y de protesta.  Luego, y gracias a ejemplos paradigmáticos como lo son los líderes de opinión (políticos, deportistas, famosos cantantes, actores y modelos tatuados), la tendencia terminó convirtiéndose en lo que es hoy, una moda para todo tipo de gente, de distintas edades, sexo y condición social, sobre todo en los centros urbanos y, por esu creciente popularidad, en un verdadero fenómeno sociológico.

Una moda extendida
Leímos hace poco que en la Galería Bond Street de Buenos Aires, especializada en el rubro, pasan más de 500 personas por día para tatuarse; y que aproximadamente el 10% de los adolescentes entre 12 y 18 años tiene algún tatuaje. Esta nueva "moda" se extiende también a los adultos, abarcando actualmente a entre el 3% y el 8% de la población general.
Los jóvenes y ya no tan jóvenes se están "decorando" de mil maneras sus cuerpos. Es un trabajo que lleva largas horas y estoicismo ante el inevitable sufrimiento. Implica, por supuesto, una invasión agresiva y dolorosa al cuerpo. Los dibujos se hacen con agujas cargadas de tintas y pigmentos, debajo de la piel, y la sangre que brota se va secando de a poco, a medida que se avanza en la "decoración". Nada que ver con los tatuajes pintados con henna, exhibidos especialmente por las mujeres de India y del Norte de Africa, que son superficiales, temporales (duran unos diez días), más delicados, más espirituales, placenteros y que decoran el cuerpo sin ningún dolor.
Los tatuajes y el piercing que están de moda hoy son otra cosa y agreden algo tan importante como la piel. Charlamos con el neurólogo argentino Héctor A. Zavala, ex Presidente de la Sociedad Neurológica Argentina. Interesado en el tema que nos ocupa, nos dice: "La piel es, quizás, una de las estructuras más complejas e importantes del cuerpo, es la puerta a través de la cual nos conectamos con el mundo circundante. En la piel están los receptores de casi todas las sensaciones: frío, calor, dolor, sensaciones agradables y desagradables". Y nos explica que desde la piel, todas esas percepciones viajan por los nervios periféricos hacia la médula espinal, pasan por el tálamo y luego suben  hasta la corteza cerebral sensitiva. "Mire si será importante la salud de la piel que si un quemado se quema el 20% de la superficie es muy grave, pero si se quema el 30% de su piel es mortal y no hay nada que hacer".
¿Cuáles son los peligros que corre la salud al adoptar estas "ilustraciones" hechas con agujas debajo de la piel y destinadas a la permanencia? Según las dermatólogas y profesoras chilenas María Luisa Pérez-Cotapos y María Laura Cossio, "las complicaciones asociadas al tatuaje incluyen: infecciones (hepatitis, HIV), alergias (granulomas, liquenoides), fotoxidad, y hasta sífilis;  sangradas, desgarro de tejidos, cicatrices y lesiones orales y dentales cuando se agrega también  el  famoso piercing".
El pigmento más usado  en los tatuajes es el carbón (grafito), además de extractos de plantas y óxidos minerales. Habría unos 50 pigmentos en uso de sales metálicas y colorantes sintéticos. Y se contaría -según estas doctoras- con investigaciones que describen que patologías psiquiátricas como los trastornos de personalidad -antisocial y limítrofe (borderline)- y el abuso de alcohol y drogas se asocian frecuentemente con la presencia de tatuajes.

¿Por qué nos tatuamos?
Además de las imágenes y símbolos, los tatuajes graban en la piel no sólo ornamentos y figuras, sino hasta frases enteras o máximas de este tenor: "Perdona a tu enemigo. No hay nada que lo enfurezca más"; "Las armas requieren espíritu como las letras"; "Love or Hate"; "El agradecimiento es la memoria del corazón"; "Carpe Diem"; "Sólo Dios me puede juzgar", y un largo etcétera.
Hay libros sobre tatuajes, revistas especializadas, programas de televisión donde se muestran las sesiones de tatuaje con el tipo de deseo de cada cliente y, por supuesto, películas. ¿Quién no recuerda el famoso film alemán Tattoo, un thriller de Robert Schwentke (2002) que hiciera furor en su momento; o, antes, en 1996, la famosa película de Peter Greenaway, drama de pasión, venganza y muerte en el ámbito japonés, titulada Escrito en el cuerpo, donde el tatuaje tenía un gran protagonismo?
No faltan las canciones tituladas así y recordamos ahora la del colombiano Silvio Brito, canción de amor que dice así: "Te llevo muy adentro como un tatuaje del alma".
Desde el punto de vista etimológico, tattoo viene de la palabra samoana tatau, importada por los marineros que viajaran a esas zonas del Pacífico. Su significado es "golpear o marcar dos veces", que era la manera tradicional de colocar las plantillas de tatuaje de los diseños  para realizar esos trabajos en esa parte del mundo.
¿Qué subyace -nos preguntamos- debajo de ese afán por tatuarse el cuerpo? ¿Inventarse una nueva identidad? ¿Eludir el anonimato, atrapando la mirada del otro? ¿Camuflar la verdadera naturaleza o la esencia de uno mismo? ¿Hacerlo como una forma de autoprotección? ¿Demostrar el descontento frente a lo que es la estética propia? ¿Cambiar de piel (en el sentido figurado y real) para parecerse a otra persona? ¿O se perseguirá así una nueva forma de seducción sexual? O bien, y yendo a una lucubración más profunda, ¿tener asegurado algo que, por lo indeleble, nadie te puede quitar?
Los tatuajes nos impresionan no sólo por la metodología que implican sino, más que nada, por su perdurabilidad o su larguísima vida sobre y dentro de la piel.
En  un mundo tan cambiante que privilegia lo efímero, adoptar esta inamovible forma de identificación y de singularidad parecería más que paradojal. Pero nuestro mundo está colmado de paradojas. Hablando de tatuajes, entonces, ¿qué le haría una mancha más al tigre? © LA GACETA

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