Comprometerse con el proyecto tiene sus réditos
Además de los premios para los leales, las empresas deben buscar estrategias para mejorar la conducta del personal de bajo rendimiento. Mejorar el desempeño es un objetivo que no todo el personal está dispuesto a alcanzar. Claves para vencer el desgano y el hábito de la mediocridad. Las actitudes.
25 Agosto 2009 Seguir en 
Las empresas exigen más habilidades a sus empleados. Saben que con eso pueden obtener los mejores réditos. A su vez, los trabajadores tienen la responsabilidad generar empleabilidad (conseguir y conservar el puesto). En ese terreno se desenvuelven las relaciones laborales. Sin embargo, muchas veces las responsabilidades recaen en algunos, mientras que otros empleados van creando una condición de desgano, que luego se convierte en hábito y, en definitiva, bajo desempeño laboral.
Muchos expertos señalan que la actitud de la gente hacia el trabajo se ha modificado radicalmente. Algunos afirman que a las nuevas generaciones les interesa más el tiempo que pasan fuera del trabajo que lo que le interesaba a la generación de sus padres o de sus abuelos. Tienen otro tipo de valores: disfrutar de más tiempo para la recreación, la familia y para actividades sociales. Otro cambio importante es que los trabajos no son más de por vida y tampoco los trabajadores ofrecen lealtad incondicional. Se ha instalado en la conciencia colectiva lo que los teóricos llaman, una suerte de "lealtad secuencial", algo transitorio, dice a LA GACETA José María Blunda, especialista en Gestión y Desarrollo de Recursos Humanos (www.joseblunda.com.ar).
Esa lealtad, según el experto, se basa en una relación quid pro quo (una cosa a cambio de la otra): la lealtad con el proyecto se mantendrá, sólo si demuestra ser de provecho para ambas partes. "Entender esta nueva realidad, es una necesidad tanto para organizaciones que quieran crecer como para las personas que quieran conservar su empleabilidad y mejorar sus desempeños", sostiene Blunda. La aceptación de esta nueva realidad por parte de las empresas significa en los hechos que puedan instalar planes de acción orientados a:
Cuidar el clima de trabajo, con el fin de que el empleado se sienta motivado y entusiasmado.
Capacitar al personal para mejorar sus competencias; como expresa el gurú del Management, Tom Peters, "contrate en base a la actitud; capacite para mejorar la habilidad de las personas".
Pensar en sistemas de beneficios que premien y reconozcan a los empleados sobresalientes.
Tener una política salarial acorde al contexto y a las exigencias de cada puesto.
Revisar el estilo de liderazgo y conducción del personal, para adecuarlo a los tiempos actuales; el jefe no sólo debe controlar y mandar; también debe construir confianza, motivación y buenas relaciones interpersonales.
La contrapartida
En esta nueva realidad, también las personas necesitan hacerse cargo de lo que el mundo de las organizaciones les demanda:
Buscar el mejor desempeño. Competitividad y mayores exigencias del mercado. "Es necesario que como recursos humanos permitamos que se exprese lo mejor de cada uno", acota Blunda. Por eso, hay que observar a diario a empleados que están rindiendo por debajo de su potencial, por diferentes motivos. "Esto es peligroso e implica un juego donde todos pierden, sobretodo el empleado que empieza a padecer la pérdida de interés en su trabajo con el peligro que eso implica para su salud y estabilidad laboral. Todos reconocemos la necesidad de capacitarnos para ejecutar mejor lo que uno hace", sugiere el experto.
Tener siempre presente que la motivación no sólo depende de lo que hace el empleador, sino también de como cada uno se relaciona con su trabajo. Es necesario aceptar que el trabajo implica al menos el 30% de nuestros días/vida, por lo que tenemos que buscar en él un ámbito que nos permita sentirnos bien. Nuestro rendimiento es de mayor calidad cuando deseamos trabajar que cuando debemos hacerlo sólo por obligación.
Vivir el empleo como la propia empresa. Esto implica ver qué necesita el empleador, qué demanda el cliente o cuales son las expectativas del jefe. En el nuevo contexto, la calidad del aporte no la determino sólo el empleado. "Así como una empresa perdura y crece si su cliente sigue comprando, como empleado estamos sujetos a la misma lógica", dice Blunda.
Estar dispuestos a reinventar el puesto, si es necesario. Los oficios y profesiones están cambiando. Sólo basta con reflexionar sobre la ocupación de cada uno para darse cuenta que es muy diferente a como era sólo hace cinco años. Nuevas tecnologías o cambios de enfoque incitan a mirar la ocupación desde una óptica y disposición a la flexibilidad y el cambio.
"Si organizaciones y personas entendemos y aceptamos esta nueva realidad, podremos hacer del trabajo un ámbito para la realización y satisfacción personal", indica Blunda.
Muchos expertos señalan que la actitud de la gente hacia el trabajo se ha modificado radicalmente. Algunos afirman que a las nuevas generaciones les interesa más el tiempo que pasan fuera del trabajo que lo que le interesaba a la generación de sus padres o de sus abuelos. Tienen otro tipo de valores: disfrutar de más tiempo para la recreación, la familia y para actividades sociales. Otro cambio importante es que los trabajos no son más de por vida y tampoco los trabajadores ofrecen lealtad incondicional. Se ha instalado en la conciencia colectiva lo que los teóricos llaman, una suerte de "lealtad secuencial", algo transitorio, dice a LA GACETA José María Blunda, especialista en Gestión y Desarrollo de Recursos Humanos (www.joseblunda.com.ar).
Esa lealtad, según el experto, se basa en una relación quid pro quo (una cosa a cambio de la otra): la lealtad con el proyecto se mantendrá, sólo si demuestra ser de provecho para ambas partes. "Entender esta nueva realidad, es una necesidad tanto para organizaciones que quieran crecer como para las personas que quieran conservar su empleabilidad y mejorar sus desempeños", sostiene Blunda. La aceptación de esta nueva realidad por parte de las empresas significa en los hechos que puedan instalar planes de acción orientados a:
Cuidar el clima de trabajo, con el fin de que el empleado se sienta motivado y entusiasmado.
Capacitar al personal para mejorar sus competencias; como expresa el gurú del Management, Tom Peters, "contrate en base a la actitud; capacite para mejorar la habilidad de las personas".
Pensar en sistemas de beneficios que premien y reconozcan a los empleados sobresalientes.
Tener una política salarial acorde al contexto y a las exigencias de cada puesto.
Revisar el estilo de liderazgo y conducción del personal, para adecuarlo a los tiempos actuales; el jefe no sólo debe controlar y mandar; también debe construir confianza, motivación y buenas relaciones interpersonales.
La contrapartida
En esta nueva realidad, también las personas necesitan hacerse cargo de lo que el mundo de las organizaciones les demanda:
Buscar el mejor desempeño. Competitividad y mayores exigencias del mercado. "Es necesario que como recursos humanos permitamos que se exprese lo mejor de cada uno", acota Blunda. Por eso, hay que observar a diario a empleados que están rindiendo por debajo de su potencial, por diferentes motivos. "Esto es peligroso e implica un juego donde todos pierden, sobretodo el empleado que empieza a padecer la pérdida de interés en su trabajo con el peligro que eso implica para su salud y estabilidad laboral. Todos reconocemos la necesidad de capacitarnos para ejecutar mejor lo que uno hace", sugiere el experto.
Tener siempre presente que la motivación no sólo depende de lo que hace el empleador, sino también de como cada uno se relaciona con su trabajo. Es necesario aceptar que el trabajo implica al menos el 30% de nuestros días/vida, por lo que tenemos que buscar en él un ámbito que nos permita sentirnos bien. Nuestro rendimiento es de mayor calidad cuando deseamos trabajar que cuando debemos hacerlo sólo por obligación.
Vivir el empleo como la propia empresa. Esto implica ver qué necesita el empleador, qué demanda el cliente o cuales son las expectativas del jefe. En el nuevo contexto, la calidad del aporte no la determino sólo el empleado. "Así como una empresa perdura y crece si su cliente sigue comprando, como empleado estamos sujetos a la misma lógica", dice Blunda.
Estar dispuestos a reinventar el puesto, si es necesario. Los oficios y profesiones están cambiando. Sólo basta con reflexionar sobre la ocupación de cada uno para darse cuenta que es muy diferente a como era sólo hace cinco años. Nuevas tecnologías o cambios de enfoque incitan a mirar la ocupación desde una óptica y disposición a la flexibilidad y el cambio.
"Si organizaciones y personas entendemos y aceptamos esta nueva realidad, podremos hacer del trabajo un ámbito para la realización y satisfacción personal", indica Blunda.







