El clima cambia y no sólo por consecuencia de la naturaleza, sino también por la decisión de las personas. Todo el mundo esperaba que la Argentina tenga un primer trimestre a todo vapor, en el que la economía aprovechara el buen clima internacional, sin nubarrones a la vista. Aún más, otra buena noticia aclaraba el panorama: el avance en el canje de deudas.
Es lamentable que eso se haya salido de sus cauces. Mucho más que la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, hable hoy de default en una Argentina que preveía ampliar la capacidad de pago. La constitución del Fondo del Centenario, con las reservas del Banco Central, no determinan una mayor o menor probabilidad de cesación de pago. El gran problema no es la creación de ese fondo, sino la forma en la que se lo presentó. Estoy convencido que si se hubiera presentado esa idea al Congreso, otro hubiese sido su destino.
Pasó el tiempo y transcurrieron los planteos judiciales contra el uso de las reservas internacionales del Banco Central que ahora están expuestas a los embargos solicitados por los holdouts. El juez que los dispuso, Thomas Griesa, se está equivocando al avanzar con la medida. El decreto de necesidad y urgencia que creó al Fondo del Bicentenario no está vigente y, si lo estuviera, tampoco sería operativo porque una jueza de feria lo suspendió. Nada ha cambiado respecto del escenario de hace un mes.
El escándalo institucional ha levantado la temperatura de la economía. Y esto que pasa con el Central es similar a lo que sucedió con la crisis del campo, de 2008. En aquel momento también los mercados jugaban en favor del país. Dado los hechos, no hemos aprendido nada acerca de vivir con conflictos. La solución, dentro del marco institucional, está lejos porque no hay voluntad del Gobierno. Y, además, la mayoría de los opositores están dispuestos a hallar aquella solución sin hacerle pagar al oficialismo el mayor costo político, en términos institucionales.
Hoy la economía transita sin grandes contratiempos. El problema será para más adelante porque esto no es sustentable en el tiempo. El alto grado de conflictividad política es un mal precedente para los inversores. Insisto que las consecuencias de esta crisis no serán del corto plazo, sino del mediano, que en términos argentinos es a mitad de año. Y lo percibiremos con variaciones del tipo de cambio y una mayor aceleración inflacionaria.
14 Enero 2010 Seguir en 









