Los mejores discursos de García Márquez

Un libro explica cómo se convirtió en el colombiano más universal. Miguel Velárdez.

TODO UN COMPENDIO. En las alocuciones públicas de Gabo se pueden apreciar los temas que lo inquietan, así como también su rostro político, a partir de su opinión sobre la droga, la ecología y las armas nucleares. TODO UN COMPENDIO. En las alocuciones públicas de Gabo se pueden apreciar los temas que lo inquietan, así como también su "rostro político", a partir de su opinión sobre la droga, la ecología y las armas nucleares.
12 Diciembre 2010
¿Cómo hace un hombre para explicar cuándo, en qué momento y por iniciativa de quién se hizo escritor?... Gabriel García Márquez tuvo que enfrentar ese dilema ante un auditorio repleto que esperaba escuchar sus argumentos. Afligido por su timidez y su negación a dar discursos, no halló otra manera de decirlo que contando un cuento.
Ocurrió en 1970, en Caracas, donde llegó invitado al Ateneo de la capital venezolana. Aquella vez, Gabo dijo que se hizo escritor "a la fuerza", sólo para desafiar a un veterano periodista colombiano que se quejaba en público por la falta de nuevas y jóvenes plumas literarias. Contó el cuento de tal manera que hipnotizó a los circunstanciales oyentes como un solitario locutor de madrugada. Dos años antes había publicado Cien años de soledad, de modo que, a esa altura de su vida, ya tenía el tamaño de un prestidigitador de las palabras que iba camino a ser Nobel de Literatura.
Habló de un pequeño pueblo en el que nunca pasaba nada, pero en el que un día se corrió la voz de que algo malo iba a suceder. En su relato había tanto magnetismo que, mucho tiempo después, se publicó el cuento completo y fue tan exitoso que, Luis Alcoriza, un director de cine, lo convirtió en una película llamada Presagio. Este es uno de los 22 textos, que reúne los discursos del autor colombiano: desde el primero que ofreció en Zipaquirá (Colombia), en tiempos del bachillerato, hasta el último en la apertura del Congreso de la Lengua, en Cartagena de Indias, en 2007.
En este compilado se incluye el famoso mensaje que dio ante la Sociedad Interamericana de Prensa, reunida en Los Angeles (Estados Unidos), titulado Periodismo: el mejor oficio del mundo. Un discurso motivador para los novatos que se inician en la profesión e inspirador para los más veteranos. Es un texto que acaba de cumplir 14 años, pero que lejos de ser adolescente devela, con la sapiencia de un adulto, los mandobles del oficio.

Aprender de los loros
El libro tiene una portada caribeña y tan colorida que puede verse a la distancia. Al principio, se había representado un colibrí, pero a Gabo le dio un sobresalto de sorpresa y pidió un pájaro más latinoamericano. "Por qué no un loro -dijo-; creo que fue gracias a los loros que aprendí a hablar". Entonces, el editor, Cristóbal Pera, devolvió la portada con el colibrí para que se la regresaran con un loro, tal como quedó en la tapa definitiva.
Una obra en la que puede verse el rastro de Gabo sobre los temas que le inquietan como una comezón en el cuerpo. Allí está Botella al mar para el Dios de las palabras, que propone jubilar la ortografía para liberar a la gramática del encorsetado de su normativa. Pronunció ese discurso hace 13 años y todavía hoy, los académicos siguen debatiéndose con el idioma como un espadachín desesperado a favor y en contra de la be o de la ye.
Esta selección de textos comprende también el costado más político del autor, que critica la proliferación nuclear, advierte sobre la crisis ecológica o que promueve la despenalización de las drogas. "No es imaginable el fin del narcotráfico sin la legalización de la droga, más próspera a cada instante cuanto más prohibida", dijo en La patria armada aunque distante (Medellín, Colombia, 18 de mayo de 2003).
Otro de los memorables discursos que aparece en este libro es el recuerdo de Gabo para El argentino que se hizo querer de todos. Una suerte de relato musical sobre su amistad con Julio Cortázar. La belleza del texto se percibe en la voz del autor que decide hablar de un colega por el que siente respeto, admiración, cariño, y por supuesto -admite Gabo- grandes envidias.
Esta edición, tiene un error de calendario que aparece en la primera línea del texto (Fui a Praga por última vez en el histórico año de 1986, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar?). En realidad, en 1986, Cortázar ya había muerto. Se trata de un yerro de edición, porque la versión original se publicó en 1984, tras la muerte de Cortázar, y dice  Fui a Praga por última vez hace unos 15 años  (?). Es un equívoco que, por cierto, no es menor; sin embargo, no afecta el peso ni los quilates de una obra que ayuda a entender cuándo Gabriel García Márquez se hizo escritor, cómo siguió en el periodismo y por qué se convirtió en el colombiano más universal del boom latinoamericano. © LA GACETA

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