02 Febrero 2010 Seguir en 
"Es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra". Además de las polémicas científicas y políticas, esta frase de Cristina Fernández de Kirchner abrió el debate en otro flanco: los especialistas coinciden en que la Presidenta está adoptando un nuevo estilo comunicacional para mejorar su imagen personal. Lo cierto es que el inicio del año laboral es una oportunidad para replantear el modo de comunicarse con el fin de recuperar aprecio, respeto y autoridad en la empresa.
Una condición excluyente para lograr eficacia es cuidar la sutileza. "Cuando las modificaciones son tan grandes que parecen impostadas, automáticamente se activan mecanismos de defensa y la gente puede pensar que se está sobreactuando o, peor aún, que se intenta manipularlos", afirma Andrés Battig, director del programa Executive en Comunicaciones Integradas de la Fundación del Tucumán, quien brinda algunos consejos:
1.El diagnóstico: antes de poner en marcha un proceso de cambio, debemos saber por qué hacerlo. Así, lo primero es identificar qué cosas y por qué desagradan. Lo mejor es indagarlo indirecta e informalmente.
2. Las palabras: no olvide saludar a la gente por su nombre y repetirlo a lo largo de la conversación; ya que de este modo se enfatiza la cercanía del vínculo, para dejar en claro que no se está hablando con un desconocido ni con un robot. Y, aunque parezca obvio, hay que aplicar siempre las dos reglas básicas de la cortesía: a cada solicitud un "por favor"; y a cada cierre o despedida un "gracias".
3. Los gestos: intente ser consciente y evitar los tics nerviosos, como comerse las uñas o mover incesantemente las piernas. Transmiten falta de confianza y distraen al interlocutor. Asimismo, controle las "posturas defensivas", tales como sentarse con el cuerpo demasiado inclinado hacia atrás o mantener cruzados los brazos y las piernas de modo exagerado o por un largo período. También, procure saludar con un apretón de manos correcto y una siempre efectiva sonrisa.
4. Las actitudes: se dice que la primera imagen es la que cuenta. Este saber popular enseña que el lunes que marca la vuelta al trabajo es una oportunidad para causar una buena impresión.
5. La vestimenta: una buena manera de distender el ambiente laboral es ser lo más flexible posible con la vestimenta, siempre teniendo en cuenta los límites que impongan la imagen empresarial y los roles de cada persona. Cada vez son más habituales tendencias del tipo del casual friday; es decir, un día a la semana -normalmente los viernes, de allí su nombre- está permitido dejar en casa el traje y la corbata…
6. El lugar: también la oficina comunica y condiciona la imagen personal. Por ejemplo, el orden del escritorio (¿hay algún libro o sólo expedientes laborales atrasados de hace meses? ¿hay fotos familiares?) o el hecho de mantener la puerta abierta (quizás haya momentos en los que no se justifique el hermetismo). Por otra parte, antes de convocar a una reunión o entrevista, hay que analizar dónde conviene realizarla. Tal vez sea una buena opción la sala de reuniones ("territorio neutral") o la oficina del colaborador. Así, se evita causar la desagradable impresión de no querer moverse de la "sala de mando", lo cual remarca las diferencias jerárquicas y de poder.
7. La tecnología: no sustituir la conversación personal por el e-mail cuando el tema sea algo sensible o complejo (críticas al desempeño, cuestiones de remuneración, delegación de tareas). Para darle su uso justo y necesario, vale recordar una simple pero valiosa regla que lleva el nombre de un grupo de rock: KISS (Keep It Short and Simple: "hazlo corto y sencillo").
8. Las reuniones: ¿últimamente en las reuniones de equipo se habla más del pasado -errores, culpables- que del futuro -cómo mejorar, que más hacer-? Si es así, quizás haga falta dividir formalmente en reuniones de evaluación, y otras de discusión y planificación. Y quizás también haga falta reforzar el proceso creativo con un sistema del tipo "buzón de sugerencias".
9. La comunicación relacional: como complemento de lo anterior, también merecen su espacio las incorporaciones, los ascensos, el logro de objetivos grupales, y los cumpleaños y nacimientos. Quizás justifiquen una carta personal a la persona agasajada, un e-mail grupal y/o un aviso en el tablón de anuncios, y una breve celebración durante un descanso en el trabajo o un cocktail (más distendido) al finalizar la jornada.
Una condición excluyente para lograr eficacia es cuidar la sutileza. "Cuando las modificaciones son tan grandes que parecen impostadas, automáticamente se activan mecanismos de defensa y la gente puede pensar que se está sobreactuando o, peor aún, que se intenta manipularlos", afirma Andrés Battig, director del programa Executive en Comunicaciones Integradas de la Fundación del Tucumán, quien brinda algunos consejos:
1.El diagnóstico: antes de poner en marcha un proceso de cambio, debemos saber por qué hacerlo. Así, lo primero es identificar qué cosas y por qué desagradan. Lo mejor es indagarlo indirecta e informalmente.
2. Las palabras: no olvide saludar a la gente por su nombre y repetirlo a lo largo de la conversación; ya que de este modo se enfatiza la cercanía del vínculo, para dejar en claro que no se está hablando con un desconocido ni con un robot. Y, aunque parezca obvio, hay que aplicar siempre las dos reglas básicas de la cortesía: a cada solicitud un "por favor"; y a cada cierre o despedida un "gracias".
3. Los gestos: intente ser consciente y evitar los tics nerviosos, como comerse las uñas o mover incesantemente las piernas. Transmiten falta de confianza y distraen al interlocutor. Asimismo, controle las "posturas defensivas", tales como sentarse con el cuerpo demasiado inclinado hacia atrás o mantener cruzados los brazos y las piernas de modo exagerado o por un largo período. También, procure saludar con un apretón de manos correcto y una siempre efectiva sonrisa.
4. Las actitudes: se dice que la primera imagen es la que cuenta. Este saber popular enseña que el lunes que marca la vuelta al trabajo es una oportunidad para causar una buena impresión.
5. La vestimenta: una buena manera de distender el ambiente laboral es ser lo más flexible posible con la vestimenta, siempre teniendo en cuenta los límites que impongan la imagen empresarial y los roles de cada persona. Cada vez son más habituales tendencias del tipo del casual friday; es decir, un día a la semana -normalmente los viernes, de allí su nombre- está permitido dejar en casa el traje y la corbata…
6. El lugar: también la oficina comunica y condiciona la imagen personal. Por ejemplo, el orden del escritorio (¿hay algún libro o sólo expedientes laborales atrasados de hace meses? ¿hay fotos familiares?) o el hecho de mantener la puerta abierta (quizás haya momentos en los que no se justifique el hermetismo). Por otra parte, antes de convocar a una reunión o entrevista, hay que analizar dónde conviene realizarla. Tal vez sea una buena opción la sala de reuniones ("territorio neutral") o la oficina del colaborador. Así, se evita causar la desagradable impresión de no querer moverse de la "sala de mando", lo cual remarca las diferencias jerárquicas y de poder.
7. La tecnología: no sustituir la conversación personal por el e-mail cuando el tema sea algo sensible o complejo (críticas al desempeño, cuestiones de remuneración, delegación de tareas). Para darle su uso justo y necesario, vale recordar una simple pero valiosa regla que lleva el nombre de un grupo de rock: KISS (Keep It Short and Simple: "hazlo corto y sencillo").
8. Las reuniones: ¿últimamente en las reuniones de equipo se habla más del pasado -errores, culpables- que del futuro -cómo mejorar, que más hacer-? Si es así, quizás haga falta dividir formalmente en reuniones de evaluación, y otras de discusión y planificación. Y quizás también haga falta reforzar el proceso creativo con un sistema del tipo "buzón de sugerencias".
9. La comunicación relacional: como complemento de lo anterior, también merecen su espacio las incorporaciones, los ascensos, el logro de objetivos grupales, y los cumpleaños y nacimientos. Quizás justifiquen una carta personal a la persona agasajada, un e-mail grupal y/o un aviso en el tablón de anuncios, y una breve celebración durante un descanso en el trabajo o un cocktail (más distendido) al finalizar la jornada.
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