El dilema: liquidar o rescatar

15 Mayo 2010
Las Bolsas recorren un sube y baja por el dilema del factor que aumenta o disminuye el volumen diario de sus negocios: la liquidez, tan necesaria para que los activos a negociar puedan transarse con fluidez facilitando de esto modo la entrada y salida de los inversores. El dato real son las propuestas contrarias: Andrew W. Mellon, secretario del tesoro en los Estados Unidos en la Gran Depresión de la década 1930, indicó: "liquiden trabajo, acciones, granjeros, liquiden inmuebles; trabajaran más difícil con una vida más moral" y la deuda pública cayó de U$S 26.000 millones en 1921 a U$S 16.000 millones en 1930. Por otro lado, el expansionismo monetario para las crisis sostiene: "aumente el gasto público, inyecte liquidez, rescate y salve incluso a los que son demasiados grandes para caer". Pero usando lo que Paul O`Neill, también secretario del Tesoro en ese país, llamó "los ahorros de los plomeros" cuando a la Argentina la soltaron de la mano en 2001 y fue al default. Detrás de las pizarras -ahora velocísimos paneles cibernéticos- hay puestos de trabajo, personas, ahorros de toda una vida, y el dato real cuando se rompe el equilibrio -como en los últimos tembladerales- es recomponer la relación entre la moneda que circula y la cantidad de bienes para las transacciones. Los sistemas financieros y bursátiles recurren a una de las dos proposiciones citadas que marcan sus propias diferencias: en la primera el costo lo pagan los responsables de hoy; en la segunda, se transfiere el problema al futuro, cuando también habrá que honrarlo. En los mercados siempre se van a transferir los riesgos y el interrogante es de dónde saldrá semejante cantidad moneda para tranquilizar a todos, lo que siempre fue muy difícil de conformar.

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