La república perdida

La media sanción de Diputados a la prórroga de las facultades delegadas coloca al país al borde mismo de un escenario autocrático. Las mentiras del Indec. Por Miguel Angel Rouco - Columnista de DyN.

16 Agosto 2009

BUENOS AIRES.- No se trata solamente del perfil del país. Más aún, lo importante resulta conocer los objetivos y el destino del país. La Argentina se encuentra transitando en medio de un verdadero galimatías. En todos los niveles, pero en especial a la hora de definir las cuestiones más espinosas.
Se ha instalado en el país la cultura de la mentira y del fraude y se la ejerce desde los más altos niveles del poder a diestra y siniestra.
No hay nada más abominable que estas conductas que apuntan a minar las bases mismas de la sociedad.
Se miente con la inflación y se defrauda a los acreedores; se miente con la situación fiscal y se defrauda a los ciudadanos; se miente con la pobreza y se defrauda a los más necesitados; se miente con las promesas y se defraudan los contratos. Tanto se ha instalado esta cultura abyecta que se miente ante el fracaso y se lo presenta como un éxito.
El canje de deuda que pretende instrumentar el ministro de Economía, Amado Boudou, es el corolario del fracaso de la política económica y del default. Y otra vez se prometió ajustar los bonos por inflación y se mintió con los índices. Ahora, como no se puede pagar ni siquiera la deuda actualizada por indicadores mentirosos, se defrauda y se la quiere cambiar por otra deuda de menor calidad.
Se mintió con el congelamiento tarifario y se defrauda a los consumidores con un ajuste de impuestos sobre las tarifas de características confiscatorias. Por caso, cada $ 100 que se paga en la factura de luz, $ 45 corresponden a impuestos. Con el cargo de gas incluido, cada $ 100, $ 62 corresponden a gravámenes y a multas. Pero el absurdo llegó al paroxismo: le aplican IVA sobre el cargo, o sea sobre las multas, como si esta pena fuera un hecho económico, en clara violación a la ley.
Se miente a la población cargando sobre las empresas y se defrauda a los consumidores multándolos por un aumento del consumo que fue fogoneado por el propio Gobierno nacional. Se le dio a la lata y se mintió. Este es un modelo basado en el aumento del consumo, bramaba el kirchnerismo, mientras hoy descarga un brutal ajuste de tarifas. Este no va a ser el gobierno del ajuste fiscal, vociferaban desde el poder, para hoy llevar adelante un brutal apretón fiscal, al mejor estilo ortodoxo.
La media sanción de los diputados a la prórroga de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo Nacional pone de manifiesto el escaso nivel de preparación de la clase dirigente y una debilidad institucional peligrosa que coloca al país al borde mismo de un escenario autocrático.
La Cámara baja ha renunciado a su razón de ser justo cuando los legisladores se han aprobado un incremento en sus dietas llevándolas a $ 19.000 por mes. Han renunciado a la sanción de modificaciones a 1.900 leyes que necesitaban cuanto menos una actualización y en muchos casos, un nuevo texto ordenado, debido a los numerosos parches y remiendos y en otros, su derogación por falta de vigencia.
Se trata de una normativa que en muchos casos fue sancionada durante regímenes de facto y que no concuerdan ni con la época ni con los bienes jurídicos tutelados.
Pero cuando un cuerpo legislativo renuncia a sus deberes y los entrega al órgano al cual controla, está colocando a la democracia y a la república de rodillas, minando la estructura institucional y generando inseguridad jurídica.
Se acabó la fiesta, y el Gobierno nacional le carga la factura a la población. No hay plata para trenes, para autopistas, para cloacas, para agua corriente, para escuelas, para seguridad, para hospitales, para energía, para gas, para petróleo, para el campo, pero sí hay plata para el fútbol. Pan y circo.
Nada nuevo. Lo malo es la repetición. La marcha de Julio César sobre Roma, tantas veces ponderada por Mussolini y por Hitler, preanunciaba que la república romana quedaba reducida a escombros. En el senado, Cicerón intentaba impedir el avance imperial y llamaba a la resistencia: el buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretenda hacerse superior a las leyes.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios