15 Noviembre 2009 Seguir en 
Luego de seis años de fuerte recuperación y crecimiento del intercambio comercial argentino, en 2009 se está frente a una importante contracción, especialmente de las importaciones. Y este comportamiento es acentuado en el intercambio con Brasil, dado que las importaciones cayeron un 40% desde ese origen en los primeros nueve meses. A su vez, el déficit que en los primeros nueve meses de 2008 ascendía a más de U$S 3.800 millones, mientras en 2009 sólo suma U$S 367 millones, es decir, menos de una décima parte. Indudablemente, en parte de esta caída hay responsabilidad de las medidas defensivas implementadas por la Argentina, tales como licencias no automáticas, medidas antidumping, valores criterio, entre otras. A través de estas herramientas muchas veces de fijaron obstáculos para la llegada de productos pertenecientes a sectores sensibles de la industria, tanto argentina como brasileña. En lo que va de 2009, las importaciones argentinas desde Brasil en productos afectados por licencias no automáticas cayeron un 52%, y desde China lo hicieron un 39%, de allí que las autoridades brasileñas alerten sobre la ocurrencia de desvíos de comercio.
Las represalias de Brasil
Recientemente, los exportadores argentinos, al intentar ingresar en el mercado brasileño, se encontraron con que había sido suspendido el carácter automático de las licencias para determinados productos, muchos de ellos perecederos, que pone en riesgo además las exportaciones de sectores significativos de la industria nacional, tales como las autopartes.
Si bien Brasil en un primer momento no lo reconoció, posteriormente trascendió que esta iniciativa se trataba de una suerte represalia frente a las medidas de restricción implementadas por la Argentina. Hay que tener en cuenta que hasta el momento Brasil sólo decidió demorar las exportaciones argentinas en productos puntuales, cuya cantidad estaría en torno a 35, pero el riesgo potencial es muy alto, considerando que Brasil tiene, a diferencia de la Argentina, la posibilidad de exigir certificaciones especiales a más de la mitad de lo que la Argentina le exporta.
En este punto, más allá de las argumentaciones, y los alegatos a favor o en contra, la realidad indica que parece haberse agotado la política de "paciencia estratégica" que Brasil venía implementando para con la Argentina, y por la cual toleraba la imposición de medidas defensivas, aceptando que la Argentina necesitaba iniciativas para compensar las asimetrías de competitividad entre las industrias de ambos países.
Sin embargo, pese a que hoy la paridad cambiaria está en uno de los niveles más favorables para la Argentina que se recuerde, que las licencias no son permitidas en el Mercosur y que las medidas son inconsultas, la Argentina sigue incrementando la cantidad de sectores y productos con restricciones, lo que parece haber excedido la paciencia del Gobierno brasileño. Justo en un momento en el que está ingresando en terreno preelectoral, y está presionado por la oposición y los sectores industriales que exigen menor tolerancia con la Argentina.
El miércoles se hará la reunión bilateral de presidentes, quienes se espera que puedan encontrar la clave para comenzar a desentrañar esta complicada madeja, que sólo puede ser tratada a alto nivel, ya que de allí partieron las decisiones que condujeron a esta situación. Parece claro que la Argentina deberá enviar una señal contundente si es que pretende renovar la buena voluntad y confianza de Brasil. De esta disputa comercial la Argentina tiene mucho más para perder, ya que hoy Brasil tiene un peso significativo propio en el mundo y necesita mucho menos de la Argentina para posicionarse, pero esta no puede prescindir del creciente mercado brasileño.
Más allá de todo, lo negativo es que la agenda bilateral está concentrada hoy en los temas coyunturales de restricción del comercio, mientras permanecen ausentes los temas estratégicos que podrían allanar el camino a una mayor integración. Los empresarios y el Gobierno argentino deberían estar buscando los caminos para lograr una mayor inserción comercial en el mercado brasileño, y generar las condiciones para una mayor integración productiva en sectores estratégicos con intereses comunes. Sin embargo, la Argentina ha adoptado una posición defensiva frente a Brasil, que provocó una nueva escalada de la conflictividad comercial
La oportunidad para tener, junto con Brasil, un lugar entre las naciones con crecimiento sostenido y avance genuino en cuanto a desarrollo, pasa entonces por definir una estrategia enfocada en intereses comunes, que posibilitaría a las exportaciones argentinas recuperar el posicionamiento en un mercado de gran potencial como el brasileño. Y tal estrategia no puede dejar de contemplar el avance en los temas de facilitación del comercio, especialmente en lo referido a compras gubernamentales, que permitiría a las empresas argentinas participar en las licitaciones del Gobierno brasileño en un pie de igualdad con empresas locales.
Para la Argentina, así como para toda la región, el crecimiento y el paso firme de Brasil en las distintas facetas de su desarrollo, es un motivo de entusiasmo desde el punto de vista de la integración y el aprovechamiento económico. Ahora, lo urgente y excluyente para alcanzar los beneficios pasa por desempolvar la creatividad para identificar áreas de complementación productiva y desarrollo conjunto, y bajar el tono a las disputas comerciales de tipo coyuntural, que impiden dar cabida en la agenda a los temas estructurales y amenazan con debilitar una alianza estratégica en el momento en que más se la necesita. (Especial para LA GACETA)
Las represalias de Brasil
Recientemente, los exportadores argentinos, al intentar ingresar en el mercado brasileño, se encontraron con que había sido suspendido el carácter automático de las licencias para determinados productos, muchos de ellos perecederos, que pone en riesgo además las exportaciones de sectores significativos de la industria nacional, tales como las autopartes.
Si bien Brasil en un primer momento no lo reconoció, posteriormente trascendió que esta iniciativa se trataba de una suerte represalia frente a las medidas de restricción implementadas por la Argentina. Hay que tener en cuenta que hasta el momento Brasil sólo decidió demorar las exportaciones argentinas en productos puntuales, cuya cantidad estaría en torno a 35, pero el riesgo potencial es muy alto, considerando que Brasil tiene, a diferencia de la Argentina, la posibilidad de exigir certificaciones especiales a más de la mitad de lo que la Argentina le exporta.
En este punto, más allá de las argumentaciones, y los alegatos a favor o en contra, la realidad indica que parece haberse agotado la política de "paciencia estratégica" que Brasil venía implementando para con la Argentina, y por la cual toleraba la imposición de medidas defensivas, aceptando que la Argentina necesitaba iniciativas para compensar las asimetrías de competitividad entre las industrias de ambos países.
Sin embargo, pese a que hoy la paridad cambiaria está en uno de los niveles más favorables para la Argentina que se recuerde, que las licencias no son permitidas en el Mercosur y que las medidas son inconsultas, la Argentina sigue incrementando la cantidad de sectores y productos con restricciones, lo que parece haber excedido la paciencia del Gobierno brasileño. Justo en un momento en el que está ingresando en terreno preelectoral, y está presionado por la oposición y los sectores industriales que exigen menor tolerancia con la Argentina.
El miércoles se hará la reunión bilateral de presidentes, quienes se espera que puedan encontrar la clave para comenzar a desentrañar esta complicada madeja, que sólo puede ser tratada a alto nivel, ya que de allí partieron las decisiones que condujeron a esta situación. Parece claro que la Argentina deberá enviar una señal contundente si es que pretende renovar la buena voluntad y confianza de Brasil. De esta disputa comercial la Argentina tiene mucho más para perder, ya que hoy Brasil tiene un peso significativo propio en el mundo y necesita mucho menos de la Argentina para posicionarse, pero esta no puede prescindir del creciente mercado brasileño.
Más allá de todo, lo negativo es que la agenda bilateral está concentrada hoy en los temas coyunturales de restricción del comercio, mientras permanecen ausentes los temas estratégicos que podrían allanar el camino a una mayor integración. Los empresarios y el Gobierno argentino deberían estar buscando los caminos para lograr una mayor inserción comercial en el mercado brasileño, y generar las condiciones para una mayor integración productiva en sectores estratégicos con intereses comunes. Sin embargo, la Argentina ha adoptado una posición defensiva frente a Brasil, que provocó una nueva escalada de la conflictividad comercial
La oportunidad para tener, junto con Brasil, un lugar entre las naciones con crecimiento sostenido y avance genuino en cuanto a desarrollo, pasa entonces por definir una estrategia enfocada en intereses comunes, que posibilitaría a las exportaciones argentinas recuperar el posicionamiento en un mercado de gran potencial como el brasileño. Y tal estrategia no puede dejar de contemplar el avance en los temas de facilitación del comercio, especialmente en lo referido a compras gubernamentales, que permitiría a las empresas argentinas participar en las licitaciones del Gobierno brasileño en un pie de igualdad con empresas locales.
Para la Argentina, así como para toda la región, el crecimiento y el paso firme de Brasil en las distintas facetas de su desarrollo, es un motivo de entusiasmo desde el punto de vista de la integración y el aprovechamiento económico. Ahora, lo urgente y excluyente para alcanzar los beneficios pasa por desempolvar la creatividad para identificar áreas de complementación productiva y desarrollo conjunto, y bajar el tono a las disputas comerciales de tipo coyuntural, que impiden dar cabida en la agenda a los temas estructurales y amenazan con debilitar una alianza estratégica en el momento en que más se la necesita. (Especial para LA GACETA)







