Argentina en positivo

El superávit comercial no siempre es una buena señal. Con las cuentas en orden y la inflación controlada, Cristina podrá gritar: ¡qué lindo que es dar buenas noticias!. Por Marcelo Batiz, columnista de DYN.

29 Noviembre 2009
BUENOS AIRES.- Hace ya más de una década, el ex presidente Carlos Saúl Menem intentaba ser gracioso en una de sus tantas avanzadas contra la prensa y contó en sus habituales conversaciones con Bernardo Neustadt: "si yo un día logro caminar sobre las aguas, los diarios van a titular ’Menem no sabe nadar’". La dudosa humorada fue celebrada por el entrevistador, que por entonces ya había transformado en reiterado su lamento debido a que los diarios le daban más importancia a los aviones que se caían que a aquellos que aterrizaban sin problemas.
Quizás ninguno de los dos hubiera podido prever por entonces que el chiste iba a ser relanzado años después por la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y habrá que cruzar los dedos para que nadie vuelva a incurrir en la originalidad de repetirlo dentro de 10 años. Pero no hay que esperar tanto para toparse con quienes se empeñan en mostrar en contra de todas las evidencias que los aviones no se caen.
No es un vicio privativo de la actual administración. Por el contrario, todos los gobiernos habidos y por haber en el mundo se esmeran por mostrar el lado positivo de las cosas y no hay más que recorrer la historia reciente de la Argentina para comprobarlo. Pero pocas veces, al menos en lo que a economía se refiere, se había llegado tan lejos como en los últimos días.
Por ejemplo, en la presentación del resultado del sector público base caja de octubre. Se mencionó un superávit primario de $ 702,2 millones sin añadir el detalle que la caída interanual fue de un 73,1%.
"El superávit primario acumulado en el período enero-octubre ascendió a $ 9.398,5 millones", remata el comunicado gubernamental, que nada dice acerca de la evolución del resultado financiero, deficitario en el mismo lapso en $ 6.574 millones.
La diferencia de $ 15.972,5 millones entre considerar o no los pagos de intereses de la deuda parecen no merecer una mención en el comunicado oficial.
El mismo optimismo se mostró para presentar una nueva retracción del intercambio comercial, con caídas de un 21% en las exportaciones y de un 29% en las importaciones.
En octubre de 2009 la balanza comercial marcó un superávit de U$S 1.182 millones, cifra que representó un aumento de un 16% con respecto al mismo período del año anterior, fue el encabezado del comunicado oficial difundido por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
Un mes menos malo
Octubre no fue una excepción en la tendencia en el comercio exterior. Por el contrario, podría decirse que fue uno de los meses menos malos si se tiene en cuenta que en algunos el retroceso interanual superó un 40% y que el acumulado en los primeros 10 meses del año muestra un descenso de un 25% en las exportaciones y de un 37% en las importaciones.
Que la caída en las adquisiciones sea mayor no debe llamar a engaño. No se trata de un supuesto proceso de sustitución de importaciones sino de uno de los síntomas inevitables de la recesión. Un repaso de la serie histórica quizás sea suficiente para convencer a algunos de que el aumento del superávit comercial no siempre es una buena señal. Qué mejor ejemplo que identificar al año en que se produjo el mayor saldo favorable: nada menos que 2002, en el que también se dio -y no por simple coincidencia- la mayor contracción de la actividad económica desde que se cuentan con registros estadísticos. Ese fatídico período de brutal caída del poder adquisitivo de la población se reflejó en una consecuente reducción de las importaciones, de tal manera que sin que las exportaciones mostraran mucho dinamismo (por el contrario, cayeron un 3,4%), el superávit comercial creció nada menos que el 167,7%. La razón de esa suba, como en la actualidad, se encuentra en la reducción de las importaciones como consecuencia de la recesión.
Una recesión que, a tono con los pedidos de no dar malas noticias, solamente queda reservada a los informes de instituciones privadas. Ya bastante fue para el desbordante optimismo oficial que el Indec admitiera algunos meses con caídas en la actividad industrial y económica, aunque en magnitudes notoriamente inferiores a las que dan a conocer otras entidades.
En eso, el organismo responsable de las estadísticas oficiales ya viene haciendo punta desde enero de 2007, cuando se dispuso el inicio de la manipulación de los índices de precios al consumidor. Graciela Bevacqua, por entonces encargada de ese indicador, sigue en la actualidad dedicada a la medición de la inflación, aunque no desde el Indec sino desde Buenos Aires City. En los 34 meses transcurridos, el instituto dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA reportó una inflación acumulada del 72,1%. Desde el Gobierno no podrían estar más agradecidos con el optimismo del Indec, que para el mismo lapso midió un IPC de un 23,1%. En este caso, el optimismo oficial está a buen resguardo. Las presentaciones sesgadas de los resultados fiscales o de comercio exterior son, en definitiva, detectables con un poco de esfuerzo y empeño en revisar las propias hojas de cálculo oficiales. Así, la visión edulcorada del encabezamiento de las gacetillas pueden contrastarse con los números de las planillas anexas, si se tiene la paciencia de remitirse a la octava columna del concepto XVI del sector público base caja, o de desmenuzar las 17 páginas del informe de prensa sobre el Intercambio Comercial Argentino.
En el caso de la inflación, esos recursos no existen: los 49 puntos porcentuales de diferencia entre el IPC oficial y el de BAC (o cualquiera de las mediciones extraoficiales que surgieron en los últimos dos años) no están disimulados en el rincón de ninguna planilla oficial. Orwellianamente, fueron suprimidos de los registros oficiales.
Y ya que la Presidenta no tuvo problemas en valerse de una frase de Menem, también tiene a mano la ocurrencia de otro de sus predecesores: con las cuentas en orden, el superávit comercial en crecimiento y la inflación controlada, podrá exclamar: ¡qué lindo que es dar buenas noticias!

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