La economía está cada vez más dolarizada
Según el Centro de Economía Regional y Experimental, la política monetaria de la Argentina está evidenciando los signos del estrés posconvertibilidad. La dolarización de los depósitos está en ascenso y no se frena la fuga de capitales. Se proyecta un 2010 con un tipo de cambio en alza por la necesidad del Banco Central de preservar reservas y generar más utilidades.
23 Agosto 2009 Seguir en 
La política monetaria muestra sus primeras señales de estrés posconvertibilidad. La incapacidad de generar confianza del Gobierno sigue reduciendo la demanda de dinero. En lo que va de 2009 la dolarización de depósitos subió 6,6 puntos porcentuales y 21% de las colocaciones privadas ya están en esa moneda. La fuga de capitales sigue en niveles preocupantes.
En seis meses se fueron U$S 11.195 millones, a razón de U$S 90 millones por día, que serán U$S 20.500 millones en 2009. Por ahora, el Gobierno usa las licencias no automáticas a las importaciones para regular la liquidez. Entre enero y junio se ahorró reservas por U$S 612 millones con esa vía. Pero los beneficios de la sustitución no aparecen. El consumo no repunta y el crédito en vez de ir a la producción, se dirige al Banco Central (BCRA) para amortiguar la fuga de capitales. La incapacidad del Gobierno para generar confianza está debilitando los indicadores monetarios. En los primeros siete meses la demanda de dinero profundizó su caída, aumentó la dolarización de la economía y la fuga de capitales mostró un drenaje de casi US$ 500 millones semanales. Ese diagnóstico surge de un trabajo realizado por el Centro de Economía Regional y Experimental (CERX), dirigido por la doctora en Economía, Victoria Giarrizzo.
Primer escenario
Según el centro, el problema de liquidez se evidencia en la incertidumbre y la desconfianza sobre la salud de la economía por parte del público que reduce su demanda de dinero. En otras palabras, los pesos son cada vez menos queridos y la dolarización de carteras se aceleró este año. Aunque la situación macro de la economía está lejos del escenario de 2001, el CERX sostiene que la preocupación del público se mantiene: "el 63% de los ahorristas cree que es posible un nuevo default y corralito en la Argentina. Eso explica, en parte, la fuga de divisas".
Mientras se mantengan las condiciones políticas y económicas actuales y el Gobierno continúe dando señales equivocadas, no hay motivos para que la fuga de divisas se detenga, indica el estudio. La menor presión que se observa por estos días en el mercado de cambios obedece, en el caso minorista, a los menores movimientos de la divisa que reducen la histeria cambiaria y al menor nivel de ahorro, que disminuye el dinero disponible para comprar dólares. En el caso mayorista, hay distracciones pasajeras en otras alternativas de inversión (bonos en dólares), pero nada indica que por ahora haya un cambio de perspectivas.
Mientras Brasil atrae capitales, la Argentina se convirtió en un exportador neto de divisas generando problemas importantes de liquidez en el mercado interno. La fuga de capitales está derivando en una política de contracción monetaria y crediticia donde el Banco Central se ve obligado a mantener el equilibrio monetario generando costos sobre la economía real.
Segundo escenario
El Central fluctúa entre el equilibrio monetario y la convalidación de la recesión. Según el CERX, mientras el mundo aplica políticas monetarias expansivas para enfrentar los efectos que generó la crisis sobre la economía real, la Argentina aplica políticas contractivas obligada por la desconfianza que prevalece sobre la moneda local. En otras palabras, los pesos que se retiran de la economía son la contrapartida de los dólares que se van. La economía siente de lleno este impacto. De todos modos, el superávit comercial de este año cubriría casi 80% de la dolarización de portafolios, neutralizando en parte la caída en reservas. De allí la obsesión oficial por frenar importaciones. Frente a la fuerte demanda de dólares y la fuga de divisas, el Gobierno encontró en las licencias no automáticas un instrumento indirecto para regular liquidez trabando importaciones. Si bien ese instrumento suele tener impacto en la economía real, vía sustitución, la falta de crédito impide a las empresas aprovecharlo. Priorizando el equilibrio monetario, el Central no encuentra la vía de inyectar el crédito de la economía real.
Tercer escenario
Desde principio de año, el Gobierno profundizó y extendió el esquema de licencias no automáticas a un conjunto de productos considerados sensibles a la importación. Si bien ese tipo de políticas suelen aplicarse para evitar el desplazamiento en el mercado local de mercadería nacional, en el caso argentino tuvo un sentido monetario: las trabas a las importaciones apuntan a minimizar la salida de divisas por la vía comercial.
Como consecuencias de esas trabas, las exportaciones de esos productos cayeron 44% en el primer semestre del año. En función de lo que sucedió con la demanda y su impacto esperado en el comercio, solo por efecto licencias, el Gobierno se ahorró pagos de importaciones por U$S 612,5 millones.
Un hecho llamativo es que la caída drástica en los ingresos de esos productos no alentó la sustitución de importaciones: la inversión local se frenó con la crisis. Según el CERX, dos factores explicarían esto: por un lado, la caída en la demanda interna fue tan potente, que la gestión de importaciones apenas sirvió para evitar una caída mayor. Por otro, muchas empresas que pudieron haber aprovechado la mayor demanda nacional, no cuentan con respaldo financiero para ampliar su producción. El crédito al sector productivo no aparece. La falta de coordinación de los bancos y el sector productivo tiene origen en la búsqueda de activos más seguros para invertir (bonos del BCRA, pases pasivos, etc.). Si no cambian las condiciones, esta dinámica es casi inevitable. El desafío, según el CERX, pasa por inducir conductas activas en el sistema financiero y crear el contexto necesario para que el crédito se dirija a la producción, la creación de valor agregado y empleo. La responsabilidad es del Gobierno y del Banco Central.
Proyección 2010
Según el Centro de Economía Regional y Experimental, hay un 85% de probabilidad de que el año próximo persista el mismo clima de incertidumbre y desconfianza que está marcando 2009. "La fuga de divisas se mantendría en niveles elevados, con una leve desaceleración propia del fin del ruido electoral. El drenaje en 2010 estará entre los U$S 16.000 millones y los U$S 17.000 millones", proyecta el centro de investigación.
La variable clave
Una variable clave será el superávit comercial. De eso dependerá el sacrificio de reservas internacionales que tendrá que hacer el Banco Central para financiar la salida de capitales. Si bien el Gobierno continuará utilizando discrecionalmente esa variable (y eso la vuelve menos predecible), estimamos un excedente comercial de US$16.500 millones que financiará la fuga de capitales", puntualiza el CERX.
En seis meses se fueron U$S 11.195 millones, a razón de U$S 90 millones por día, que serán U$S 20.500 millones en 2009. Por ahora, el Gobierno usa las licencias no automáticas a las importaciones para regular la liquidez. Entre enero y junio se ahorró reservas por U$S 612 millones con esa vía. Pero los beneficios de la sustitución no aparecen. El consumo no repunta y el crédito en vez de ir a la producción, se dirige al Banco Central (BCRA) para amortiguar la fuga de capitales. La incapacidad del Gobierno para generar confianza está debilitando los indicadores monetarios. En los primeros siete meses la demanda de dinero profundizó su caída, aumentó la dolarización de la economía y la fuga de capitales mostró un drenaje de casi US$ 500 millones semanales. Ese diagnóstico surge de un trabajo realizado por el Centro de Economía Regional y Experimental (CERX), dirigido por la doctora en Economía, Victoria Giarrizzo.
Primer escenario
Según el centro, el problema de liquidez se evidencia en la incertidumbre y la desconfianza sobre la salud de la economía por parte del público que reduce su demanda de dinero. En otras palabras, los pesos son cada vez menos queridos y la dolarización de carteras se aceleró este año. Aunque la situación macro de la economía está lejos del escenario de 2001, el CERX sostiene que la preocupación del público se mantiene: "el 63% de los ahorristas cree que es posible un nuevo default y corralito en la Argentina. Eso explica, en parte, la fuga de divisas".
Mientras se mantengan las condiciones políticas y económicas actuales y el Gobierno continúe dando señales equivocadas, no hay motivos para que la fuga de divisas se detenga, indica el estudio. La menor presión que se observa por estos días en el mercado de cambios obedece, en el caso minorista, a los menores movimientos de la divisa que reducen la histeria cambiaria y al menor nivel de ahorro, que disminuye el dinero disponible para comprar dólares. En el caso mayorista, hay distracciones pasajeras en otras alternativas de inversión (bonos en dólares), pero nada indica que por ahora haya un cambio de perspectivas.
Mientras Brasil atrae capitales, la Argentina se convirtió en un exportador neto de divisas generando problemas importantes de liquidez en el mercado interno. La fuga de capitales está derivando en una política de contracción monetaria y crediticia donde el Banco Central se ve obligado a mantener el equilibrio monetario generando costos sobre la economía real.
Segundo escenario
El Central fluctúa entre el equilibrio monetario y la convalidación de la recesión. Según el CERX, mientras el mundo aplica políticas monetarias expansivas para enfrentar los efectos que generó la crisis sobre la economía real, la Argentina aplica políticas contractivas obligada por la desconfianza que prevalece sobre la moneda local. En otras palabras, los pesos que se retiran de la economía son la contrapartida de los dólares que se van. La economía siente de lleno este impacto. De todos modos, el superávit comercial de este año cubriría casi 80% de la dolarización de portafolios, neutralizando en parte la caída en reservas. De allí la obsesión oficial por frenar importaciones. Frente a la fuerte demanda de dólares y la fuga de divisas, el Gobierno encontró en las licencias no automáticas un instrumento indirecto para regular liquidez trabando importaciones. Si bien ese instrumento suele tener impacto en la economía real, vía sustitución, la falta de crédito impide a las empresas aprovecharlo. Priorizando el equilibrio monetario, el Central no encuentra la vía de inyectar el crédito de la economía real.
Tercer escenario
Desde principio de año, el Gobierno profundizó y extendió el esquema de licencias no automáticas a un conjunto de productos considerados sensibles a la importación. Si bien ese tipo de políticas suelen aplicarse para evitar el desplazamiento en el mercado local de mercadería nacional, en el caso argentino tuvo un sentido monetario: las trabas a las importaciones apuntan a minimizar la salida de divisas por la vía comercial.
Como consecuencias de esas trabas, las exportaciones de esos productos cayeron 44% en el primer semestre del año. En función de lo que sucedió con la demanda y su impacto esperado en el comercio, solo por efecto licencias, el Gobierno se ahorró pagos de importaciones por U$S 612,5 millones.
Un hecho llamativo es que la caída drástica en los ingresos de esos productos no alentó la sustitución de importaciones: la inversión local se frenó con la crisis. Según el CERX, dos factores explicarían esto: por un lado, la caída en la demanda interna fue tan potente, que la gestión de importaciones apenas sirvió para evitar una caída mayor. Por otro, muchas empresas que pudieron haber aprovechado la mayor demanda nacional, no cuentan con respaldo financiero para ampliar su producción. El crédito al sector productivo no aparece. La falta de coordinación de los bancos y el sector productivo tiene origen en la búsqueda de activos más seguros para invertir (bonos del BCRA, pases pasivos, etc.). Si no cambian las condiciones, esta dinámica es casi inevitable. El desafío, según el CERX, pasa por inducir conductas activas en el sistema financiero y crear el contexto necesario para que el crédito se dirija a la producción, la creación de valor agregado y empleo. La responsabilidad es del Gobierno y del Banco Central.
Proyección 2010
Según el Centro de Economía Regional y Experimental, hay un 85% de probabilidad de que el año próximo persista el mismo clima de incertidumbre y desconfianza que está marcando 2009. "La fuga de divisas se mantendría en niveles elevados, con una leve desaceleración propia del fin del ruido electoral. El drenaje en 2010 estará entre los U$S 16.000 millones y los U$S 17.000 millones", proyecta el centro de investigación.
La variable clave
Una variable clave será el superávit comercial. De eso dependerá el sacrificio de reservas internacionales que tendrá que hacer el Banco Central para financiar la salida de capitales. Si bien el Gobierno continuará utilizando discrecionalmente esa variable (y eso la vuelve menos predecible), estimamos un excedente comercial de US$16.500 millones que financiará la fuga de capitales", puntualiza el CERX.







